Uno de los sucesos que más levantan la imaginación popular, es el suceso del robo a un tren en Rinconada de parte de un bandolero llamado Ricardo Gómez. Probablemente era originario de Tamaulipas. Fue juez de la acordada en San Pedro Garza García y por esa razón le apodaban el coronel. Durante un tiempo vivió con mamá en la Fama. Años después fijó su residencia en el Pajonal en donde vivía con su esposa Clara Torres, hija de don Agustín Torres

La tradición oral nos cuenta que aprovechando la inestabilidad política provocada por la revolución, la zona poniente de Nuevo León se vio asolada por la presencia de una gavilla compuesta por más o menos 20 bandidos, encabezados por Ricardo Gómez y secundados por Santiago Torres y Nicanor Ibarra. Santiago Torres por su bonhomía se hizo muy popular y querido en Canoas, mientras que Nicanor Ibarra era el responsable de hacer los trabajos duros. Se dice que eran protegidos del general Pablo González Garza de Nuevo León y del general Jesús Dávila Sánchez quienes además, le daban pitazos importantes para cometer sus fechorías.

Entre todas ellas sobresale la que hizo a un tren que estaba estacionado en Rinconada y que supuestamente llevaba una cantidad de barras de oro. Para eso, había sido informado de la hora en la que pasaría el convoy y además en que vagón cargaban la paga de una importante factoría regiomontana. Hicieron como que dispararon, cortaron las comunicaciones para después cargar con el botín en unas mulas y que lo trasladaron por el Cañón de la Escaleras hasta llegar a una cueva cercana al cementerio de Canoas. Dejaron pasar un tiempo y los bandoleros regresaron a sus hogares. Tiempo después Santiago Torres fue a pedirle el 50% de lo robado para hacérselo llegar a sus protectores, actitud que no le gustó a Ricardo, pues pensó que todo el dinero bien se lo podían quedar. Para quitarse de encima a Santiago Torres, le pidió a Nicanor que cuando Torres estuviera dormido lo asesinara. Para no despertar las sospechas de sus padrinos y hacerse pasar como que no sabía nada, montaron al cadáver en un caballo y lo dejaron caer por un desfiladero.

Entonces mandaron llamar al juez de Canoas para que diera fe de la muerte don Avelino Chávez. Como intuyeron que se trataba de un crimen, acordaron citar a Ricardo Gómez en Canoas. Previamente Gómez había desarmado a algunos de los vecinos de Canoas. Una vez que lo llegó a un jacal que servía de escuela, en donde actualmente se levanta la capilla de San Pablo, los vecinos desarmaron a los guardias de Gómez mientras que los que estaban adentro lo agarraron por la espalda y comenzaron a golpearlo. Quienes dieron el golpe fatal a Ricardo, fueron los hermanos Serapio y Jorge Hernández. Este último le dejó caer una piedra en la cabeza. Al día siguiente Ricardo Gómez aún resollaba. Pensaron que la causa residía en un crucifijo y un escapulario que portaba en el cuello. Serapio Hernández se lo quitó y entonces el bandolero murió. Posteriormente se llevaron el cadáver de Ricardo Gómez al panteón de Canoas en donde fue sepultado. Serapio se quedó con el crucifijo hasta su muerte. Antes de morir le dio la imagen a Jesús Flores Aguilar, quién a su vez se lo dio a René Treviño, vecino de los Horcones.

Inmediatamente el Ejército se movilizó para recuperar el valioso cargamento, pero no lo encontraron. Lo buscaron infructuosamente por entre los caminos que confluyen en la Sierra Madre. El historiador Hernán Salinas Cantú, hace a Santiago Torres –probablemente- originario de General Bravo, Nuevo León. Con una gavilla de ladrones se dedicó a asaltar algunos pueblos de la parte nororiental de Nuevo León. En 1924 participó en el asalto a un tren en los Aldamas, N.L. Fue hecho prisionero por el entonces capitán Bonifacio Salinas Leal, que estaba bajo el mando del General Irineo Villarreal en la Hacienda de Mamulique. Lo cual confirma el hecho de que tanto Torres como Gómez eran patrocinados por las autoridades.

Hasta aquí la leyenda que concluye felizmente, cuando se dice que una familia residente de la zona al lugar donde habían ocultado el dinero, una ocasión para protegerse de la lluvia se metió a la cueva y encontró el cargamento con barras de oro. Fue el lugar conocido como el Cañón de la Guitarrita, en donde lo ocultaron en una cueva, a la vera del camino al Rancho de la familia de los Hernández y al poblado de San José de los Nuncio en Ramos Arizpe, Coahuila.

Pero el lugar del tesoro no concuerda entre Canoas y Loma Alta. Entonces es probable que el tesoro hallado por la familia del lugar no sea el de Ricardo Gómez. Puede ser que se trate de otro tesoro. Dicen que ese camino fue muy transitado durante la revolución. Los descendientes de esa familia platican que pasaban mulas con cargamentos muy pesados y misteriosos. Hasta se dice que una ocasión una norteamericana fue al Rancho de los Hernández preguntando por su esposo que había pasado años atrás y no había vuelto a saber de él. Otra versión que alude al Francisco Hernández, mejor conocido como el “Panchote” cayó a una cueva en donde localizó huesos muy grandes. De igual modo se dice que una vez se le apareció un soldado quien le indicó donde se hallaba una relación.

Pero ¿hasta dónde termina la leyenda y principia la historia? Gracias a una investigación que realizó el Lic. Julio Cesar Méndez (vecino de la Fama y propietario de un medio informativo) en el archivo del periódico El Porvenir y que después su servidor pudo constatar su veracidad, se describe como ocurrieron los hechos:

“16 de marzo de 1924: Cerca de Rinconada fue asaltado ayer el tren de pasajeros... los rebeldes, después de apoderarse de una fuerte suma de dinero, se retiraron sin causar daño al pasaje... al llegar el tren a Rinconada, muy cerca de las 5 de la mañana fue asaltado por una partida de rebeldes... los asaltantes no tuvieron tiempo de apoderarse del carro pagador... se internaron en las serranías con dirección al sur del estado de Coahuila... también salieron fuerzas a perseguir”

Por su parte el corresponsal de Saltillo informó al Porvenir que: “el carro del pagador escapó de ser robado gracias a un ardid... los asaltantes se concretaron a asaltar el coche exprés... se llevaron cerca de 100,000 pesos. Días después el Porvenir esclareció que el monto de lo robado llegaba a los 79,000. En el lugar de los hechos se hizo un inventario en el cual se dice que se llevaron dos barras de oro que eran propiedad de la Compañía Minera Peñoles. La información señala que si llevaban un fondo embarcado en el carro pagador, pero que quedó intacto debido a la astucia del conductor del tren. Respecto al tren, éste iba de Nuevo Laredo a la Ciudad de México y arribó a Saltillo con varios impactos de balas. Julio Cesar Méndez continúa dando luces respecto al suceso: dos meses después murieron Santiago Torres y Ricardo Gómez.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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