Celso Garza GuajardoPlática desarrollada el día 1º de mayo en la sala del Ayuntamiento.

Alguien que por primera vez llegase a esta ciudad en afán de observar, de escudriñar aquello que fuese diferente, aquellos que estuviese a la vista peor cuyo significado ser perdiera por la rutina de los hechos, seguramente se toparía con muchas cosas que llamaría su atención al deambular por las calles y rincones del pueblo. Una de esas cosas que llamaría su atención sin lugar a dudas sería un monumento, especie de obelisco entre dos escuelas en medio de un páramo de patio bajo el sol calcinante y polvo de por medio… lo observaría a través de una larga barda y trataría de explicarse  por qué está aún, en honor de qué hecho o acontecimiento o quien es aquel personaje… ¿Porqué ese aparente abandono y soledad?… un asta-bandera sin usarse, un farol sin luz, unas cadenas perdidas… pero a pesar de todo ello llama la atención lo hermoso del monumento, la fuerza y la sencillez es perspectiva que dan naturalidad en aquel páramo, la blancura de granito, las líneas a lo alto, a ello sirviéndose de fondo el cielo azul, las nubes blancas y una sinfonía de eco de los tiempos.

El visitante aquel se preguntaba ¿Quién es? ¿Qué hizo? ¿Cuándo lo hizo? ¿Dónde quedaron sus obras?… luego preguntaría por aquí y por allá para responderse y por fin solamente los viejos sabrían contestar, los viejos de la aldea, aquellos que no tienen títulos ni diplomas, aquellos que solo tienen su sabiduría por la constancia de estar en el pueblo… los jóvenes no le habrían sabido explicar y casi tendrían las mismas inquietudes y preguntas… pero los viejos, los sabios de la aldea, esos le enterarían de todo…

Aquel hombre se llamaba Manuel M. García. Nació en la pobreza, al margen de bienestares y de abundancias, en una humilde choza, un 15 de agosto de 1870, por ahí cerca del río y de la acequia, era hijo de Manuel M. García y de Clara Martin. El padre de viejas raíces lugareñas y la madre, joven americana llegada a estos lugares por 1865 con una familia de Texas, encabezada por Henry Martin.

El niño estudio hasta 4º año, para la época era indicativo de una preocupación hogareña por la educación. La madre le había enseñado, además, los rudimentos del inglés… en los tempranos años de su juventud nada indicaba que aquel ser pudiera hacer algo destacado. Más en la vida de todo hombre hay siempre un hecho casual, una casualidad que es siempre el puente desconocido engarzador de nuevos caminos: a temprana edad el joven García era agente vendedor del pueblo de las máquinas de coser Singer. Desconociendo él, se relacionó él con otro vendedor del mismo producto que recorría los pueblos, las villas de Nuevo León y de Tamaulipas.Eran los años de 1884. con el tiempo, ambos personajes se relacionarían: uno de nombre Catarino Garza, encabezaría una revuelta antiporfirista en el Noreste hacia 1890, convirtiéndose en una figura de leyenda; el otro, de apellido García, se involucraría en ducho movimiento, por tal motivo tendría que abandonar estos lugares y el país mismo, por bastantes largos años.

De trabajo, en trabajo, aquel joven parecía no sentar cabeza, hasta que, inmiscuido de hechos políticos, se ve obligado a abandonar el país cuestión que sucedía hacía 1895, cuando tenía apenas 25 años de edad. Se embarca desde Mazatlán y recorre como polizonte y como grumete en barcos de carga, distintos puertos del mundo, de varios continentes, hasta que finalmente arriba a Centro América, lugar convulsionado entonces y grandes expectativas además por la construcción del Canal de Panamá hacia fines del siglo XIX.

En el escenario centroamericano esta figura se pierde y se engrandece a la vez. Se pierde porque ya nadie habla más de él en el pueblo de su origen y se engrandece porque allá hará una nueva vida. Recorre Centro América de Panamá hasta Guatemala, laborando en las compañías constructoras y en las fincas y plantaciones, hasta que finalmente radicará en la República de Honduras hacia 1900, convirtiéndose en una figura activa de la política y de las faenas agropecuarias, iniciando por así decirlo, un imperio económico en suelo hondureño. En grandes extensiones  de tierra le da forma a la hacienda de Bidinichi, en el distrito de Yoro, cultivando distintos productos tropicales e impulsando nuevas técnicas agrícolas, experimentando con  nuevas plantas productos industrializados. Al paso del tiempo se convierte en una figura de prestigio y de influencia en la región formando familia al lado de la dama hondureña Teresa Rivera, con quien en el transcurso de los años procrearía nueve hijos, cinco varones y cuatro mujeres.

