Recordemos que una de las promotoras de nuestra independencia fue Josefa Ortiz de Domínguez, quien había nacido en Valladolid, hoy Morelia en 1768. Se casó con el Lic. Miguel Domínguez, quien fue Corregidor de la Ciudad de Querétaro. En su casa se reunían los principales jefes insurgentes como Allende e Hidalgo. Ella fue la mediadora entre su esposo y los insurgentes cuando se supo que estaban planeando la independencia de México. Después de la aprehensión de Hidalgo y Allende, fue confinada a un convento. Cuando Iturbide se proclamó emperador, fue invitada para ser dama de honor de la emperatriz, pero nunca aceptó ningún cargo u homenaje por su participación en la insurgencia. Murió en 1829 en la Ciudad de México. Otra heroína de la Independencia es Leona Vicario. Ella nació en la Ciudad de México en 1789. Fue colaboradora, informante y patrocinadora de los insurgentes. Durante la guerra de independencia se casó con Andrés Quintana Roo. Cuando terminó la guerra fueron restituidos sus bienes. Murió en la Ciudad de México en 1842.

No obstante y debido al papel esencial de la mujer en nuestra historia, siempre ha permanecido al margen de ella. Aquí bien cabe la máxima que sostiene que detrás de cada hombre a una gran mujer: Margarita Maza como acompañante de Juárez, la emperatriz Carlota como contraparte femenina y de la realeza europea con Maximiliano de Habsburgo, Carmelita Romero como “domesticadora” y conciencia positiva de Porfirio Díaz. Por ejemplo, en la novela Los bandidos de Río Frío de Manuel Payno encontramos la típica situación de la mujer durante el siglo XIX: la vida social, política y económica la hacen los hombres, la mujer a la casa. Tenía poco acceso a la educación y tenía dos ocupaciones: la casa o el convento. Como se advierte, un papel meramente secundario. Una muestra de lo anterior es la famosa epístola de Melchor Ocampo que en algunos lugares del país se sigue leyendo durante la ceremonia del matrimonio civil y en la cual se hace referencia de que la mujer es dulce, abnegada, su ámbito es el hogar y su función es la comida y el cuidado de los hijos.

En la historia de México vemos siempre mujeres haciendo de las suyas: existe una historia no oficial que más bien raya entre el mito y la leyenda y tiene que ver con la historia de Aguascalientes. En 1835 México cambió su sistema de gobierno federal a uno centralista. Entonces Zacatecas, Texas y Yucatán proclaman una rebeldía política en contra del gobierno centralista. Adujeron que ellos habían hecho un pacto con una república federal y no con una centralista.

El entonces gobernador de Zacatecas, el general Francisco García Salinas, amenazaba con crear un frente común de gobernadores que se rebelaran contra Antonio López de Santa Anna, quien al frente de un numeroso contingente marchó rumbo a Zacatecas y luego a Texas para regresarlos al redil centralista.

Pero antes de llegar a Zacatecas, se detuvo en la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de Aguas Calientes, en dónde el entonces alcalde Pedro José García Rojas, aprovechó la estancia de su Alteza Serenísima para hacerle un baile en su honor, a la cual asistieron los miembros de la aristocracia hidrocálida.

Entre vuelta y vuelta de vals, Santa Anna notó la belleza de la esposa de Pedro José García, llamada María Luisa Villa de García Rojas y decidió invitarla a bailar. Ya una vez cercanos, el presidente le dijo a la señora, que por un beso de ella haría lo que le pidiera.

Entonces María Luisa detuvo la danza y convocó la atención de los presentes en donde elogió a Su Alteza Serenísima. Anunció que aceptaría su oferta y que lo besaría a cambio de que hiciera a su marido gobernador. Santa Anna le dio el beso y en consecuencia, surgió el decreto con fecha del 23 de marzo de 1835 que dio existencia jurídica a un nuevo estado que recibió el nombre de Aguascalientes. La separación definitiva se dio hasta el 30 de diciembre de 1836 y el 16 de junio de 1856, Aguascalientes fue nombrado estado de la unión.

De la leyenda queda constancia en el escudo de armas del estado, en el cual aparecían unos labios pintados de carmesí. Aguascalientes se separó de Zacatecas por un beso.

De igual forma, vemos mujeres en la gesta revolucionaria. La revolución fue hecha por soldados errantes que llevaban a su familia al combate. Así surgieron las “Adelitas” que con actitud estoica, sufrida y desinteresada acompañaban al soldado. Si éste moría, la mujer debía arrejuntarse con otro para procurar su mantenimiento.

No obstante, hubo señales que promovían la reivindicación social de la Mujer desde fines del siglo XIX, cuando surgió de manera institucional un movimiento feminista para establecer la igualdad de los sexos y el derecho por igual a la educación. Y durante el porfiriato surgieron grupos de mujeres que exigían una mayor participación y un mejor gobierno a Porfirio Díaz y fue en Yucatán donde se verificó el primer congreso feminista en 1919. También ahí obtuvieron derecho al voto en 1949. A nivel nacional de verificó durante el sexenio de Ruiz Cortínez entre 1952 y 1958. Pero cabe señalar que la primera mujer en ocupar una alcaldía en México, fue Orfelinda Villarreal en la municipalidad de Higueras, Nuevo León.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


Buscar en el sitio

Alazapa Tutoriales