Profr. Otoniel Arrambide VillarrealDesde que yo era un niño se me quedó grabada para siempre la imagen tierna y maternal de esta extraordinaria mujer sabinense, prototipo de la madre abnegada, amorosa y además, fiel esposa, verdadero ejemplo digno de ser imitado por toda buen mujer, como singular ama de casa.

Nació un 16 de abril de 1931, viendo la luz primera en aquella localidad que el maestro "Panchito" bautizara como la "Cara Aldea", en referencia a Sabinas Hidalgo, ciudad de la que se enorgullecía siempre Doña Soccorro, a tal grado que jamás vivió en otro lugar que no fuera su siempre querido e inolvidable pueblo.

Fue una dama en toda la extensión de la palabra, seria, sencilla, honesta y muy trabajadora, tan fue así que durante sus años de juventud, previos a su casamiento; laboró como costurera en los talleres de vestidos propiedades del Sr. Guadalupe Amaya uno de ellos y el otro del Sr. Gerónimo Valle, aprendiendo en ambos a confeccionar ropa para dama, convirtiéndose así en una de las pioneras de esta actividad que tanta fama y prestigio ha dado a Sabinas Hidalgo a nivel estatal y nacional a tal grado que se le conoció en aquellos tiempos como la capital industrial del vestido.

Siendo muy joven y en pleno día de la Revolución Mexicana, el 20 de noviembre de 1949, se une en matrimonio con el amor de su vida, el joven Rodolfo Mireles Montemayor, donde al poco tiempo y con grandes sacrificios compran una humilde vivienda por la calle Ignacio Allende No. 315, ubicada en el popular barrio del Aguacate, casa donde este distinguido matrimonio vio crecer a sus seis hijos, cinco hombres y una mujer, a quienes pusieron por nombres: Rodolfo, José Luis, Armando, Martha Guadalupe, Raúl Mario y Roberto.

Doña Socorro y su Sr. esposo, desearon en todo momento que sus hijos triunfaran en la vida por lo que se esforzaron por darles lo mejor, aunque a veces la situación económica no les era del todo favorable, dado que Don Rodolfo se dedicaba a la agricultura y en cierta ocasión cuando había sembrado cien hectáreas de trigo y estando a punto de levantar su cosecha, la madre naturaleza le hace una mala jugada durante un mes de abril de los años sesentas, cuando inesperadamente llega una onda fría provocando una helada que acabó totalmente con lo que prometía ser una gran cosecha. Don Rodolfo, desesperado y preocupado le comenta a su hijo Rodolfo, con todo el dolor de su corazón y a punto de estallar en llanto, que tendría que dejar los estudios en la Universidad por falta de recursos económicos. En ese momento aquel hijo comprendió la tristeza y amargura de su padre y se resignó, pero pronto aquella tristeza se convierte en alegría cuando al caminar Don Rodolfo por las calles de su pueblo, de pronto se encuentra con su amigo el Lic. Mauro Cruz Garza, al cual le comenta su problema y después de escucharlo le ofrece para su hijo el trabajo de Escribiente Meritorio, en el Juzgado Civil a su cargo situado por la calle Matamoros en la ciudad de Monterrey, donde con las propinas que recibía por su trabajo en ese despacho, pudo continuar sus estudios de licenciado en leyes.

Doña Socorro no se quedó de brazos cruzados ante estos aconteceres, de inmediato le solicitó a un familiar suyo, radicado en los Estados Unidos de Norteamérica, que le enviase una máquina de escribir para entregársela a su hijo, como herramienta para su trabajo, no sin antes mandarla al taller para que le agregaran la letra "ñ" al teclado. Fue así como esta extraordinaria madre de familia se preocupaba y ocupaba para ayudar a salir adelante a sus hijos, apoyando de acuerdo a sus posibilidades a su amado esposo en los momentos difíciles y amargos de su vida.

Sra. Socorro Garza Vda. de Mireles

Profr. Otoniel Arrambide Villarreal
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo


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