Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaNuestro hermoso valle tiene una relación perenne con la corriente cristalina que nace entre una arboleda al pie de la sierra; y el clima extremoso que nos lleva a los límites de la desesperación: oscila entre los polos de la barra mercurial; en invierno llega a varios grados bajo cero y en verano alcanza más de los cuarenta.

En los años llovedores el río fluye y sus aguas bañan y riegan las tierras preparadas para la agricultura y la siembra de árboles frutales; los habitantes del poblado y sus alrededores disfrutan de la frescura de sus aguas y se bañan alborozados en los diferentes sitios arreglados para tal fin. Las Autoridades en su inquietud por dar comodidad a los visitantes han construido instalaciones que de período en período, son arrasadas por las aguas turbulentas del monstruo que finge dormir y despierta al llamado del clima que se agita en aguas del Golfo de México.

Nuestro pueblo: el que fuera Real Valle de Santiago de las Sabinas; ha sufrido en diferentes épocas: 1895, 1909, 1933, 1938, 1967, 1988 por citar algunas fechas; los efectos devastadores de las torrenciales lluvias que al acumularse en el lecho del río, embisten con furia sus márgenes y en ocasiones se salen de madre. Antes de la fundación del pueblo el río tenía dos cauces, el actual y el que corría por lo que otrora se llamara Calle de Piedra; en su furia se llevaba toda construcción; como sucedió en 1712, destruyó las paredes de adobe de lo que fuera la primera iglesia; nuestros ancestros pensadores sublimes y hombres emprendedores: en 1851 decidieron cambiar definitivamente el curso del río y así fue como se dieron a la tarea de construir un tapón a partir del Charco del Lobo, desviando sus aguas hacia el cauce que todos conocemos; imaginemos la titánica tarea que desempeñaron para acumular piedra y lodo para hacer el retén que impediría que las aguas siguieran el viejo camino. A golpe de músculo auxiliados por sus animales de trabajo realizaron la proeza; los sabinos que crecían en sus márgenes eran los guardianes principales que impedirían que las aguas se derramaran causando daño al poblado; que ya se formaba en lo que después se llamaría Barrio del Aguacate; pues ellos se encargarían de controlar la furia del torrente. Pero el hombre en su afán dizque progresista se ha encargado de matar estos bellos ejemplares de la naturaleza y ya no hay quien controle la furia de las aguas. El hombre por su deseo de expansión, ha invadido los lechos de los arroyos y construido viviendas en los lugares bajos y las aguas que buscan desembocar en el río, se encuentran obstáculos que impiden su paso y con furia destruyen lo que les evita avanzar.

El miércoles 30 de junio y el jueves 1º de julio, las Autoridades Municipales que nos rigen, se las vieron negras para poder dar auxilio a tanta persona damnificada, en su persona o en sus bienes; el saldo: colonias inundadas, pavimento arrancado, muebles flotando, automóviles destruidos; una vez más la naturaleza castigó a quien pretende burlarla.

Todo el noreste del país y en especial la capital, sufrieron la furia del Huracán Alex; a nosotros nos obligan las circunstancias a ser solidarios con los damnificados y a pensar que con toda nuestra sapiencia, nunca podremos dominar ese cúmulo de fenómenos que llamamos naturaleza.

Profr. Santos Noé Rodríguez Garza
Cronista de la ciudad
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo



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