José Castellanos MaldonadoVicente Fox no se quiere quedar con las ganas, por eso busca convertir en realidad algo que durante su gobierno fue una obsesión y un sueño irrealizado, pues aunque siempre insistió en la idea de que vivíamos en un país de maravillas, lo cierto es que ello sólo ocurrió en su mente.

Me refiero al anuncio de que el ex Presidente proyecta construir un “Foxilandia” en la comunidad rural de San Cristóbal, en su natal Guanajuato.

De acuerdo con la información publicada en los medios, el mencionado proyecto contempla ampliación de la carretera de dos a cuatro carriles, construcción de un museo, una biblioteca, un Centro de Estudios para la Democracia, un hotel de cinco estrellas, un restaurante y un centro comercial.

Obviamente, un proyecto de tal envergadura debe costar muchos millones de pesos, e independientemente del guardado que haya logrado reunir a lo largo de su sexenio, se dice que también le han ofrecido apoyo sus cuates de la Iniciativa Privada, y hasta la Fundación Vamos México, que presiden su esposa Marta Sahagún.

La primera impresión es que Fox no se resigna a las sombras y está obsesionado por seguir bajo los reflectores, reforzándose, de paso, la idea de su falta de sensatez, discreción y prudencia que lo caracteriza.

A quien no debe hacerle ni tantita gracia el egocentrismo y afán protagónica es al Presidente, Felipe Calderón, pues, además de robarle atención y reflectores, le mete ruido a su gobierno.

Así las cosas, no deberá sorprendernos si en alguna dependencia del Gobierno Federal actualizan algún asunto pendiente para sosegar a quienes no les ha caído el veinte que ya concluyó su sexenio o, peor aún, que con toda premeditación y con no muy buenas intenciones pretenden sembrar de abrojos el camino del incipiente Gobierno Calderonista.


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