Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaPersonas humanas maravillosas que se dedican a estudiar y prepararse científicamente para remediar el dolor de los seres que habitan el planeta, la sociedad conoce de los grandes descubrimientos científicos, que los genios de la medicina han puesto al servicio del hombre para que extermine epidemias y alivie el sufrimiento.


Todos sabemos del esfuerzo que despliegan las personas que abrazan la carrera de la medicina; son días y noches que transcurren metidos en el contenido de los libros, pasando exámenes y pruebas que los van moldeando y preparando para enfrentarse en la vida cotidiana: al sufrimiento, al dolor y la miseria, de las capas sociales desprotegidas que casi siempre habitan en las regiones más recónditas de los pueblos y ciudades.

Su misión: acudir donde alguien sufre, de día o de noche y llevar el consuelo y el alivio al dolor, tal vez encerrada la solución en una pastilla, una inyección o en la cucharada de un medicamento, y aplicar también el bálsamo maravilloso de la sutil conversación y los consejos que en ocasiones curan más que la propia medicina; se convierten en confidentes sin estar tras un confesionario y escuchan las penas del alma que también alivian.

No sería correcto mencionar el nombre de algunos de ellos, que desde siempre nos han auxiliado en el alivio de nuestras enfermedades, por que correríamos el riesgo de dejar fuera de la lista a alguien que debiera estar en ella, por haber resuelto algún problema y nuestra flaca memoria no los recuerda.

Vayan nuestras líneas llenas de gratitud, hacia todos los que ejercen las ramas de la medicina, no importa la especialidad, mujeres y hombres que día a día luchan sin reservas por cumplir su noble misión.

El que escribe es uno de los seres vivientes más agradecido con los médicos, que con su sabiduría y cuidados le han prolongado su vida y le han permitido gozar de la presencia de los nietos y bisnietos que son esencia divina, que perfuman y alegran la existencia de quienes ya recorren el tranco final del camino.

En su día levanto la exquisita copa que contiene el vino sagrado de la gratitud, para tomarla con efusión, pidiéndole al Ser Supremo que los colme de Felicidad, siempre.

SANTOS NOÉ
Cronista de la ciudad
Miembro activo de la AESH



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