Literalmente trívium tiene que ver con el lugar en donde convergen tres caminos o sendas. Es una palabra compuesta por el número tres y por vía o camino con la cual se designa a un conjunto de disciplinas literarias que tienen su origen en la cultura grecolatina. Para los romanos el ideal pedagógico fomentaba el amor a la patria y la formación propia para la vida del campo, como el trabajo, la parsimonia y la constancia. Con el estudio de las Doce Tablas, adquirían la memoria histórica y la disposición para enfrentar la vida. La niñez acudía a la escuela entre los cinco y 15 años, conocida del “ludi magíster”, en la cual enseñaban lectura, escritura y cálculo en forma de juego. Sin el afanar de comparar los tiempos actuales, la función del maestro era mal vista en la sociedad y en consecuencia ganaba poco.

En el siglo II antes de Cristo se helenizó la cultura romana. El proceso de aculturación griega fue aplastante e influyente. No obstante, para los romanos la educación está sobre los pueblos y tiempos. Pertenece al ser humano por ser persona. Solo así se pudo unificar un imperio compuesto por diversos pueblos con cultura y lenguas distintas. A éste ideal formativo le llamaron “humanitas” el cual comenzaba a los 16 años. Al principio las humanidades abarcaron el estudio meramente literario de textos latinos como griegos. Las lecciones se estructuraban en una sesión que abarcaba seis momentos didácticos: dictado, memorización, traducción, expresión, análisis y composición literaria.

El trívium depende de tres disciplinas: la dialéctica o lógica, la gramática y retórica. Una vez cursadas venía el estudio de las llamadas ciencias reales que se estructuraban en cuatro materias conocidas como cuadrívium que comprendían matemáticas, geometría, astronomía y música. El maestro de gramática tenía buen prestigio social y era bien retribuido económicamente. Por eso el estudio de las humanidades quedó como exclusivo a las élites. Pronto el ideal de formación de los griegos conocido como “paideia” fue copiado en Roma, al cual le añadieron el arte y los preceptos jurídicos y políticos propios del imperio. Hubo la reacción de un grupo que consideraba a la cultura griega como un obstáculo para la unidad cultural de Roma y su integridad nacional. Fue cuando Marco Terencio Barrón vio con buenos ojos la existencia de una cultura grecorromana. Para Catón el Viejo la formación del carácter se obtiene a través de la oratoria.

Luego al trívium y al cuadrívium le añadieron medicina y arquitectura. Con las siete artes liberales, se promovía la virtud romana consistente en el ejercicio de la piedad, honestidad y austeridad. Como estaban centradas en el ser humano, fueron también llamadas “humanitas”. Cicerón propone en el siglo I a. C como ideal de la “humanitas”, la formación del orador, pues en ella se integra la filosofía, la dialéctica, la poesía, el derecho y el teatro. La “humanitas” latina era equivalente a la “paideia”griega, la cual se sintetizaba en ésta frase: “eruditio et institutio in bonae artes” (erudición y formación en las bellas artes). Aquellos que se integran con pasión a las bellas artes son humanistas, porque aspiran a los valores humanos. Las humanidades lo mismo abarcaban la enseñanza de la moral, de las virtudes literarias y políticas.

Una vez que se consolidó el imperio romano, surgió la escuela del “rethor” en la que se estudiaba retórica, apologética y derecho. Surgen bibliotecas, los llamados ateneos y la costumbre de pagar a los pedagogos a quienes consideraban como esclavos cultos que educaban a las juventudes. La educación integral de los romanos se estructuraba en disposición, elocución, memorización y ejercicios físicos. Todo este conjunto de disciplinas se le conoce como oratoria.

Quintiliano tomó de Aristóteles tres elementos de la educación: “Natura, ars y exercitatio” (disposición, instrucción y práctica). Pensaban que los hombres reacios a la instrucción eran unos monstruos. Lo propio del ser humano es la capacidad de pensar y una buena educación debe considerar la personalidad de cada persona. El maestro debe ser afable, serio y sobrio pero no despreciable. Promoverá la virtud y la honestidad, sufrido en el trabajo, constante, que responda con agrado, alabe los aciertos y corrija los errores. Séneca dice que la educación es la liberación de las pasiones y armonía con la naturaleza. Considera a la psique como frágil y compleja. Por ello, la educación debe tener un carácter práctico. Ya en el siglo I d. C., Plutarco propuso tres factores esenciales para la educación: la naturaleza, el arte y el hábito. En ellos encuentra una analogía agrícola: la tierra es la naturaleza, el campesino el arte y la simiente fecunda es el hábito. De igual forma propone la biografía como medio de educación.

El trívium abarcaba el estudio de la gramática y sus tres ramas: la etimología, la ortografía y la prosodia; el de la retórica como estudio de la literatura y el progreso del lenguaje, además de contenidos jurídicos, morales e históricos tan importantes en Roma y la dialéctica que comprendía la lógica y la filosofía. La retórica nació en Siracusa perteneciente a la magna Grecia en el siglo V a.C. como un recurso muy útil para discutir problemas de tierra. En los juicios públicos por la propiedad de la tierra, el arte de la palabra adquirió gran importancia, a tal grado de que surgieron maestros de oratoria. En la democracia ateniense, la elocuencia era muy útil para dirigirse a la asamblea de ciudadanos llamada “eclesia”. Fue Aristóteles quien sistematizó la retórica y la definió como "el arte de extraer de su tema toda la persuasión que encierra".

El trívium y cuadrivium conformaban las siete artes liberales, considerando el número siete como simbólico. En la edad media estudiaban las artes liberales, específicamente se basaban en los escritos de Donato, Prisciano y la versión de la Biblia vulgata, además de san Isidoro de Sevilla, Remigio de Auxerre, Boecio al igual que escritores latinos como Virgilio, Séneca, Horacio, Terencio, Juvenal y otros. Gracias al trívium se favorecía la interpretación literal y exacta de los textos estudiados.

En la edad media se promovió el estudio de las artes liberales. Para ello se fomenta una base general en las humanidades y luego se apoyan las disposiciones particulares a través de la elección de una profesión. Las universidades mantenían cuatro áreas de estudios, la de artes, la de teología, la de derecho y la de medicina. Entonces el estudio de las artes se consideró como propedéutico para las otras tres disciplinas. En París, Abelardo promovió más a la dialéctica. En Chartres se cultivaron con sumo interés las tres disciplinas, por eso consideran a ese centro de estudio como un foco del humanismo. Las artes liberales eran consideradas como “Tanquam septem viae”, es decir, caminos que conducen a otras ciencias.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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