Durante tres largas décadas estaría ausente del pueblo, tres largas décadas en las cuales una leyenda había surgido fuera para retomar luego a su lugar de origen. Mientras tanto, en México se había dado el auge y decadencia del porfiriato e iniciado la Revolución de 1910; y hacia la década de 1920, estaban planteados los grandes transformaciones estructurales del país y los caminos sociales, económicos y políticos más álgidos en la historia de México, del presente siglo.

Don Manuel M. García retoma al pueblo exactamente en los finales de la lucha armada post-revolucionaria, ene l momento del domino pleno de los gobiernos de Obregón y Calles, en el inicio de las instituciones del nuevo estada mexicano. Retornará por 1927, en una época nueva para el país, en su época, la época del progreso a la que él quería deberse.

En la década de 1927 a 1937, este país sufre más grandes transformaciones sociales, políticas y económicas: la consolidación política de proceso de la Revolución, los grandes cambios en el campo, en la educación y en las estructuras nacionales. En ese contenido de esa época, en una década, es donde se da la presencia y trascendencia de Manuel M. García en este pueblo.

Paradójicamente, la obra de Don Manuel M. García representa el impulso más fuerte, transformador de los ideales de la Revolución en Sabinas Hidalgo: apertura de fuentes de trabajo y de obra pública con pago de salarios mínimo. Edificación de las casas por la calle Lerdo y por las calles Mina y Ocampo donde residía, construcción de la Escuela Monumental que lleva su nombre, utilizando los cimientos del proyecto de Palacio Municipal; compra de un terreno y edificación de la Escuela Teresa R. De García, compra de una manzana  para ampliar la plaza principal; construcción del canal del Ojo de Agua y de las dos turbinas para generar luz eléctrica; construcción de los molinos de trigo; construcción de una fábrica de hielo; puesta en marcha de la despepitadota de algodón, siembra de críticos y árboles frutales en experimentación por la ribera del río, lo mismo en el Barrio del Aguacate; implantación de la escuela granja para la educación agrícola; siembre de viñedos; edificación de la hacienda agrícola EL Cochinito, con técnicas y maquinaria nuevas, cría de cerdos, cristalización de aguas saladas en Vallecillo; formación de la Banda Municipal de música. Esas y muchas más fueron sus obras.

La década referida es a nivel nacional la década del nacionalismo revolucionario, el momento donde hacen síntesis la lucha armada con la obra transformadora social y política. En largo el período de las transformaciones que dan luz y vida al México del Siglo XX. La época, pues, de Manuel M. García es, contradictoriamente a lo que se puede pensar, la época del nacionalismo revolucionario al cual él, con profunda vacación de servicio, deseaba no sólo adaptarse, sino también impulsarlo.

Por ello, la obra filantrópica y humanística de este personaje no tiene el sello de la dádiva, sino el rumbo histórico, es el camino transformador al que hay que entregarse con reto sacrificio, sin esperar nada a cambio en ese momento.

¿Al llamado de qué anhelo, de qué búsqueda, de qué pasado de angustias y dolores regresó Don Manuel M. García a su pueblo?… Más aún, pudiendo regresar con el plan tan sólo de visitante o de hombre próspero para hacer gala más de su forma personal. ¿Por qué retornó en lucha consigo mismo y con los demás para revivir las raíces y cautivar la transformación del pueblo?. Porque doce años retornó a su pueblo, concentró su existencia, su forma y su visión nosotros… las calles de Lerdo y Ocampo guardaron los ecos de su vida cotidiana; pero sobre todo, las obras materiales y el ejemplo espiritual de su trabajo es el que se quedó para siempre con nosotros. Se quedó para siempre con nosotros su visión del progreso, técnico y espiritual: la construcción de escuelas, el impulso a los trabajos agrícolas, la canalización del Ojo de Agua, la Turbina, los molinos del trigo, las fábricas de luz, su sentido de justicia social y muchas, muchas cosas más.

Contradictoriamente, Don Manuel M. García se rebeló y se marcho en el apogeo del régimen porfirista en 1895 y regresa en el apogeo del inicio de las instituciones de la Revolución Mexicana en 1917, durante el gobierno de Calles… como que el tiempo le jugó al revés, más él salió venciendo por su ejemplo, se topó siempre con el estado, pero se quedó con la sociedad civil… sus obras de filantropía y de humanismo le engrandecen. Hoy los recoge toda la sociedad, el estado y pueblo de Sabinas Hidalgo. Sus lecciones en un Sabinas cuatro, cinco veces mayor de lo que quedó cuando se fue para siempre a morir en honduras, el 22 de octubre de 1941, con el mandato de que en cada uno de nosotros debe existir germinando la semilla del progreso, de la redención y del beneficio colectivo. Sólo así tiene sentido la vida. No importa que nos topemos al revés con las cosas, como le sucedió a Don Manuel M. García en su vida ¡No importa!… luego la historia las coloca en derecho.

