En las recientes visitas que he tenido a la región carbonífera de Coahuila, la cual está conformada por los municipios de Juárez, Progreso, Sabinas, San Juan de las Sabinas y su cabecera Nueva Rosita y Múzquiz, he tenido la oportunidad de ver la riqueza paleontológica que poseen. Muchos vecinos, estudiosos y mineros de la llamada región carbonífera de Coahuila han encontrado restos fósiles en el suelo como en el subsuelo; desde hojas de árboles, troncos de árboles, plantas y demás restos ya fosilizados. Todos los depósitos de carbón existentes se formaron a partir de grandes bosques que existieron en esa zona alrededor de 300 millones de años y otros más recientes de 80 millones de años.

Los fósiles provienen en su mayoría de seres vivos y de árboles gigantescos que cayeron en pantanos, luego fueron cubiertos por agua, lodo y polvo. Endurecieron por un calentamiento, los efectos de calor y la presión que dieron origen a los yacimientos de carbón natural. Gracias a los restos fósiles, sabemos cómo eran algunos de los seres que han poblado la tierra, desaparecieron y luego se convirtieron en carbón mineral. A partir del paso del ferrocarril y de la explotación de los mantos carboníferos a fines del último tercio del siglo XIX, toda esta región comenzó a sobresalir no solo por sus actividades agropecuarias o mineras, sino por la cantidad de restos fosilizados encontrados en las minas, montes y rocas del lugar. En 1923 encontraron el primer hadrosaurio o pico de pato en Sabinas, Coahuila.

Indudablemente que México es clave para comprender la evolución de los seres vivos, pues es uno de los países más ricos en materia de restos fosilizados. Preferentemente se les ubica en Sonora, Chihuahua y Coahuila. Por ejemplo, el municipio coahuilense de General Cepeda es llamado el parque jurásico por su riqueza paleontológica. En éstos lugares habitaron especies endémicas y eran más pequeños que los otros encontrados. Hace 70 millones de años, Coahuila fue parte de una península en la cual habitaban ceratópodos, hadrosaurios, ornitomínidos, aniquilosaurios y una buena variedad de reptiles entre las que destacan tortugas y cocodrilos que se alimentaban de la rica variedad de árboles frutales que imperaban, los cuales aparentemente llegaron desde Alberta, Canadá. En Nuevo León es común localizar restos fosilizados en las canteras donde extraen la piedra, preferentemente en el municipio de Vallecillo y Santa Catarina.

La palabra fósil viene del latín fossile, con la cual se refiere a los restos que se sacan de la tierra. Los fósiles son los restos de plantas o animales que no sufrieron el proceso de putrefacción en el tiempo. Un fósil puede un resto óseo o una impresión de una figura ya sea vegetal o animal en un material ya petrificado. En los fósiles vemos las huellas que esa especie dejó en vida. La paleontología es la ciencia que estudia a los fósiles. Esta se divide en paleobiología, biocronología y tafonomía. La primera se ocupa de los organismos del pasado que dieron origen a los fósiles, la segunda estudia los contextos de cuando vivieron esas especies y la tercera trata acerca de los procesos de fosilización.

Durante mucho tiempo se pensó que los restos fosilizados pertenecían a gigantes que una vez poblaron la tierra y esos hallazgos daban certeza de su existencia a quienes los veían. Y más en un entorno en donde era difícil precisar el origen y la función de los restos encontrados. Por ejemplo, unos viajeros llegaron por la noche a San Antonio de la Osamenta, comunidad rural perteneciente a la sierra de Santa Catarina. Cuando los vecinos les ofrecieron la cena, los primeros cuestionaron el por qué del nombre. Les dijeron que había restos y huesos de animales muy grandes en los alrededores. Preguntaron si podían verlos y les contestaron que estaban sentados en ellos.

Benito Juárez junto con su comitiva llegaron a la hacienda del Anhelo en Ramos Arizpe, Coahuila en 1864. Los vecinos de ahí le llevaron un hueso grande y preguntaron sobre su origen. Después de una larga discusión, Juárez no pudo precisar el origen y dispuso que se les diera cristiana sepultura. Tiempo atrás, a Nicolás de Lafora le llevaron unos huesos que encontraron en el sitio donde levantaban el templo dedicado a Santiago Apóstol en Monclova. Pensaron que se trataba de restos humanos, pero Lafora ordenó los dejaran en el lugar en donde los habían encontrado. Algo similar comenta el padre Agustín de Morfi el 9 de diciembre de 1777: cuando estaban levantando el templo de Santiago Apóstol, arrojaron en sus cimientos un cadáver humano enteramente petrificado que fue localizado en la villa de Nadadores. El padre Morfi señala: “creyendo que estatua tan perfecta era sin duda un ídolo fabricado por el diablo”.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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