Francisco J. Echazarreta Tan Arraigados a nuestro entorno, tan familiares a nuestra forma de ser, tengo en mi mente grabados unos o más bien una hilera de ellos que se encontraban al subir el camino que te llevaba al ojo de agua como una estampa inolvidable, no se por que pero se me graba mucho el verlos junto a una cruz, de una historia y una tragedia que ahí sucedió. Tomar el camino a dicho paraje todo aterrado, pasar el vado ya sea a pie o en bicicleta o cuando íbamos de paseo en la escuela, voltear hacia la subida y ver la cruz como una cruz de olvido y sus guardianes inseparables de mezquites hoy ya no esta la cruz ni tampoco los mezquites.

Otro de ellos y donde hoy día esta erguido el templo de Guadalupe por la calle B. Reyes eran solares todos ellos lleno de mezquites, todos aterrados, todos llenos de sol, lagartijos y el canto de las “cigarras”, eran el común denominador, algún sonido lejano, de un radio... “Donde escuche el barrilito ahí esta... etc.” Eran tiempos de que “el cancionero Picot” (un cuadernillo que los productores de la sal de uvas lo regalaban en cada casa) para después estar oyendo cantar a las costureras:

Un clavo con otro
dicen que si se sacan,
pero tu me has dado
en toda la chapa

O aquella de...

serenos como un lago,
en cuyas quietas aguas
un día me miré.

Pedaleando en sus máquinas la costura... ahí casi en la puerta de la casa y mirando para ver al que pasara o la que pasara... pero volvamos a los mezquites.

Recoger sus frutos que son unas legumbres comestibles como “vainas agridulces” era una practica de familias para comerlos o para dárselos a los “marranos” o “cerdos” los cuales eran criados en el fondo del patio.

Cortar ramas o tumbar árboles de estos para hacerlos leña u horquetas para las resorteras, y la goma revuelta con agua te servía en ocasiones para hacer un pegamento efectivo con múltiples usos como las de hasta pegar los álbumes de los luchadores a los cuales siempre nos faltaba la barajita de el santo para llenarlos.

Finalmente, y esto como un relato de generaciones y sacado de nuestros antepasados cuando la necesidad de medicarse era la de recurrir a nuestro entorno y de ahí sacar la medicina, de la corteza de este árbol, nuestros abuelos sacaban un te que es expectorante (para arrojar flemas) también sirve para desinflamar lo hinchado de los ojos, o para desinflamar el intestino grueso.

Por eso los mezquites son propios de estas tierras en el mundo, se dan en todo el sur de ESTADOS UNIDOS DE AMERICA y todo el norte de MEXICO en tierras semidesérticas, árbol de duro y grueso tronco, raíces profundas... el hombre es lo que come y lo rodea... será por eso que nos identificamos a ellos.


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