Las obras que son amores como dice el refrán no se valoran por lo material, por la dimensión, aún cuando éstas, para  nuestro pueblo, se les puede clasificar dentro de las maravillas sabinenses, siendo ahora verdaderos monumentos históricos como la Escuela Monumental ”Teresa R. De García”, el canal de la Turbina, los molinos, etc. Las no tienen valorización tanto en los recursos que en el momento se invirtieron en ellas, como en lo que en realidad intentaban expresar: la lucha por la redención social y el progreso ligado a la justicia vehementemente popular. Las obras emprendidas por Don Manuel M. García tienen sello histórico de la redención social y de la justicia popular. Hechos con carácter civil, conjugan las contradicciones sociales, los antagonismos incluso y la participación de la sociedad y del estado en su momento.

Hoy, muchas de esas obras pueden estar perdidas, en ruinas, abandonadas o decaídas, pero no es eso lo que importa, lo que vale, lo que perdura, son las lecciones en que se fincaron, las lecciones que se aprenden.

Así como un día de 1917, llegó al pueblo, un hombre al que nadie conocía, alto grueso, color blanco, ojos vivos, nariz recta, de voz grave y dominante, vestido de sombrero de ala ancha y chaqueta de gamuza, de carácter recio, dinámico, incansable… así como llegó para transformar el pueblo, sí como llegó para transformar el pueblo, así se fue un día, quizás  cargado con penas y amarguras, allá por 1939, para ya no volver, para morir en las Honduras un 22 de octubre de 1941. Se fue llevándose consigo la grandeza contradicción, el amor y la desesperanza, queriendo dejar más lecciones por aprender.

Medio siglo después de todo aquello, la historia sigue pendiente, por ahí está la leyenda del hombre, por ahí quedó también la época, por ahí están sus obras, todo ello más su ejemplo nos agita en nuestras conciencias y en nuestros corazones.

La leyenda es fácil de captar, la época puede ser estudiada, las obras pueden ser relativamente mantenidas, pero lo que es verdaderamente tarea de nuevos hombres, es seguir su ejemplo… lo que sigue ahora somos nosotros, la obras para esta época, los hombres de este instante en los destinos de la vieja aldea y del México de siempre. Todo aquél que quiera aceptar retos y sacrificios, que quiera ser partícipe del progreso social y de la justicia popular, tiene en Manuel M. García un ejemplo a seguir.

Ese es el único significado de este homenaje: Repasar entre todos, lecciones a nosotros mismos en esta época de hoy.

Relación de obras de Don Manuel M. García

  1. Restauración de una finca para recibirlo, por la calle Lerdo. Aproximadamente en el año de 1927
  2. Construcción de una casa más grande, por la calle Mina, donde vivió hasta su partida
  3. Se construye la Escuela Monumental “Manuel M. García” y para la ampliación compra unas fincas al lado sur para la edificación de la Escuela “Teresa R. de García”.
  4. Pavimenta la calle Lerdo, la primera, con cemento
  5. Compró una manzana de fincas para ampliar la plaza antigua “Hidalgo” o “Juárez”.
  6. Construyó el canal para la Turbina en dos tramos, primero la Turbina, que no dio servicio para la capacidad de generar electricidad para el pueblo e industrias
  7. El segundo o sea el actual, si dio capacidad para generar electricidad para el pueblo y los molinos
  8. Construye los molinos de trigo
  9. Construye una fabrica de hielo
  10. Construye un “Yem o Jim” (despepitadora de algodón)
  11. En el Ojo de Agua compró unos terrenos y sembró críticos y demás árboles frutales con el impulso de unos motores extraía agua (esto fue en una antigua granja)
  12. Compró unos solares en el barrio del Aguacate, para implementar sistemas modernos de cultivos y variedad
  13. Adquiere por la Carretera Nacional, al norte del pueblo, en el kilómetro 22, unos terrenos, construyendo una finca para sembrar viñedos
  14. Más al norte por el mismo rumbo, compra otros terrenos para establecer una hacienda agrícola, construyendo una presa para el regadío ésta se llamó “La Peinada” (siendo la más grande de sus propiedades)
  15. Por la misma carretera al norte, kilómetro 10, establece otra hacienda agrícola “El Cochinito”, estas haciendas fueron muy productivas, levantándose grandes cosechas, principalmente de maíz y de trigo. Desafortunadamente con el tiempo fueron afectadas por los agraristas… por el Gobierno. De ahí su decepción y se fue a Honduras al ver que el pueblo no le respondía o apoyaba en sus protestas
  16. Por último adquirió en Vallecillo una propiedad o rancho que poseía minerales, resultando más efectiva la cristalización en el agua en sal comestible

8 de febrero de 1984.



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