Una vez que México logró negociar su deuda mediante los tratados de la Soledad, toda vez que España e Inglaterra aceptaron los buenos términos propuestos por el gabinete del presidente Benito Juárez, en el mes de abril de 1862, llegó a costas mexicanas el considerado mejor ejército del mundo, un cuerpo expedicionario que se había levantado la victoria en algunas regiones de ocupación francesa en Africa como en Europa. El entonces emperador de Francia, Napoleón III, guiado y mal informado por José Manuel Hidalgo y Juan Nepomuceno Almonte, pensó que con solo seis mil hombres, podían invadir y someter a México. Avanzando con rumbo a la ciudad de México, el 27 de abril, las tropas francesas salieron de Orizaba, Veracruz.

La defensa mexicana se concentraba especialmente en algunas regiones de Puebla y de Oaxaca en donde enfrentaban al célebre Tigre de Tacubaya, el general Leonardo Márquez. Fue cuando Ignacio Zaragoza, al frente de otra cantidad similar a la ejército invasor, se apresuró a cerrarles el paso en la ciudad de Puebla de los Ángeles. Para ello comisionó a José María Arteaga y Porfirio Díaz para que desde las cumbres de Acultzingo, atacaran a los expedicionarios franceses para que se replegaran en Puebla en donde el general Lorencez se preparaba para el ataque. El día 28 ocurrió el primer enfrentamiento. Las cosas no salieron como pensaban, pues los franceses llegaron a Puebla el 5 de mayo de 1862.

Zaragoza había dispuesto a sus fuerzas en los fuertes de Loreto y Guadalupe. Lorencez ordenó a tres de sus columnas el ataque al fuerte de Guadalupe. Las estrategias militares de Felipe Berriozábal y Miguel Negrete, detuvieron el avance de los franceses. Estos sin oír las recomendaciones que les hiciera Juan Nepomuceno Almonte, atacaron al fuerte de Loreto. Tras cuatro intentos de avanzar sobre el camino a Puebla, Porfirio Díaz quiso enviar a su columna formada por cerca de mil soldados. Pero Zaragoza, cauto en su actuar pidió mesura en la defensa del heroico sitio.

Durante cuatro horas los dos ejércitos, el republicano al mando de Zaragoza y el extranjero al mando de Lorencez tuvieron la famosa batalla de Puebla, hasta el Lorencez ordenó la retirada, cuando vio el balance quedó asombrado: 177 muertos, 305 heridos y 25 prisioneros. Las bajas del ejército mexicano fueron menos. Fue cuando Ignacio Zaragoza sentenció en una parte de guerra: “El ejército francés se ha batido con bizarría, su general en jefe se ha portado con torpeza en el ataque. Las armas nacionales se han cubierto de gloria”.

Lorencez se regresó en Orizaba, en donde no daba crédito a lo ocurrido. Culpó a Saligny y Almonte de la falta de un apoyo popular mexicano que nunca llegó. Mientras tanto, la victoria de Ignacio Zaragoza corrió como reguero de pólvora. En la ciudad de México y muchos lugares recibieron con júbilo la noticia. Después de tantos tropiezos y derrotas, los mexicanos se sobrepusieron ante la adversidad y mostraron la valentía y la gallardía necesarias para la defensa de la integridad y de la soberanía nacional.

El ejército francés regresó a Orizaba en donde procuró replantear una nueva estrategia de ataque y ocupación de la región situada entre el puerto de Veracruz y Orizaba. Mientras tanto, González Ortega al frente un batallón compuesto por seis mil soldados arribó a Puebla y junto con Zaragoza planearon el avance hacia Orizaba. Por su parte Napoleón III organizó una nueva expedición para salvar el honor del imperio, quedando como responsable el general Elías Federico Forey.

Este si consideró las recomendaciones de Almonte y Saligny: apoderarse de la ciudad de México, nombrar a una junta de notables para que preparara la entrada y el nombramiento de un emperador. Con ello, Francia geopolíticamente aseguraba sus posesiones y pretensiones de ampliar su influencia en América Latina. En el verano de 1862 arribaron los primeros refuerzos para apoyar la situación de los invasores que se hallaban en Orizaba molestados por las fuerzas de Zaragoza. Forey fue apoderándose gradualmente de sitios estratégicos para de nueva cuenta llegar hasta las inmediaciones de Puebla.

Ahí los mexicanos y franceses se volvieron a enfrentar. Faltaba la figura de Zaragoza quien murió en septiembre de 1862, tomando el control militar Jesús González Ortega. El 16 de marzo de 1863, un contingente formado por 34 mil expedicionarios inició el ataque a la ciudad de Puebla. El sitio se prolongó dos meses. La estrategia militar de González Ortega era debilitar las fuerzas de Forey para contraatacar apoyado por una línea de siete mil hombres al mando de Ignacio Comonfort, de quienes esperaban romperían el sitio.

Forey astutamente aguantó la situación y entró a Puebla que se defendió en forma heroica. Entretanto, la tropa de Comonfort salió con rumbo a Tlaxcala. Con ello evitaron la entrada de armas y alimentos para los defensores. El 16 de mayo Puebla ya no pudo continuar con el asedio. Ya para el 10 de junio de 1863 los franceses tomaron el control de la ciudad de México. Juárez con su gabinete itinerante se refugió en el norte.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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