Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño Villarreal

Coahuila es el estado de la República Mexicana que nunca te deja de sorprender por sus multivariados paisajes naturales, la calidez de su gente, los múltiples hallazgos paleontológicos y arqueológicos, su rica e interesante historia, y sobre todo la multitud de personajes que han sobresalido en los diversos campos del devenir existencial.

Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño VillarrealEl único mexicano en el Granma

Coahuila es el estado de la República Mexicana que nunca te deja de sorprender por sus multivariados paisajes naturales, la calidez de su gente, los múltiples hallazgos paleontológicos y arqueológicos, su rica e interesante historia, y sobre todo la multitud de personajes que han sobresalido en los diversos campos del devenir existencial.

Periodistas, médicos, poetas, cronistas, hombres de ciencia, deportistas y la pléyade inmensa de hombres y mujeres que dejaron indeleble huella en la historia de México y el mundo: José Miguel Ramos Arizpe, Francisco I. Madero, Venustiano Carranza y muchos otros que sería prolijo enumerar, brillaron con intensidad en las más gloriosas etapas del acontecer histórico.

En efecto, Coahuila no te deja de sorprender, porque es la tierra de un revolucionario internacional, de un rebelde que participó en una de las epopeyas más grandes del siglo XX: La Revolución Cubana.

Alfonso Zelaya Alger originario de Torreón, Coahuila fue el único mexicano que partió de Tuxpan, Veracruz en la embarcación denominada El Granma, junto con Fidel Castro, el Ché Guevara y los demás idealistas cubanos que con las armas en la mano se aprestaban a combatir la nefasta tiranía de Fulgencio Batista.

Adoptó como nombre de batalla el de “Guillén Zelaya” en honor a su tío el excelso poeta nacional de Honduras Alfonso Guillén Zelaya, laureado por ser el autor de “El almendro en el patio” composición poética al estilo de la “Suave Patria” de nuestro Ramón López Velarde.

Nació el 9 de agosto de 1936 en un campamento establecido en Torreón, donde su padre prestaba sus servicios como ingeniero a la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (SCOP); este hombre era marxista y un exiliado político de su natal Honduras, donde había participado en la oposición revolucionaria en contra de los gobiernos que oprimían a los desposeídos.

Zelaya Alger acompañó a su familia en su peregrinar por nuestro país y a los nueve años se establecieron en Ciudad Juárez, Chihuahua, en una sección municipal conocida como Zaragoza, que en la actualidad ya fue absorbida por el avance urbano; allí hizo los tres últimos años de la escuela primaria y los tres de educación media básica, donde era conocido como “El Güero Zelaya” sobre todo por sus amigos y compañeros de la Escuela Secundaria Federal No. 10 y por lo que se sabe era inquieto, bromista y “bueno para las novias y los escarceos amorosos”. 1

A los catorce años de edad ingresó a la Juventud Socialista Mexicana donde forjó sus ideales revolucionarios, ya despiertos por las cátedras y pláticas de los profesores federales que le impartieron clases, tanto en la escuela primaria, como en la secundaria. En esa época participó junto con un grupo de adolescentes en una manifestación contra el gobierno tirano de Batista.

«La formación recibida por acá influyó en mis decisiones, si tú quieres de manera inconsciente, porque estábamos todavía muy chavalos, pero bueno, yo me acuerdo que cuando en Cuba se suscita el intento de golpe de estado, nosotros salimos a la calle a protestar contra Batista; este quizá es el primer dato que yo tengo de esto», le comentó al periodista juarense Antonio Pinedo, con respecto a su incorporación a la Revolución Cubana. 2

Es oportuno agregar que “Guillén” recibió fuerte preparación de corte militar en el Pentatlón Deportivo Universitario Militar, que mucho le sirvió en su futuro accionar.

