Dr. Antonio Guerrero Aguilar

Francia es el nombre de una república europea que se deriva de la palabra franco, con la cual se designaba a un grupo bárbaro de procedencia germánica que en el siglo V se adueñó de la Galia romana, llamada así en alusión a los pobladores que se conocían como galios que a su vez eran de la familia celta...

Dr. Antonio Guerrero AguilarFrancia es el nombre de una república europea que se deriva de la palabra franco, con la cual se designaba a un grupo bárbaro de procedencia germánica que en el siglo V se adueñó de la Galia romana, llamada así en alusión a los pobladores que se conocían como galios que a su vez eran de la familia celta. También franco tiene que ver con el arma predilecta de los antiguos pobladores de origen germánico que conquistaron la Galia, quienes llamaban a la lanza francho. Entonces los francos son los hombres de la lanza. Luego se usó la palabra franco como una equivalencia a libre, en oposición a quienes no dependían de los romanos.

Los francos dieron origen a una dinastía real que fueron conocidos como reyes francos y que luego se les conoció como reyes merovingios, en honor a un militar franco llamado Meroveo quienes gobernaron entre los siglos V y VIII hasta el siglo IX de nuestra era; hasta que Carlo Magno se convirtió en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico que abarcaba casi todo el centro y norte de Europa.

La palabra Francia también nos recuerda a nombres como Francisco que significa hijo de Francia o franco o franceses como gentilicio de los habitantes de Francia y en inglés el nombre Franklin. Nosotros en México tenemos un pan al que llamamos francés cuando en realidad es de origen vienés y hasta nos gusta comer papas fritas llamadas a la francesa.

En el siglo XVIII Francia se hizo famosa gracias a su revolución que dio origen a la llamada Era Moderna, misma que promulgó la Declaración de los Derechos Humanos en 1789 y sus postulados filosóficos dieron origen a movimientos como el enciclopedismo y la ilustración. Sin duda alguna, un país maravilloso, tierra del arte, de la música, de los vinos y de los buenos quesos, de una lengua que durante mucho tiempo fue la lengua universal hasta que el inglés la desplazó. Con ciudades y regiones bellísimas, con historia, identidad y diversidad cultural digna de apreciarse como su capital París, la ciudad luz, Tolousse, Marsella o Montpellier.

La revolución francesa también fue ejemplo para que países como los Estados Unidos, México, Italia y otras naciones iberoamericanas buscaran su independencia hace 200 años. De hecho su bandera en cierta forma influyó en la conformación de las banderas tanto de México como de Italia, ya que es tricolor y que representan los colores azul y rojo de París, y al centro el color blanco que representa a Dios.

Francia y México tienen muchas cosas en común. Por ejemplo, entre 1700 y 1821 nos gobernaron reyes de origen francés conocidos como los borbones. Miguel Hidalgo y Costilla, “el padre de la Patria” gustaba de leer la enciclopedia y otras obras en francés, cuyo idioma en ese tiempo lo mismo era usado para la ciencia, la filosofía, el arte y la poesía romántica. En esa época, quien hablara francés era considerado un caballero, todo un gentleman, un hombre culto sin duda alguna. Muchas de las ideas que promovieron la independencia vienen de la lectura de Voltaire, Diderot y otros escritores de la ilustración francesa.

A pesar de la admiración y amistad de nuestros pueblos, las relaciones entre México y Francia desde el punto de vista histórico están repletas de situaciones difíciles. Por ejemplo, nuestras naciones se han enfrentado en dos guerras, ambas trajeron invasiones y actualmente Francia mantiene el control de algunas islas dentro de los límites marítimos de México.

