Para muchos hablar de Vidaurri es una ofensa. Un episodio en la historia de México que debe olvidarse para que la historia patria tenga preponderancia sobre la historia matria. Mientras que en el noreste, Vidaurri reivindica la región respecto a lo federal y lo nacional. Entonces para muchos, todo lo que nos habla y recuerda a Vidaurri debe desaparecer. No obstante, en Lampazos de Naranjo le hicieron un monumento con toda la opinión y reacción en contra. También hay lugares cuyas calles lo recuerdan en Mexicali, Guadalajara y Santa Catarina. Es la penúltima calle de la cabecera municipal al norte y solo comprende cuatro cruces en Zaragoza, Colón, Constitución y Morelos. Desconozco a quien se le ocurrió y desde cuándo le pusieron su nombre a la nomenclatura de una de las calles de Santa Catarina. Y más si consideramos que en Santa Catarina se enfrentaron las dos posturas y conceptos en torno a la patria y la nación, la de Juárez y Vidaurri. En la década de 1990 algunos miembros de cabildo y empleados municipales comenzaron a levantar firmas para quitarle el nombre a la calle de Vidaurri y no lo lograron. Argumentaban que había mandado matar indios, envenenado aguajes, usar la aduana de Piedras Negras para el contrabando de algodón a cambio de armas y alimentos para los confederados sureños.

Para muchos un traidor, para otros uno de los mejores gobernadores que ha tenido Nuevo León a lo largo de su historia. El viejo cíbolo del noreste, el general don Santiago Vidaurri Valdez, quien nació en Lampazos de Naranjo el 25 de Julio de 1808. Desde soldado en la compañía presidial de Lampazos, oficial de frontera persiguiendo indios comanches y lipanes; le atribuyen un intento separatista en 1855 llamado la República de la Sierra Madre integrado por Tamaulipas, Coahuila y Nuevo León. Tras el estallido de la Revolución de Ayutla contra la dictadura de Santa Anna, Vidaurri proclamó el Plan Restaurador de la Libertad, logrando el derrocamiento y expulsión del dictador y se hizo gobernador de los estados de Nuevo León y Coahuila entre 1855 y 1864. Y Nuevo León, en especial Monterrey se convirtió en la fábrica de la frontera.

A pesar de haber prestado sus servicios a favor de los liberales, su cercanía con militares confederados de Texas y por exigir mejor de la federación para los estados, tuvo múltiples enfrentamientos con Benito Juárez tanto durante la Guerra de Reforma, como durante la intervención francesa. En febrero de 1864 Benito Juárez decidió establecer en Monterrey la capital de la república. El indio mixteco y el jefe lipan discutieron por el control de erario surgido de las aduanas fronterizas, Juárez huyó rumbo a Saltillo para desconocer a Vidaurri como gobernador. Sin otra salida, Vidaurri se unió al Imperio reconociendo a Maximiliano de Habsburgo como el legítimo gobernante de México. Fue nombrado Ministro de Hacienda y Consejero Imperial hasta que fue capturado por los soldados liberales que ocupaban la capital del país y fusilado un 8 de julio de 1867 en la plaza de Santo Domingo de la ciudad de México. Sus restos se encuentran sepultados en la Meseta de Catujanos, situada en Candela, Coahuila.

Como se advierte, la figura histórica de Santiago Vidaurri es muy controvertida. Para unos no importa el peso político regional y el reto que continuamente expuso desde el noreste hacia el centro del país; en donde aun se toman las principales decisiones de la Patria. Ni siquiera la enemistad con Juárez. Fue el cambio de posición: de liberal republicano a fiel colaborador del imperio. Lo cierto es que gracias a Vidaurri la Patria conoció el arrojo y el heroísmo de Ignacio Zaragoza, Mariano Escobedo, Silvestre Aramberri, Evaristo Madero, Juan Zuazua, Julián Quiroga y Manuel Blanco y Múzquiz. Casi todos ellos rompieron con el viejo cíbolo de acuerdo a sus posturas tan disímbolas y contrarias. Solo Juan Zuazua y Julián Quiroga quedaron fieles; pero a Zuazua a lo mataron en San Gregorio en 1860. Pero también asentó las bases para el crecimiento de la región. El 22 de marzo de 1867, Vidaurri junto con Leonardo Márquez y al frente de mil dragones de caballería a las órdenes de Julián Quiroga salieron de Querétaro con rumbo a la ciudad de México. El 21 de junio de 1867 Porfirio Díaz derrotó a Márquez y se quedó con el control de la capital. La república triunfó sobre el imperio. Márquez logró escapar pero Vidaurri no. Se quedó oculto en la casa de un norteamericano al que no pudo pagar por su silencio y éste denunció. Fue aprehendido en la mañana del 8 de julio de 1867. A las 4 de la tarde fue llevado hasta la plaza de Santo Domingo para fusilarlo por la espalda mientras una banda de música tocaba la pieza Los Cangrejos, que los liberales siempre cantaron para burlarse de los conservadores y traidores. Sus últimas palabras fueron: “Deseo que mi sangre sea la última derramada y que México sea feliz”. Sus restos fueron trasladados a Monterrey para luego llevarlos a la Mesa de Catujanes en donde se siente la presencia del viejo cíbolo, en medio de la tierra tanto quiso Candela y Lampazos.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de Santa Catarina


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