Venus es el segundo planeta del sistema solar en distancia del Sol y el tercero en tamaño. Es poco menor a la Tierra y es distante del Sol una cuarta parte menos que ésta. Brilla con esplendor intenso como lucero de la mañana y de la tarde y presenta fases como la Luna. Ha inspirado numerosas referencias religiosas y astrológicas en las civilizaciones antiguas. En su superficie hay rocas y se le conoce como el planeta hermano de la Tierra, pues presentan ciertas similitudes, pero diferentes en temperatura y con una atmósfera más caliente. La inspiración mitológica la hace ser la luz de la esperanza para los hombres. El planeta Venus es un planeta que se puede ver claramente por la mañana y en el atardecer. Tradicionalmente se le relaciona con lo romántico y lo nostálgico. Los mayas elaboraron un calendario religioso basado en los ciclos astronómicos, incluyendo los ciclos de Venus. Para los mexicas, Huitzilopochtli, el dios de la guerra, a quien consideraban el colibrí zurdo, es el precioso izquierdo porque está como Venus, a la izquierda del Sol.

Todavía en el siglo XIX, pensaban que en su atmósfera se formaban grandes nubes las cuales ocultaban un mundo rico en agua, por ello especulaban la presencia de vida extraterrestre. Otros creen que la vida en Venus terminó, debido al excesivo vapor de agua que había en su atmósfera, provocando el efecto invernadero y en consecuencia sus formas de vida se extinguieron. Los venusinos son los habitantes de Venus o quienes tienen características de la diosa Venus. El adjetivo venéreo designa a las enfermedades de transmisión sexual. Junto con la Tierra, son los únicos que tienen nombre femenino.

La palabra venerar viene de Venus. Su culto tiene su origen en Mesopotamia, de ahí pasó a otros pueblos de origen semítico. Incluso está relacionada con la diosa Astarté, Ishtar o Astoret. Para los pueblos del medio oriente, Astarté era una diosa sideral a la cual representaban con una media Luna, una estrella o un disco; a veces con dos cuernos como reminiscencia de su adoración a una vaca. Los fenicios levantaban en su honor un cono de piedra y en su alrededor colocaban rocas o construían una arquería. Los profetas bíblicos llamaron a Ishtar la reina de los cielos y la esposa del Sol. En la Biblia le dicen Astarté, Astarot, Esther o la “cara del Baal”. En consecuencia la diosa Venus es la soberana del mundo, la naturaleza personificada en diosa, convertida por los griegos en Afrodita. Posteriormente, la virgen María encarnará mucho de sus valores y características.

La raíz etimológica de Afrodita viene de dos voces: aphros que significa espuma y del verbo dyte; meter o penetrar. A ella le van a rendir tributos como una diosa que tiene que ver con el amor, la belleza y el placer. Es la diosa del mar, la que permite la generación de la vida universal, la que ayuda a los navegantes a llegar a buen puerto. Homero señala que es hija de Júpiter y de Dione. Según la mitología griega, nació de los genitales del dios Urano, cuando Cronos se los arrancó y los lanzó al mar. Por eso el cuadro de Boticelli la representa cuando sale del seno de las olas. Para los fenicios, Afrodita llegó a Chipre navegando en una concha, en medio de una lluvia de flores y empujada por el soplo de los dioses alados. De acuerdo a sus orígenes, Afrodita representa el principio húmedo, la causa de toda generación y la fecundidad en la naturaleza. En la alquimia, tiene que ver con el cobre, pues la mayoría de éste mineral procede de Chipre, supuestamente la isla en donde nació. Le relacionan con una paloma, a la cual sacrificaban en su honor. También le hacían sacrificios rituales, como el fuego, la vida de los niños o incluso la prostitución ritual.

También vemos a Afrodita en el mito de la manzana de la discordia, cuando la diosa Eris no fue invitada a la boda de Peleo y Tetis. Entonces como venganza dejó una manzana dorada en una mesa, con la inscripción: “para la más bella” provocando la rivalidad de Atenea, Hera y Afrodita. Como no se ponían de acuerdo sobre cuál de las tres era la más bella. Eligieron como juez a Paris para determinar a la más agraciada de ellas. Paris finalmente se decidió por Afrodita, quien le hizo enamorarse de Helena, la esposa de Menelao, el rey de Esparta. Cuando Paris estuvo una noche en su palacio, raptó a Helena y se la llevó a Troya. Lo demás es historia.

Afrodita es la diosa del cielo, del mar, de la tierra, pero sobre todo del amor. Los elementos distintivos del mar son las conchas y el delfín. Como deidad del cielo, se le conoce como Urania o Pasifae, “la que brilla para todos”. Es la reina de la Luna, de los astros y del planeta que conocemos como Venus, además de ser la precursora del día como de la noche. Ella se bañaba con las Gracias. Fue la mujer de Vulcano y con Marte procreó a Cupido.

En su honor había una escultura en Roma, la cual estaba desde el momento en que los romanos y los sabinos acordaron la paz. Los romanos la veneraban como madre, origen ancestral de su pueblo, una diosa de la maternidad y de la vida doméstica. Le llamaban la “amiga”, “la armada”, la “celestial”, y la “dorada”.

Para los astrólogos representa el ideal de la belleza, la atracción y de la cooperación. En un mapa astral, Venus indica lo que una persona valora en su vida, además de cómo expresa el amor. A Venus se le compara con Marte. De igual forma, se dice que todos aquellos que están bajo sus signos zodiacales (Tauro y Libra), son amantes de los lujos, de las vanidades y de los arreglos. No obstante, son diplomáticos, buscan la paz y la armonía en todo. Como diosa del amor se le llama Pandemos, Ninfia como deidad del matrimonio, Hetera de las cortesanas y de las hadas bellas. El símbolo de Venus está representado en el espejo de la diosa, un círculo que representa el espíritu y en la parte baja está una cruz de la materia, utilizado también para denotar el sexo femenino. Hay un día de la semana dedicado en su honor que es el viernes. Venus es una de las deidades más representadas en la antigüedad. Sobresalen las esculturas, en especial la Venus de Milo y la pintura de Sandro Boticelli. Igualmente, Venus es el símbolo de la inmaterialidad, de la inteligencia y del saber supremo. El astro que vemos en el amanecer como en el ocaso.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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