Y esos problemas son añejos. En 1687 unos franceses desembarcaron en las costas de Texas con la intención de establecer poblaciones en esa tierras inhóspitas. No tuvieron éxito, pues los indios de la región cayeron sobre ellos e hicieron que la Corona de España comisionara un año después a Alonso de León para que acudiera a verificar su presencia. Cuando llegaron, vieron un fuerte destruido por las naciones de indios y testimonio de ello es un poema que el poblador Juan Bautista Chapa escribió: “Oh francesas hermosas que pisabais dentro de éstos prados frescas rosas” en alusión a la estela de cadáveres y muertes que los indios dejaron. El primer urbanista que llegó al Nuevo Reino de León se llamaba Jean Crousset a fines del siglo XVIII.

México tiene relaciones diplomáticas con Francia desde 1827, pues fue uno de los países que pronto reconoció nuestra Independencia. Pero en 1832 un señor de nombre Remontel, propietario de un restaurante de Tacubaya, exigió una indemnización en virtud de que unos soldados de Santa Anna entraron a su negocio y se comieron unos pasteles sin pagarlos y porque supuestamente habían dejado unos daños materiales, por lo que exigía un pago de 60 mil pesos. El problema se agudizó cuando el gobierno mexicano mandó fusilar en Tampico a un ciudadano francés el cual fue acusado de piratería.

El gobierno mexicano alegó excesivas las pretensiones de Remontel, por lo que en 1838 el entonces representante diplomático de Francia en México, retiró sus cartas para regresar a Francia en donde tramitó una invasión con diez barcos de guerra, con los cuales pretendía cobrarse la suma de los pasteles. A éste episodio le conocemos como la guerra de los pasteles.

Al ver los franceses que México no cedía, decidieron mandar veinte barcos más para que México cediera por las buenas o por la malas. Desgraciadamente la situación económica de México, no daba para pagar los reclamos franceses, quienes decidieron invadir a México el 27 de noviembre de 1838. Para ello se comisionó a Santa Anna para que defendiera las costas de Veracruz. Ahí fue cuando Santa Anna perdió su pierna. De no ser por la flota británica que llegó para poner orden y hacer que Francia retirara su agresión. El 9 de marzo de 1839 se firmó un tratado de paz con los cuales México se comprometía a pagar los daños ocasionados a los franceses en México.

El problema con Francia resurgió en 1861 cuando el gobierno de Benito Juárez no pudo pagar a los acreedores británicos, españoles y franceses que exigían el cumplimiento de sus obligaciones de pago por la deuda contraída con esas naciones. Después de un acuerdo, tanto las flotas de España como Inglaterra decidieron regresar a su país de origen, no así la de Francia que vio la oportunidad de invadir a nuestra nación.

Es cuando sucede la defensa heróica de la ciudad de Puebla el 5 de mayo de 1862 de parte de las tropas del general Ignacio Zaragoza que derrotó a una tropa mejor armada y preparada que la nuestra. De ahí sobresale la parte de guerra que redactó don Lázaro Garza Ayala: “las armas nacionales se han cubierto de gloria”. Pero sin apoyos ni recursos, los franceses regresaron a Puebla el 17 de mayo de 1863 y gradualmente fueron tomando las principales ciudades del país, obligando a que el presidente Benito Juárez se instalara en varias regiones. Se dice que cuando los franceses llegaron a regiones pertenecientes a los actuales estados de Colima y Jalisco, gustaban de participar en las bodas y jolgorios que organizaban los vecinos. Precisamente ellos bautizaron como marriages a los músicos que amenizaban las bodas y fiestas familiares, palabra que derivó en mariachi.

La llamada invasión francesa, se hizo apoyar por su legión extranjera, del Imperio Austro- Húngaro y por militares pertenecientes a territorios que gobernaba el Rey Leopoldo de Bélgica. De esa forma llegaron italianos, polacos, alemanes, húngaros, eslavos, belgas y franceses que influyeron en la música, el arte culinario y en la forma de ser del mexicano. Gracias a ellos conocemos danzas como el shotis, la redova y la polka. Ellos trajeron el acordeón. Y es probable que mucha de la repostería que comemos en municipios de Nuevo León como Zuazua, Bustamante, Marín y Villaldama venga de los soldados que participaron en la invasión francesa.

