Profr. Benito López ValadezCorría el año de 1973, cuando el grupo de pescadores formados por: Oziel Ruiz García, Leonel Arturo Ruiz Reséndez, Jesús García Benavides y 5 amigos más de este último pescador y compañeros del Banco de Comercio de Monterrey, N.L., llegaron casi obscureciendo, cuando los pauraques empiezan a salir, se acompañan en un claro del terreno de “Pepe Guerra” y se preparaban para cenar, cuando recordaron:

- ¿Para qué llevamos leña al monte al fin y al cabo allá hay mucha? (y eso que la excursión duraría dos días).

Como llegaron ya obscuro ya no pudieron encontrar la leña, entonces Leonel se acordó que en la parte más alta del enorme sauce que crecía a la orilla del Río Álamo, había visto en la vez anterior, varias ramas secas y dijo:

- Aquí espérense, no se muevan, voy por la leña allá arriba del sauce.

Subióse con gran agilidad felina y en unos instantes, ya estaba aventando las ramas secas del sauce. (Los invitados banqueros veían atónitos aquella demostración del pueblerino).

Cuando de repente, estaba abrazado del tronco del sauce, divisó una rama un poco más gruesa que las demás y pensó:

- A esta, le voy a dar un golpe más fuerte con el botín izquierdo para trozarla.

Y así fue, tal movimiento, lo hizo soltarse del tronco y que se precipitaba al vacío. Llevaba recorrida la mitad de la altura del citado sauce, cuando por arte de magia, se abrazó nuevamente al tronco del árbol y como venía cayendo, no pudo detenerse y siguió cayendo al espacio, hasta que rebotó en el suelo, ante los asombrados compañeros, que hasta se oía lo que pensaban:

- ¡Si no se agarra del tronco del sauce se mata! y se nos acaba la pesca!

Cuando ya se había repuesto del tremendo susto, se observó del pecho a los botines y se oyó que dijo:

- ¿Y la camisa que traía dónde quedó?

Efectivamente, estaba todo herido y arañado, parecía que un tigre le hubiera dado de zarpazos. (O como que lo habían lijado). Los restos de la camisa, yacían como mudos testigos, regados en varias partes del tronco del sauce.

Al poco rato, estaba todo tembleque, como aquellos pescadores de la década del 30. (Lo más triste era que de la cena ya nadie se acordaba).


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