 Alfonso Zelaya Alger dejó Ciudad Juárez y se fue a la Ciudad de México a estudiar en la Escuela Vocacional No. 4 del Instituto Politécnico Nacional, al respecto escribió Pinedo “quien sabe si la predestinación exista, pero Guillén en 1954 se va a la capital a continuar sus estudios. Residía por entonces en la casa de Tokio No. 35, casi esquina con Sevilla, en casa de su tía Isabel Alger, hermana de su madre y agregada cultural de Honduras.

Frecuentaban la casa exiliados latinoamericanos y en diciembre de 1954, la visitó el joven médico argentino Ernesto Guevara de la Serna, ocasión en la que se conocieron. En esta etapa, Alfonso Zelaya Alger, era estudiante de la Vocacional y continuaba con su militancia en las juventudes socialistas, ya que su padre el ingeniero Zelaya lo había educado en las ideas marxistas”.

En ese medio internacionalista revolucionario, se interesó por la situación política cubana al escuchar al  doctor Enrique C. Henríquez, quien fuera diputado en el Congreso Cubano, además cuñado de Carlos Prío Socarrás, que estaba en el exilio en México.

El 9 de octubre de 1955, conoce de manera accidental a Fidel Castro, cuando, junto con varios amigos paseaban por el Bosque de Chapultepec y se enteraron de la realización de un mitin en el monumento a José Martí; allí escucharon el verbo encendido, las frases apasionadas, llenas de emoción y sentimiento revolucionario, de quien luego fuera uno de los grandes líderes mundiales en el siglo XX y comienzos del XXI. Saludaron al Ché Guevara, que allí en el Bosque se ganaba unos pesos usando su cámara fotográfica.

A principios del año de 1956, fue Henríquez, quien lo acercó con Marta Eugenia López participante en la organización del movimiento revolucionario; Alfonso Zelaya Alger le habló de su deseo de participar en la aventura que planeaban  y López al ver la seriedad de sus intenciones, lo puso en contacto con otro exiliado cubano, Héctor Aldama, militante del Movimiento 26 de Julio.

Para abril, Zelaya Alger siguió insistiendo con Aldama y este lo citó para el día siguiente donde se reunió un grupo encabezado por Fidel Castro y fueron a realizar prácticas de tiro en el campo de Los Gamitos.

Guillén le comentó al periodista Pinedo en su entrevista «Fíjate que Fidel tenía un tiro extraordinario, ahí lo vi disparar, pusieron siete botellas y una por una las fue tirando; luego me tocó a mí el turno, yo nunca había disparado con pistola calibre 45, sólo con 38, que era la reglamentaria, y fallé la primera botella, pero todas las siguientes cayeron».

Allí el coahuilense de 19 años de edad, se ganó la fama de excelente tirador y al ser evaluado en el campo de tiro se hizo constar: "Buen tirador. Excelente resistencia física, muy disciplinado. Algunas planchas y paso dobles por sonrisas. Magnífico combatiente de primera línea y apto para mandar. Reacciona rápido ante cualquier situación", así lo consigno la periodista e historiadora cubana Marta Matamoros, en la nota luctuosa aparecida en su columna «Le contesta bohemia», de abril de 1994, según lo asienta Pinedo en su artículo.

De inmediato es reclutado, no sin antes pasar por la aprobación de Raúl Castro, quien conversa con “Guillén” para tantear sus propósitos, le comunica los fines del movimiento y los alcances del futuro levantamiento revolucionario; le indica que vaya por sus pertenencias a la casa de su tía y se instale en la casa-campamento de la Avenida Insurgentes No. 5

“Recuerdo que Raúl me preguntó si había pedido permiso en mi casa, pues de acuerdo a aquel año la mayoría de edad eran los 21 y yo tenía 19 años, pero yo le dije: desde cuándo hay que pedir permiso para hacer una revolución”. Asienta Pinedo “esa noche no hay insomnio, el joven recoge sus cosas y decidido se instala en la casa donde conoce al resto de los combatientes en las actividades de preparación”.

