Una de las estrofas de la canción El Vendedor de Mocedades, señala: “tú eres el que ha pasado, el que ha llegado y el que vendrá”. Para Artur C. Clarke detrás de cada hombre hay tres mil fantasmas. Estamos aquí no por generación espontánea, sino por una línea familiar ascendente- descendente en la cual intervienen otras personas quienes se conocieron y se amaron hasta procrear individuos y formar troncos familiares. Un pensamiento que recuerdo durante la infancia decía: “El secreto de tu grandeza está en la profundidad de nuestras raíces”. Nuestras vidas y relaciones familiares se representan como un gran árbol. Todos somos parte de un gran árbol, el tronco es todo lo que también podemos tocar y ver a través de la memoria de los abuelos y de los padres.

Pero la raíz está oculta bajo la tierra. No la vemos pero sabemos que el árbol está vivo gracias a ella. Yo correspondo a las hojas, mis hijos a los retoños, mis padres a las ramas, mis abuelos a un tronco. Solo vemos la copa y las partes exteriores, pero el árbol continúa y nace de una gran raíz. Nosotros somos los frutos. Las ramas y las hojas son nuestros padres y abuelos. El color verde claro son las comunidades fundadas por el pasado reciente y el color verde más oscuro son los pueblos establecidos durante generaciones más atrás. Para acceder al pasado se pretende llegar hasta la raíz que está debajo de la tierra. Corresponde a la memoria de los abuelos, bisabuelos y tatarabuelos; es el pasado al cual accedemos a través de documentos e información relevante. Las ramas y las hojas son el presente. El tronco el pasado reciente. La raíz el pasado lejano al cual se accede gracias a un método genealógico.

La genealogía es una palabra de origen griego “genos” la cual designa una raza, nacimiento y la descendencia. Es el estudio y seguimiento de la ascendencia y descendencia de una persona o familia. También se usa por extensión al documento que registra dicho estudio, generalmente expresado en un esquema en forma de árbol genealógico. La genealogía es una de las ciencias auxiliares de la historia. La genealogía considera a la historia familiar como un gran árbol de la vida. Pues la historia es como un árbol, del cual solo podemos ver y tocar las hojas. Gracias a la genealogía puedo entender mi vida, sentirme parte de una gran familia y saber cuestiones sobre mi familia. Aprendo de gentes que no conozco y sin embargo ahí están, pertenecen a mí y yo a ellos. Puedo acceder a información familiar por mis padres, abuelos, bisabuelos; ya sea en forma directa o indirectamente por tíos, primos, amigos de la familia. Saber un poco del contexto que les tocó vivir y compararlo al mío. Hay una historia familiar ligada a un pueblo, un estado, una nación. Una historia familiar toma en cuenta la convivencia y trato con abuelos y demás familiares como primos, tíos, padres, abuelos, bisabuelos. De nietos, bisnietos, tataranietos y choznos.

Aprendo de mis padres muchas cosas; su lugar de procedencia, los integrantes de la familia, sus nombres, relaciones familiares, la movilidad social y geográfica, demográfica y sus alianzas. Para representar las relaciones familiares se habla de un cono familiar; de un “Árbol genealógico” y de una línea ascendente-descendente. A través de un “Árbol genealógico” podemos ver grandes cosas de toda una línea familiar y de cómo se mueven las generaciones. Una generación abarca cada 25 o 30 años y somos el producto de 127 romances en tan solo 200 años. En diez generaciones (alrededor de 300 años) tenemos a 4,096 humanos que nos dan diez abuelos. Esto nos lleva hasta al siglo XVII (1600), que nos liga a España o Portugal. Gente que trabajó en diversos oficios como maestros, guerreros, pintores, en la vida galante, asesinos, lunáticos y otras cosas más.

Un árbol genealógico es la representación esquemática a través de gráficas, nombres, fechas y a veces ilustradas con fotografías. Sintetizadas en una gráfica en la cual se mencionan los antepasados y descendientes. Regularmente siempre comenzamos el árbol en línea ascendente: YO y mis hermanos (aunque suene mal y digan que primero va el burro), luego mis padres, mis abuelos paternos y maternos y así sucesivamente. A veces puede ser ascendente: se busca un familiar ilustre, se pone con quien se casó, quienes eran sus padres y abuelos juntos con los del cónyuge; se mencionan los hijos con todas las relaciones familiares que se han dado: si casaron, donde nacieron y murieron, si fueron célibes, entre otras cosas más.

Para hacer un árbol se requiere hacer de una investigación genealógica. Esta se realiza en registros tanto civiles como eclesiásticos. A veces se tienen los llamados “juicios de limpieza de sangre” que ayudan mucho a la hora de saber quiénes eran los ascendentes. Estos se hacían para justificar la antigüedad de la fe cristiana, y que no fueran descendientes de moros o judíos y fueran pertenecientes a un solar reconocido como “Hidalgo” o “hijos de algo”. Un hidalgo es un noble pero sin el título nobiliario. Yo puedo comenzar a entrevistar a mis padres y solicitarles información ya sea familiar o demográfica: de donde vinieron, cuando llegaron a residir al punto donde yo nací. Ellos recuerdan cosas de sus padres y abuelos y así se va estructurando el árbol. De pronto llega un momento en el que no se puede avanzar más y es cuando se requiere la asistencia a registros civiles o eclesiásticos.

El 27 de enero de 1857, el entonces presidente Ignacio Comonfort decretó la Ley Orgánica del Registro Civil. Esta ley regulaba los registros tanto de los nacimientos, la adopción y arrogación de personas, los matrimonios, los votos religiosos y los fallecimientos; así como las bases para la expedición de las actas correspondientes que debían estar a cargo de un oficial del estado civil. Su aplicación quedó en suspenso al entrar en vigor la Constitución de 1857. Durante la Guerra de Reforma, Benito Juárez promulgó el 28 de julio de 1859 la Ley Orgánica del Registro Civil, con la intención de separar cabalmente las funciones del Estado respecto de la Iglesia, delimitando el papel que le corresponde a cada uno. A partir de entonces, en los municipios comenzaron a registrar los nacimientos, matrimonios y defunciones a cargo de un oficial de Registro Civil. Por éste medio solo podemos acceder a información de familiares a partir de la segunda mitad del siglo XIX.

Más atrás debemos buscar información en registros eclesiásticos. Estos tienen su origen en el Concilio de Trento cuando en 1572 se dispuso la creación de archivos para el servicio de la Iglesia Católica. El párroco debía llevar un registro de las actas de los bautizos, matrimonios y defunciones, así como del sacramento de la confirmación. Entonces se puede investigar el pasado genealógico en archivos de la Iglesia a partir del siglo de la segunda mitad del siglo XVI.

En los archivos parroquiales y en los acervos del Registro Civil, se pueden consultar libros y legajos que son la base fundamental del patrimonio eclesiástico de cada parroquia: la información personal, estadística, sociológica y genealógica de dichas entidades constituyen uno de los mayores tesoros que ha generado y se mantienen bajo la administración de la Iglesia. Después por disposición de los obispos, se crearon los archivos diocesanos, con la documentación proveniente de las distintas parroquias que conforman cada diócesis, quienes además se encargan de conservar, organizar y evitar el deterioro de los documentos.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina



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