En el noreste mexicano ocurrieron dos batallas decisivas que dieron origen a la creencia de que un batallón francés se quedó a vivir entre nosotros: el 1 de marzo de 1866 se dio la famosa batalla de Santa Isabel en donde Andrés Viesca, Francisco Naranjo y Jerónimo Treviño derrotaron a una fuerza compuesta por 665 soldados de los cuales 115 eran de procedencia francesa. Esta se dio muy cerca de Parras de la Fuente.

Luego el 16 de junio de 1866 en un lomerío cercano a un sitio llamado Santa Gertrudis en Camargo, Tamaulipas, el general Mariano Escobedo en una magistral táctica militar detuvo a la vez un convoy de cien carros cargados de mercancías destinadas a Monterrey y de mil 500 soldados franceses y belgas que salieron con rumbo de Matamoros. Ambas fuerzas debían encontrarse en Cerralvo, por lo que Escobedo hizo que Ruperto Martínez los esperara en Cerralvo mientras que él se trasladó con su tropa hasta Santa Gertrudis en donde derrotó a los franceses y logró quitarles 13 cañones con sus dotaciones de caballos y cerca de mil prisioneros.

Muchos de los franceses fueron llevados a Linares en donde fueron vendidos como esclavos. Tal vez de ahí se tenga la idea de que la población de la región citrícola que comprende a los municipios de Linares, Montemorelos, General Terán, Allende, Santiago y Cadereyta son descendientes de un batallón de origen francés que se ocultó en la región. Pero a decir verdad los apellidos de la región no tienen nada que ver con un origen francés, lo cierto es que en la noche del 1 de marzo de 1866, la Villa de Santiago fue tomada por las fuerzas imperiales compuestas por 500 hombres al mando de Julián Quiroga.

En 1881 se hizo un informe a petición de Vicente Riva Palacio para que se informara que pasó en Nuevo León durante la intervención entre 1861 y 1867 y solo contestaron Apodaca, Doctor Arroyo, Marín, Higueras, Zaragoza, General Terán, Montemorelos, Santiago, Salinas Victoria, Escobedo y Ciénega de Flores.

A través de ellos nos podemos dar cuenta de la situación que padecieron éstos municipios durante la invasión y del enfrentamiento de las tropas invasoras en contra de las mexicanas. Por ejemplo, el patriota republicano Isaac Garza, originario de Cadereyta y vecino de la actual colonia de Nuevo Repueblo, tenía una cantina en donde emborrachaba a los soldados invasores a cambio de licor y que cuando fue sorprendido, lo mandaron fusilar en la plaza del Roble. Una calle de Monterrey lo recuerda con honor.

Al salir Benito Juárez y su gabinete peregrino de Monterrey en 1864, Julián Quiroga se hizo del control militar de la entidad esperando a que llegaran las tropas franceses en septiembre de 1864, al mando de Armando de Castagny. Por su parte, Quiroga, desde la hacienda de Mamulique en Salinas Victoria, mandaba patrullas para recorrieran municipios del centro y norte del estado. Pero en abril de 1865 arribaron las fuerzas republicanas al mando de Mariano Escobedo. Las fuerzas invasoras cometieron abusos y robos en las poblaciones en las que entraban, exigiendo recursos, armas, alimentos y animales para continuar su lucha.

Muchos habitantes de Nuevo León se sumaron en la lucha contra el imperio y la invasión francesa. Especialmente de Higueras, China y Santiago. Es más, el pelotón que fusiló a Maximiliano, Miramón y Mejía eran de Villa de Santiago y estaban al mando de Simón Montemayor. Hay muchos recuerdos de los franceses en Nuevo León, como la de unos militares que cortejaron a las hijas de Valentín Rivero.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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