Como no se despidió de sus familiares, éstos lo buscan, por lo que Fidel Castro lo conminó a que escribiera tres misivas donde no les informara de sus nuevas actividades, sino los desinformara, diciéndoles que se va a Honduras para visitar a sus familiares, recomendándole además que una carta la fechara en Oaxaca, otra en la frontera con Guatemala y otra ya en Guatemala.

Continuaron con el entrenamiento y en uno de los días que tocaron ejercicios físicos en el gimnasio de Bucareli, se encontró con Ernesto Guevara, se reconocen y cambian impresiones; el argentino le comunica sus experiencias de rebeldía en Guatemala.

Para fines de mayo, el primer grupo de rebeldes se desplaza al rancho de Chalco conde recibían instrucción y entrenamiento intensivo de parte del coronel español Alberto Bayo. La excelencia de “Guillén” como tirador lo llevó a que fuera designado como instructor de arme y desarme.

No faltaron las delaciones y al regreso a la ciudad de México, la policía mexicana a través de la Dirección Federal de Seguridad y el Servicio Secreto, detuvo a buena parte de ellos, incluso a “Guillén” y fueron sometidos a torturas y vejaciones; los esbirros de la tiranía batistiana a través de su red de espionaje en México trataron de terminar con el Movimiento 26 de Julio.

Al respecto comenta Pinedo: “Esa noche -21 de junio- Zelaya es vendado de los ojos y amarrado, en la parte trasera de un auto, en el piso, es trasladado a El Pocito, donde lo desnudan, atan de pies y manos a un poste y lo golpean hasta el desmayo una y otra vez, las técnicas policíacas de la época en todo su esplendor. Luego lo sumergen repetidamente en una pileta de agua helada, hasta el límite de la desesperante asfixia. En medio de la tortura reconoce voces con acento cubano, los tentáculos de Batista los alcanzan hasta México”. Después de seis días es liberado y se reencuentra con otros compañeros, donde se entera que Fidel seguía en prisión.

A principios del mes de julio, recibió indicaciones de trasladarse a Veracruz donde continúan los fuertes entrenamientos en táctica guerrillera, arme y desarme y ejercicios de remo en el río Jamapa y en Boca del Río; una inesperada enfermedad se le presentó en el mes de septiembre y es trasladado a la Ciudad de México, para que se alivie, hospedándolo en la casa de la calle Cuzco No. 643 de la colonia Lindavista y después de un mes se reincorporó a sus actividades preparatorias de la invasión a la isla de Cuba. 

El 25 de noviembre de 1956, saldrían de Tuxpan, Veracruz aquellos entusiastas jóvenes que estaba a punto de cristalizar sus anhelados sueños revolucionarios.  “Al filo de las dos de la mañana, en medio de una tormenta que ponía en serio peligro su vieja nave, los hombres embarcaban apresuradamente su peligrosa carga: rifles antitanques, carabinas, ametralladoras, pistolas, municiones y pertrechos a bordo del Granma, un yate de casi veinte metros de eslora, anclado en la bahía de Tuxpan, Veracruz, en México.

En la noche viento y lluvia se confabularon para detener el inicio de una revolución; aunado a esto las autoridades del puerto veracruzano disponían la prohibición en el sentido de que no saliera ningún barco. Pero el Granma partió silenciosamente y se enfrentó al destino del viento y la marea. Era la madrugada del 25 de noviembre de 1956. Ochenta y dos hombres en torno a su joven líder: Fidel Castro, iniciaban la Revolución Cubana…Entre ellos, un mexicano nacido en Torreón Coahuila, de diecinueve años de edad (veinte, cumplidos en agosto reciente), el más joven de los revolucionarios del Granma: Alfonso Guillén Zelaya”, quien también dejó atrás su nombre de pila: Alfonso Zelaya Alger.

Después de siete difíciles días de navegar, desembarcaron en Oriente y el coahuilense, quien fue uno de los que más problemas tuvo por el mareo, se convirtió en el primer héroe, pues salvó de ahogarse a uno de los revolucionarios, que por su baja estatura, estuvo a punto de ahogarse y “Guillén” lo sacó y cargó en los hombros.

