Dr. Antonio Guerrero AguilarEl arroyo del Obispo nace en la Sierra Madre Oriental en su tramo correspondiente a Santa Catarina. Específicamente su cauce viene desde El Jónuco, corriendo de sur a norte y en la Cuesta de Carvajal, cruza la carretera Monterrey- Saltillo a partir de la cual corre de poniente a oriente. A su vez, río abajo comienza a alimentarse de arroyos menores que bajan de la sierra de las Mitras entre ellos uno que llaman del Salitre.


Atraviesa la parte norte del municipio de Santa Catarina, en las estribaciones de las Mitras, pasando por zona agrícola de temporal, luego las congregaciones de los Treviños y de la Fama. Se interna por la misma dirección al municipio de San Pedro Garza García, hasta juntarse con el río Santa Catarina en un punto que sirve de límite entre Monterrey y San Pedro, en donde se instalaron los molinos de trigo Jesús María en 1842, precisamente para aprovechar la fuerza de las aguas que venían por ambos cauces. Originalmente al arroyo del Obispo le llamaban de las Encinillas.

Con este nombre lo conocieron todos los viajeros que recorrían desde Saltillo a Monterrey y viceversa. Es probable que se le conozca como del Obispo, a partir de enero de 1832, cuando una comitiva de fieles regiomontanos esperó la llegada del obispo José María Belaunzarán que venía a tomar posesión de la diócesis de Linares. Dicen que algunos de los fieles se acercaron al carruaje que llevaba al prelado, le quitaron los caballos y comenzaron a jalar ellos mismos el vehículo.

Una breve descripción de 1854 señala lo siguiente desde Santa Catarina hasta el arroyo del Obispo: “camino carretero, desde la salida de ésta hacienda se lleva al poniente una cerca de piedra, cuya extensión será una legua, hasta llegar a un puentecillo, en el cual hay grandes encinos, la subida a este puerto es suave y el camino que sigue desde este punto a Monterrey es un descenso, a cuyo principio se encuentra el arroyo del Obispo, el cual es pedregoso”. Los viajeros debían cruzar por un puente y luego por la orilla del río. Desde fines del siglo XIX se construyó el puente del ferrocarril.

Una vez juntos el Obispo y el Santa Catarina, recorren por la antigua comunidad de San Jerónimo de Monterrey, situada a poco más de seis kilómetros de la cabecera municipal que data desde tiempos de la fundación en 1596. Esa comunidad servía de paso obligatorio entre Santa Catarina y Monterrey, se dedicaba a la agricultura y llegó a convertirse en congregación a mediados del siglo XIX. Por constancias de viajeros sabemos que había un jagüey, un manantial de agua que presumiblemente venía de las Mitras.

En un informe de Francisco Leónides Mier en 1866, se dice que al pie del cerro de las Mitras había vertientes que agotados, brotan en tiempos de lluvias muy copiosamente. Entre ellas brotaba un manantial de aguas termales que los vecinos de Monterrey frecuentaban. En 1892 se hicieron perforaciones en San Jerónimo, en la cual encontraron agua a una profundidad entre los 12 y los 15 metros. Y no andaba tan errado, porque la mayoría de las minas que se trabajaban en las Mitras se inundaron y por ello dejaron de trabajarse.

A principios del siglo XX se hicieron perforaciones a través del cauce del río desde la desembocadura del arroyo del Obispo y su junta con el Santa Catarina hasta San Jerónimo, pues se dieron cuenta de que muchas de las aguas del Santa Catarina se escapaban en éste tramo. Desaparecían y reaparecían en distintos lugares a través de su curso, especialmente en el lugar que llaman la garganta de San Jerónimo, situada en el paso que se forman desde las estribaciones de la sierra de las Mitras y la Loma Larga.

Don Santiago Roel señala en una de sus obras, que Monterrey contaba con manantiales en 1938: el Santa Lucía, los Peña, los Nogales a cinco kilómetros al poniente y cerca de ahí, los jagüeyes al píe del cerro de las Mitras. El mismo historiador señala la creencia popular de que en las Mitras había agua en abundancia y que ésta bien puede suministrar el vital líquido a todo Monterrey. En todos esos manantiales abundaban los peces. Pues bien, la compañía de Agua y Drenaje tiene un depósito de agua en el cerro del Obispado que aparentemente viene de esos manantiales.

