Dr. Antonio Guerrero AguilarAnáhuac, Nuevo León está a 188 kilómetros al norte de Monterrey. Aunque surgió en el primer tercio del siglo XX, es una ciudad rica en historia, tradiciones, sus costumbres y su gente, así como sus pueblos como Colombia, Camarones, Rodríguez y algunos distritos de riego que dependen de la presa de don Martín, llamada oficialmente de Venustiano Carranza. Tierra de hombres y mujeres ilustres como Alfredo Piñeiro López, la Nena Delgado y el maestro Santiago Vara Jiménez.

En Anáhuac me gusta caminar por su plaza, pues tiene un diámetro equivalente a un kilómetro. En la cabecera municipal sobresale la parroquia de Guadalupe y muchos edificios pertenecientes al art decó propio de la época. Indudablemente, Anáhuac es hija del maximato y en ella se quiso poner en práctica una utopía nacionalista al servicio de la patria.

Lo que actualmente es Anáhuac perteneció hasta 1933 al municipio de Lampazos y otra porción cercana a la Gloria que fue de Vallecillo. La región norte cercana al río Salado se pobló desde 1929, pues se tenía proyectado hacer un polo de desarrollo regional al amparo del auge algodonero. Las poblaciones de entonces, Camarones y Rodríguez habían sido establecidas en 1892 como estaciones del ferrocarril Monterrey-Nuevo Laredo. Como no reunían los terrenos suficientes como para convertirse en nuevos centros urbanos, que apuntalaran el crecimiento económico regional basado en la agricultura, que a su vez exigió la construcción de una presa que asegurara el abasto del vital líquido para la nueva ciudad. Por ello, en 1930 se comisionó al Ing. Jorge J. Pedrero para que diseñara una nueva ciudad capaz y apropiada para el desarrollo norte del estado, pues Colombia, la congregación fronteriza nunca alcanzó las espectativas que habían pretendido durante el reyismo.

Para ello se necesitaba además de una buena infraestructura que comunicara a la nueva población tanto con Monterrey y Nuevo Laredo. El establecimiento de la nueva ciudad estaría en terrenos cercanos a Rodríguez, de esa forma se aprovecharía la estación y el paso del ferrocarril y las tomas de agua del río que atravesaba por el territorio que en Coahuila se le conoce como río Sabinas y al adentrarse en Nuevo León recibe el nombre de río Salado, seguramente a la calidad del agua que lleva.

En la época de su establecimiento, se quiso hacer de Anáhuac un centro de producción agrícola similar al de la Laguna en Coahuila, especialmente dedicado al cultivo del algodón. Esta iniciativa la encontramos en 1925 cuando surgió el Sistema Nacional de Irrigación número 4 en la región, la cual estaba integrada por ingenieros, topógrafos y agrimensores que buscaron un lugar idóneo para iniciar la construcción de una presa en territorio perteneciente al municipio de Juárez, Cahuila, sobre la margen del río Salado el 1 de febrero de 1927 contando con la presencia del general Plutarco Elías Calles en representación del entonces presidente Pascual Ortiz Rubio. El 6 de octubre de 1930 fue inaugurada formalmenta la presa que recibió el nombre oficial de Venustiano Carranza. Ya con la presa, se repartieron los distritos de riego y se abrieron los canales y sistemas de suministro de agua para el nuevo centro agropecuario del norte de Nuevo León.

La nueva ciudad sería destinada para dar residencia a los habitantes que habían obtenido beneficios de tierras para sembrar y de aguas en el distrito de riego, así como de campesinos que se presentaron dando sus servicios como peones, labriegos y jornaleros. La traza urbana en lugar de la forma típica de domero de ajedrez, sería con calles en circunvalaciones, de manera que todas las calles llegaran hasta la plaza principal también de forma circular. Hay que señalar que Delicias, Chihuahua también tiene un trazo similar que le atribuyen un supuesto origen francés.

Pero también fue pensada como una ciudad sin Dios, pues se designaron solares para el palacio municipal, un teatro y otros negocios de importancia, pero no se eligió un terreno para el templo parroquial. De ahí que el templo parroquial dedicado a nuestra Señora de Guadalupe no tenga su fachada rumbo a la plaza.

Ya para fines de 1932 se levantaron las primeras cosechas de algodón, llamado entonces “oro blanco” y se integró una red de agua potable para la nueva población, situada entre Lampazos y de Nuevo Laredo. En las tareas agrícolas participaron habitantes de los poblados de Rodríguez, Camarón y el Nogal. Los primeros pobladores que llegaron a Anáhuac, eran vecinos procedentes de algunos municipios de Nuevo León procedentes de la zona citrícola, de algunos puntos de Zacatecas, San Luis Potosí y Tamaulipas, así como de mexicanos que habían regresado a nuestro país.