El periodista Pinedo expresa: “Tras el combate de Alegría de Pío, cuando se dirigían a la Sierra Maestra, en donde estaba planeado el centro de operaciones guerrilleras, cayó prisionero y fue condenado a seis años de cárcel en el Presidio Modelo. Por ser mexicano, el gobierno de  Adolfo Ruiz Cortines gestionó su indulto, el cual Guillén con tozudez rechazó.

La salida del régimen de Batista fue deportarlo por indeseable y provisionalmente fue trasladado a la prisión del Castillo del Príncipe en La Habana, en donde salió hacia México el 17 de diciembre de 1957, poco más de un año permaneció en la Isla”.

Doce meses y catorce días después regresó a La Habana, el 2 de enero de 1959, ya que un día antes los barbudos cubanos habían tomado la capital cubana haciendo huir al dictador Fulgencio  Batista.

Sus compañeros lo recibieron como el héroe que era y fue ascendido a capitán del ejército revolucionario; ahora, además de ser mexicano, coahuilense, torreonense, juarense, era también cubano. En la isla se casó y se estableció con su familia. Ocupó la vicepresidencia del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, así como en otros ministerios e instituciones cubanas.

Alfonso Zelaya Alger o “Alfonso Guillén Zavala” o “Guillén” por sus particularidades físicas parecidas a “un gringo” no estuvo exento de problemas con algunos cubanos, pero su carácter sencillo, de buen humor y hasta mordaz con quienes no le caían bien, lo sacó avante de dichas situaciones

Supo de la caída del Muro de Berlín, la Perestroika, el retiro de la ayuda soviética a Cuba y alcanzó a ver el inicio del duro “periodo especial”, donde como un cubano más, hizo fila para proveerse de los suministros.

Alfonso Zelaya Alger murió en Chihuahua, Chihuahua en una visita que hizo a esa ciudad. El multicitado periodista juarense Antonio Pinedo escribió: “La muerte lo alcanzó inesperadamente el 22 de abril de 1994, en la ciudad de Chihuahua, en el hotel San Francisco, su corazón lo traicionó.

Fue un hombre modesto, optimista, austero, de carácter franco y guasón, aunque mordaz para quienes no le agradaban. Lo recuerdo llegando a la revista Semanario, cuatro años antes, de ojos juveniles y juguetones, negándose a hablar de sí mismo. Sus restos descansan en Cuba desde el 25 de abril de 1994, el sepelio fue digno de lo que era un héroe nacional en la Cuba revolucionaria. Murió amando a Cuba y a México”.

Coahuila tiene un héroe revolucionario internacional y en estos últimos años que el Gobernador del Estado Prof. Humberto Moreira Valdez ha incrementado las buenas relaciones con la hermana República de Cuba, el Instituto Nacional de Antropología e Historia en Coahuila, propone un homenaje a este coahuilense distinguido, por medio de una investigación profunda de su vida y accionar revolucionario, se construya una estatua y se le de su nombre a una avenida en Torreón o Saltillo.

Héctor Jaime Treviño Villarreal

INAH-Coahuila

Notas

1.- Este artículo es una síntesis de un texto mayor en proceso; la inquietud sobre “Guillén Celaya” nació a través de ese portento maravilloso que es la carretera de la información o “Internet” en el sitio almargen.com, donde descubrimos el magnífico trabajo del periodista Antonio Pinedo, y supimos quien era este brillante comunicador: “ANTONIO PINEDO es uno de los periodistas más importantes del norte de México. En 1989 fundó la revista Semanario, la más importante del estado de Chihuahua (y precisamente, en agosto de ese año, Guillén Zelaya visitó las oficinas de la publicación en Ciudad Juárez). También dirige Meridiano 107 Editores, especializada en  libros sobre historia regional”.

2.- Los entrecomillados se obtuvieron del artículo de Pinedo publicado en Internet el 1º. de julio de 2005.

 


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