Dr. Antonio Guerrero AguilarTanto Raymundo Hernández como Héctor Jaime Treviño Villarreal, además de José Alberto Galindo, Cronista de Morelos, Coahuila, nos hablan de la existencia de María de Jesús de la Rosa, quien inspiró al corrido de Jesusita y de la canción de la Coronela. Al morir su esposo, un hombre de apellido Garza, tomó su caballo y sus armas y se lanzó a la revolución, también organizó una fuerza que al grito de “Orale Muchachos” se lanzaban a la lucha. Jesusita portaba dos pistolas debajo de sus enaguas, un fusil amarrado a la espalda y una pistola en la cintura.


Jesusita nació en Parras de la Fuente, Coahuila en 1892 y militó en los bandos que hicieron posible la derrota del usurpador Victoriano Huerta. Fue ama y señora de las tropas constitucionalistas. Para 1918 vivía cerca de la hacienda Larraldeña de Sabinas Hidalgo y a partir de 1920 reside en Nuevo Laredo en donde adquirió unos terrenos que poco antes de morir donó para que en ellos se construyera una escuela. Ella falleció en 1957 sin dejar descendencia.

Otra canción típica de la revolución es la de Marieta, que nos habla de una mujer coqueta y que en consecuencia de serlo, le advierten que no lo sea, porque los hombres prometen mucho y cumplen poco y además lo que dan son puros palos. Probablemente la letra de ésta canción está dedicada a una mujer de nombre Marieta Martínez que por andar peleando en el bando contrario fue mandada fusilar por Pascual Orozco.

Pero la música es más antigua de lo que parece, pues existen partituras que datan de fines del siglo XIX y que en 1910 fue registrada como una polka de piano. Hay versiones francesas e italianas muy populares y con letras similar a la que cantamos en México. Aunque su autoría de acuerdo a un disco que vi, se le atribuye a un señor llamado Samuel M. Lozano.

Pero no todas las mujeres de armas tomar han inspirado canciones o corridos. No obstante, con su pluma hicieron temblar a más de un batallón y al menos a dos presidentes, uno de los Estados Unidos y el otro ni más ni menos que don Porfirio Díaz. Ella se llamó Andrea Villarreal González, nacida en 1881 en Lampazos del Naranjo, hermana de don Antonio I. Villarreal, uno de los líderes de la División del Noreste que peleó a favor del constitucionalismo. Siendo joven y muy guapa, siguió a su hermano cuando se escapó a los Estados Unidos. Allá se dedicó a escribir artículos en contra del régimen y se afilió a un club de tendencias magonistas. Incluso criticó al presidente de los Estados Unidos por estar apoyando indirectamente a don Porfirio.

En consecuencia fue amenazada, pero siguió escribiendo en beneficio de la revolución mexicana. Regresó a México y se quedó a vivir en Monterrey, en donde murió en 1963, sin descendencia y sumida en la pobreza. Junto con su hermana Teresa se dedicó al proceso de liberación femenina entendida como proyecto de utopía a alcanzar. Tenemos en Monterrey dos estudiosas de ella, como lo son Aurora Díaz de García y Griselda Zárate.

Para darnos cuenta de lo combativa que era, un verso suyo dice: “Los estandartes de la Revolución se izarán en la patria de los aztecas y nuestros bandidos alzarán el hermoso grito de ¡Viva la libertad!, ¡Abajo el mal gobierno!”

Otra mujer que se distinguió en el campo de batalla como en la promoción de las ideas, fue doña Consuelo Peña de Villarreal, quien nació en Monclova en 1896. Participó activamente al lado de su padre y de su esposo en el movimiento carrancista, ya sea como enfermera o como mujer de armas tomar. Escribió una obra llamada La Revolución en el Norte en la que recupera historias basadas en lo que vio.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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