Profr. Santos Noé Rodríguez Garza En todo conglomerado humano hay diferentes ocupaciones que se realizan para ganar el sustento diario, una de ellas es muy característica por el gran movimiento que genera alrededor de un par de personas, que en un corto tiempo transforman un lugar; el día de hoy viste un lote vacío, al día siguiente ya existen unas zanjas y unos hoyos, al fin de semana ya está hecha una cimentación y diseñadas unas columnas, y a mediados de la siguiente semana, ya está construida una barda o las paredes de una habitación.

Estos son los albañiles, a quien tuve la oportunidad de observar muy de cerca en su trabajo; los vi llegar muy temprano, estaba fría la mañana, traían en sus manos las diferentes herramientas que ocuparían, en particular palas, carretillas, y un trompo mecánico que utilizan para hacer la revoltura de cemento y arena; llegan y de inmediato se quitan la chaqueta la cuelgan y se ponen a colocar los andamios, y los recipientes para almacenar el agua que van a usar, acarrean los bultos de cemento y los colocan cerca del trompo, que ya está ubicado frente al montón de mixto; el Maestro responsable de la obra, ya trae un ayudante, que lo provee de cuchara de albañil, la regla para nivelar y los tablones por donde se moverá la carretilla que llevará el vaciado hasta el lugar conveniente.

Se da la voz de arranque y el que está junto al trompo, pone agua en su interior, le vacía medio bulto de cemento y enseguida palea una cantidad de cascajo y arena; para entonces el motor que mueve el trompo ya está funcionando, vuelta tras vuelta, el encargado lo gira y lo vacía en una canoa que tienen preparada para recibir la revoltura, de inmediato otro ayudante llena unas tinas que sube a una plataforma intermedia, el siguiente las toma y las deposita en el entarimado, que otro trabajador arroja en una carretilla, que cuando está llena, la llevan a vaciar donde el responsable le indica. Es la rutina que siguen durante un buen tiempo, no hay intermedios, lo que si se escucha son las carcajadas que sueltan cada vez que alguno hace un comentario chusco; sin pensarlo siquiera, están construyendo un techo que albergará tal vez a una familia como la de ellos, que con su esfuerzo físico se ganan el pan de cada día; pan que ha de saberles a gloria, pues si cumplen con el precepto divino de: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”.

Terminan el vaciado lavan las herramientas y la tradición indica que el dueño del trabajo debe premiarlos con un almuerzo de chicharrones, tortillas y refrescos, que ellos consumen con apetito gozando de la dicha de haber terminado un trabajo.

Prof. Santos Noé Rodríguez Garza
Cronista de Ciudad
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo


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