Escribir sobre una hazaña o varias, realizada por nuestra gente, definitivamente es muy agradable, porque en ella no solo va el recuerdo grato, el nostálgico vuelto a vivir, también el ejemplo a seguir y el reto a superarlo.

El detalle es que todo tiene un escabroso principio, de allí el mérito de los iniciadores de cualquier actividad, pues sin ellos este espacio estaría vacío, y me refiero en esta ocasión a los pioneros del béisbol infantil en Sabinas Hidalgo, N.L.

Inauguración de un torneo en los años setentas

La tarea es documentar los más importantes sucesos en el área deportiva, y como la moneda tiene dos lados, publicar el resto posteriormente, porque hubo lagrimas de alegría, de tristeza, impotencia y coraje por la derrota, hasta un directivo derramó en plena asamblea, como perlas que caen al mar, varias gotas de agua de sus ojitos, para no pagar, los boletos de una rifa que él, ya se había gastado.

Así es esto, de lo sublime a lo ridículo, por supuesto que no ganó el Oscar, pero gracias a su talento histriónico escaló algunos escaños disfrazado de oveja en una actividad similar, donde ha permanecido cobijado por neófitos en materia deportiva.

Pero vayamos a lo bueno, a la formación de los niños, al complemento de la educación, del hogar y de las aulas; a ese valor tan pasado de moda llamado disciplina, combinada con lealtad, perseverancia, espíritu de competencia y mucho amor para defender los colores de su equipo, y después, de ser necesario, la patria.

En 1980, 14 niños de 10 años promedio y 4 adultos, salieron a poner en alto el terruño en el rey de los deportes, y lo sorprendente es que lo realizaron sin perder un solo juego, pasando a lo extraordinario, sin requerir de ningún pitcher relevista durante todo el trayecto.

La aventura que no fue obra de la casualidad, sino de la voluntad, de sus visionarios y filántropos iniciadores; sin ayuda oficial hay que invertir horas y más horas de trabajo, no solo en entrenar e instruir a los muchachos, hacer labor de convencimiento con los padres de familia, integrándolos en actividades para lograr recursos, en fin, hay que hacerla de todo: Cocinero, electricista, intendente, publicista, psicólogo, enfermero etc., y terminar siempre, metiéndose la mano al bolsillo para completar.

Que me lo desmienta el Profr. Jorge Mascareñas Valadez, que puso en marcha en 1955 el primer circuito infantil en esta población, al cual denominaron “Enrique Chapa”, con la colaboración de Luis Treviño, Luis Lauro Ayala y otros amigos.

Al año siguiente, 1956, Semana, publicación local que ya llegó a su sesenta aniversario, organizó la segunda temporada, en la que resultó campeón la Casa Minerva, patrocinado por Don Francisco Ayala y dirigido por su hijo Luis Lauro.

A lo que quiero llegar es a expresar con hechos, que los títulos no se dan en maceta, se trabaja mucho para obtenerlos y se deben, en gran parte, a la base, a esos cimientos de dos pilares fundamentales: El Profr. Jorge Mascareñas y un joven con poca trayectoria en el rey de los deportes pero mucha visión, al afiliar en el año 1966 a Sabinas Hidalgo en el programa mundial de béisbol con sede en Williamsport, Pennsylvania: Esteban Silverio Gutiérrez Garza, inspirado por el derroche de amor al deporte de su antecesor, no descansó hasta ver cristalizados sus sueños, al quedar grabado en su mente el encuentro que concretó el Profr. Jorge entre su selección y los que serían campeones mundiales en 1957.

César Montalvo, quien fue siempre su asesor, estuvo presente en la ceremonia de inauguración, además Don Joaquín González y Don Manuel González Caballero, quien arrancó las lágrimas de algunos aficionados allí presentes, al narrar la odisea de los “Pequeños Gigantes de 1957”.

Antes de entrar en materia (El campeonato nacional Pee Wee 1980) es justo señalar la inspiración de Esteban: El graderío del parque “Gilberto Garza” era insuficiente en el mes de julio de 1956 para ver ganar a los visitantes por 9 carreras a 6 ante los locales, que mandaron al centro del diamante a Francisco “Villaldama” Pérez y mantuvo a raya, con sus “ganchos”, por 3 entradas, a los cañoneros de la Liga Industrial.

Ángel Macias no venía en esa ocasión, pero sí Enrique Suárez, “Pepe” Maiz, Francisco Aguilar, Norberto Villarreal, Fidel Ruiz y el doble campeón mundial, Ricardo Treviño, acompañados de Don José González Torres, César L. Faz y Harold “Lucky” Haskins.

Por los nuestros recuerdo los riflazos de “Paco” Pérez, también las atrapadas de Valente Muñoz, Isidro Garza, “Trine” Flores, Manuel Escamilla, Omar Ruiz, Rogelio Cervantes, Ricardo Ibarra, Manuel Villarreal Ibarra, Ricardo Villarreal, Luis Lauro Cervantes, Víctor Garza Ruiz y Leonel Baldazo.

La imborrable historia es muy larga, como extensa, valga la redundancia, fue la espera para obtener el primer triunfo en los torneos de área o de distrito, y sucedió hasta que uno de los iniciadores de la época de Esteban, y participante de los 3 campeonatos nacionales, se echó a cuesta la coordinación de la división Pee Wee (Niños de 9 y 10 años).


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