Se sabe que el río Santa Catarina se divide subterráneamente detrás del cerro del Obispado en dos cuencas: una que sigue al norte de dicho cerro y que surte una infinidad de veneros en lugares como San Jerónimo, los Urdiales y la antigua comunidad de Gonzalitos y la otra que continúa por el curso tradicional del río. Para evitar la fuga del agua, proponían hacer un muro sumergido en la garganta de San Jerónimo y la prolongación de una galería de filtración hasta las estribaciones de la sierra de las Mitras.

Total, que el Obispo y las Mitras, como San Jerónimo son nombres que nos refieren cosas relacionadas con la iglesia. Pero de ninguna manera, esos lugares son sitios apacibles, pues la corriente del arroyo del Obispo fue la más perjudicial y la que más daños causó durante la tormenta tropical Alex. Y todos nos fijamos en el río Santa Catarina y las corrientes que bajan de la sierra, pero no consideramos el peligro de las aguas que bajan de las Mitras. Los principales daños materiales del Alex como del Gilberto ocurrieron en el tramo del Obispo hasta San Jerónimo, tanto por Boulevard Antonio L. Rodríguez como de Morones Prieto. Por ejemplo, durante las lluvias del Gilberto, la carretera que cruzaba el puente del Obispo fue carcomida hasta casi a su cruce con Corregidora. Cuentan que en esa mañana, dos o tres trasportes que venían de Santa Catarina, vieron el agua pensando que eran charcos cuando en realidad eran las aguas embravecidas de las adjuntas del Obispo con el Santa Catarina. Esos camiones se fueron arrastrados por las corrientes y nunca más se supo de ellos. O también de los camiones que estaban en el vado de Santa Bárbara que fueron prácticamente sumergidos en las corrientes del Santa Catarina en aquella fatídica noche del Gilberto.

Dicen que había un alto funcionario de Monterrey que no quería que los camiones pasaran por San Jerónimo y Fleteros porque hacían ruido y no lo dejaban dormir. Entonces desviaron los camiones hasta Morones Prieto por donde los impidieron circular porque decían que podían dañar el asfalto y no podían transitar por ahí por ser vehículos pesados. Ahí en frente del Auditorio San Pedro, un grupo de judiciales perdieron la vida intentando rescatar a los pasajeros y prueba de ello, es que Rogelio Ayala Contel cayó al agua cuando quiso ayudarlos.

Los problemas que ocasiona el arroyo del Obispo, tienen que ver con la construcción de casas habitación en las laderas del cerro de las Mitras, tanto del lado de Santa Catarina como de San Pedro como de Monterrey, además de la invasión de sus márgenes tanto de posesionarios como de empresas que están en su riberas. Además, arroyo arriba, cerca de la carretera que une a Santa Catarina con Villa de García, depositaron toneladas de deshechos y escombro sobre su cauce. De ahí que los efectos destructivos fueron evidentes: bajó mucha agua de la montaña y las calles con pronunciadas pendientes pronto se convirtieron en arroyos que ampliaron su cauce. Ahí en la colonia López Mateos, muchos vehículos fueron arrastrados hasta la parte más baja en donde quedaron sepultados por escombros.

Testigos de los alrededores vieron con tristeza de que era mucha agua para el tamaño del cauce del arroyo del Obispo, de ahí que colonias como la San Francisco, el Frutal, Cuauhtémoc, Portales, Santa Magdalena, Trabajadores y otras más reportaron pérdidas materiales. Sabemos que una empresa, al ver que el agua se estaba concentrando en sus terrenos, decidieron tirar el muro, haciendo que toda esa agua inundara a un asentamiento irregular. O que el templo de la colonia San Francisco, situado en la margen izquierda del arroyo, prácticamente quedó debajo del agua. Ya desde tiempos del Gilberto, había desparecido completamente una colonia llamada Francisco Sarabia. Recientemente me decía el secretario del Ayuntamiento de Santa Catarina, el Lic. Luis Ignacio Arce, que hubo más dañados en ésta zona que en Anáhuac, Nuevo León.

Y todo porque pensamos que un arroyo no puede llevar tanta agua, que realizando su canalización y poniendo pares viales en sus riberas se pueden evitar inundaciones. El Obispo a mi juicio, fue más perjudicial que el Santa Catarina y nadie quiere admitirlo. Y lo malo, seguiremos expuestos a más desbordamientos.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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