Siendo presidente de la república el general Abelardo Rodríguez, se declaró el establecimiento de la nueva ciudad, a través de un decreto oficial de la Comisión Nacional de Irrigación, con fecha del 5 de mayo de 1933. Para ello eligieron el bello nombre de Anáhuac, que en lengua náhuatl significa “lugar cerca del agua”. Y el pueblo pronto creció, a tal grado que siendo presidente de la república el general Lázaro Cárdenas, estuvo en Anáhuac en 1934 para repartir tierras a campesinos y obreros para establecerlos en una colonia.

La región pronto cobró fama de prosperidad y riqueza. Por lo que gracias a un decreto del entonces gobernador de Nuevo León, don Pablo Quiroga Treviño y de la legislatura local, con fecha del 29 de mayo de 1935, se creó una nueva municipalidad quedando bajo su jurisdicción un territorio de casi 4 mil 500 kilómetros cuadrados.

El 1 de enero de 1937 eligió a su primer cabildo y en 1978 le fue incorporada la congregación de Colombia, cuyo origen está en aquel sueño reyista para que Nuevo León tuviera límites con Texas y por ende, en 1983, fue declarado municipio fronterizo de nuestra entidad, que se cumplió cabalmente cuando en 1991 el entonces presidente el Lic. Carlos Salinas de Gortari inauguró el Puente Solidaridad que une a Colombia con Dolores, Texas. Paradójicamente la vía carretera se hizo a partir de la década de los 50 gracias a los esfuerzos del industrial don Miguel Villarreal que estuvo pendiente de que se construyera un puente en Colombia.

Lamentablemente el sueño del oro blanco terminó al poco tiempo y la ciudad de Anáhuac se convirtió en un punto fronterizo que batallaba para subsistir, en donde se dedicaban preferentemente a la agricultura y a la ganadería. Muchos de sus habitantes se aventuraron en la búsqueda del sueño americano y otro tanto labora preferentemente en Nuevo Laredo y otros lugares de Coahuila como Sabinas, Monclova o Piedras Negras. Con tantos problemas, pero con categoría de ciudad se abrió paso como la región fronteriza de Nuevo León, que dependía mucho del sistema de riego de la presa don Martín y de la Laguna de Salinillas, las que por cierto, nunca llegaron a estar al límite de su capacidad de retención de agua.

Hasta ahora que las lluvias de la tormenta tropical Alex dejaron inundada la zona norte de Coahuila y obligó a que las compuertas de la presa don Martín se abrieran para evitar que se colapsara la estructura. De todas maneras, esa decisión haría que las aguas del río Salado se salieran de su cauce e inundara tanto a Anáhuac como a Rodríguez y otros puntos río abajo, como la Gloria y San Rafael de las Tortillas en Guerrero, Tamaulipas. El río Salado es afluente del río Bravo al cual tributa fidelidad en su desembocadura en la presa Falcón, en donde ya había inundado en 1952 a la antigua Revilla, después conocida como Ciudad Guerrero, concluyendo las obras de la presa diez años después.

Ciertamente que las presas han hecho la vida más llevadera en esos lugares en donde predominan los paisajes del desierto chihuahuense. Las antiguas civilizaciones como la egipcia, la china y la asirio caldea, florecieron al amparo de los ríos. Por ejemplo la egipcia, a la cual conocen como la del “don del Nilo”. Esto exigió el conocimiento de ciclos de lluvias y desbordamientos, además de técnicas hidráulicas. Con el correr del tiempo, se recurrió a la construcción de presas para asegurar la existencia del vital líquido. Desgraciadamente la falta de mantenimiento, su poca previsión y planeación al construir y al pensar de que nunca se iba a llenar, trajo como consecuencia de que Anáhuac ahora esté inundada y los tramos de la carretera Monterrey-Nuevo Laredo en el lugar conocido como la Gloria parezcan lagunas intransitables.

Me da tristeza saber que mis hermanos queridos de Anáhuac estarán casi un mes fuera de sus casas viviendo a la intemperie. Debe ser horrible dejar el hogar en donde uno tiene al corazón y a los suyos. Y a mi me hace sentir la pena de ellos, porque hay una parte de mi corazón en Anáhuac. Por eso los apoyo decididamente y rezaré para que pronto regresen a sus casas. Ah, me olvidaba decirles que en otras partes del mundo, las presas ya no se recomiendan, pues dicen que en lugar de beneficios traen problemas. Habrá que analizarlo detenidamente.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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