Ramiro Rodríguez Martínez“Si no soy protagonista, no asisto”, este es el pensamiento de muchos de mis colegas escritores cuando se trata de apoyar algún evento literario. El escritor puede ser un individuo egoísta y vanidoso, como cualquier otro ser humano, porque es un ser humano, y como tal, puede padecer la terrible inflamación del ego: egotitis. Egocentrismo, dicen los psicólogos. Esto viene a raíz del Primer Encuentro Binacional de Poesía “Río Bravo/Río Grande”. Me comentó una persona a quien conozco desde hace muchos años: “Oye, no incluiste a Fulano en el programa”, señalando a su acompañante. Mi respuesta fue que no lo había hecho ya que el evento no era un encuentro de poetas de Matamoros sino de la región norte de Tamaulipas y del Valle de Texas. Se había convocado a algunos de Matamoros, tal vez algunos de los más representativos y algunos otros de Tamaulipas, así como algunos del Valle de Texas. El propósito era incluir a escritores de tiempo completo, es decir, escritores con vocación. Había espacio para dieciocho personas. No se planeaba un maratón de poesía. Así es que no se podían incluir a muchos, mucho menos a todos.

El acompañante, quien permanecía sentado viendo hacia otro lado mientras me hacían este comentario, no quiso quedarse para aprovechar todo el evento. Como no fue protagonista, no tenía caso permanecer con las palabras de otros taladrándole el cerebro. Mientras estuvo en el evento se la pasó criticando a cada uno de los lectores y minimizando la calidad literaria de sus propuestas, según la misma persona que me señaló la omisión me comentó después. Luego de un momento breve, el cual debió haber sido un infierno existencial, esta persona se puso de pie con su amargura disuelta sobre la lengua y se marchó de la sala. La tolerancia no fue una de sus virtudes esa noche. La sangre puede hervirnos en el cuerpo, puede palpitar con locura y descaro en las sienes, si no nos invitan a ser protagonistas.

Otra persona no incluida en el programa de esa noche proponía que se le incluyera a cambio de sacar una nota publicitaria en un periódico local. Es decir, se atrevió a chantajear a los organizadores para que se la incluyera en el programa. Quid pro quo: me das oportunidad, te doy publicidad. La corrupción también puebla el campo de las letras.

Para nuestro infortunio, en Matamoros, como en muchas otras ciudades, hay personas que al escribir algunas líneas se hacen llamar escritores. Estoy convencido de que ser escritor no es un pretexto para matar el tiempo ni una actividad que se realiza durante el tiempo libre, como sentarse frente al televisor para gastar las baterías del control remoto. El escritor tiene el compromiso social para darse —en todas las connotaciones posibles de la palabra— a la palabra.



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