Profr. Otoniel Arrambide VillarrealA fines del mes de octubre de 2012, acudí a la cabecera municipal de Vallecillo, Nuevo León, (por cierto, pueblo fundado en 1766), siendo el motivo primordial saludar a mi amigo Numberto Serna Guzmán, Presidente Municipal de aquel lugar.

Después de dialogar cordialmente con este funcionario público, me despido y de pasadita llego al cementerio local para visitar las tumbas de algunos de mis familiares cuyos restos mortales se encuentran descansando y durmiendo el sueño de la eternidad. Al llegar a ese sagrado lugar me recibe amablemente el encargado de la limpieza y vigilancia, Sr. Rodolfo Montemayor; entablando de inmediato amena conversación, pues es él, un amigo que conocí cuando se desempeñaba como policía municipal en la época que yo laboraba como Srio. del R. Ayuntamiento en el trienio 1989-1991, durante el período del Alcalde Ing. Héctor Mario Sánchez Serna.

Me llamó mucho la atención el comentario que me hizo en el sentido de que en algunos días se escuchaban voces que provienen de uno de los monumentos mas antiguos y por ende abandonado, situado en el centro del camposanto, pintado o mas bien despintado, notándose el color blanco, así como parte de la pared que da al norte, derrumbada en parte.

Como notó mi interés por su comentario, me invitó a que nos acercáramos al citado monumento y estando frente al mismo se observa una pequeña placa en la cual se puede leer: "Aquí yacen los restos mortales de Don Rafael Góngora que nació en San Nicolás de Los Garza el 9 de febrero de 1815 y falleció en Vallecillo el 25 de julio de 1872", (Cuando este pueblo había cumplido 106 años de su fundación). Prosigue el epitafio expresando: "Su muerte es profundamente sentida de su esposa, de su hijo, de sus deudos y amigos por haber sido un excelente hijo, buen ciudadano, fiel esposo y leal y desinteresado amigo". "Su espíritu libre ya de las ataduras del cuerpo, goza de una nueva vida en el seno de su Creador". "Su esposa consagra este monumento en su honor".

Por los datos anteriores se llega a la conclusión de que su deceso ocurrió cuando tenía 57 años de edad y que muy probablemente fue una persona de buena solvencia económica, que llegó a Vallecillo en busca de acrecentar su fortuna, invirtiendo parte de su capital en la explotación de las minas ricas en yacimientos de plata, las cuales se ubican en los lomeríos que limitan a la población por el lado poniente. Por las condiciones que se encuentra este monumento, es de suponerse que algunos malvivientes, atraídos por los comentarios de los lugareños sobre los sonidos que de esa tumba procedían, la profanaron en busca de algún tesoro consistente en objetos o monedas de plata, encontrándose quizá solo con alguna parte de la osamenta la cual dejaron al descubierta en parte.

Es digno de admirar esta construcción que sin recibir ningún tipo de mantenimiento desde hace ya mucho tiempo, aún permanece de pie después de que ya han transcurrido 140 años desde su construcción, quedando solo en el intelecto de los vecinos el misterio de aquellas voces que de cuando en cuando se escuchan provenientes de esa construcción. ¿Será acaso el alma en pena de Don Rafael Góngora?. Esta duda encierra un gran misterio y permanecerá por siempre a través del tiempo que está por venir.

Profr. Otoniel Arrambide Villarreal
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo



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