Dr. Antonio Guerrero AguilarComo se advierte, al río Bravo también se le conoce como el Grande del Norte. Precisamente ese nombre designa a un movimiento federalista que surgió en la región entre 1837 y 1840, que lleva al supuesto establecimiento de la República del Río Grande, cuya capital fue instalada en Laredo. Es cuando vecinos de las villas del Norte y de algunos pueblos de Nuevo León y Coahuila se sumaron al movimiento que no tuvo éxito y que intentaba imitar el modelo separatista de Texas. Entonces Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, las antiguas Provincias Internas de Oriente quisieron y no pudieron, pudieron y no quisieron separarse de México. Y ese nombre también le da título a una serie de escritos y crónicas que Manuel Payno escribió sobre la frontera.

En ese periodo de tiempo, entre 1836 y 1848, la frontera noreste de México se estaba redefiniendo. Texas se acababa de separar de México y de Coahuila para convertirse en una república independiente. En consecuencia, la región fue testigo de los regimientos al mando de Antonio López de Santa Anna que acudió personalmente a Texas para someter a los rebeldes independentistas texanos. Al ser derrotadas las fuerzas de Santa Anna, esos contingentes pasaron de nueva cuenta por la región convertidos en asaltadores y merodeadores de caminos. De igual forma, la década de 1840 fue un periodo en el cual los llamados indios bárbaros arremetieron duramente contra muchos de los pueblos de las antiguas Provincias Internas de Oriente.

Hasta 1845 los límites con Texas al sur llegaban hasta el río Nueces. Pero los nuevos vecinos de Texas y a su vez, los Estados Unidos, pretendían modificar sus límites hacia el río Bravo, pues con ese territorio aseguraban el dominio desde el Golfo de México hasta el Pacífico. Si nos preguntamos ¿qué significado tiene el Río Bravo en la geohistoria de Texas?

Indudablemente, la respuesta es que el río Bravo le da un sello distintivo a la forma geográfica del estado de la estrella solitaria. Otra pregunta: ¿qué hacía tan atractivo, primero a los texanos y luego a los norteamericanos, ampliar la franja fronteriza al Río Bravo en lugar del Río Nueces?

En primer lugar diremos que hábilmente los texanos delinearon su territorio en función de aspectos pragmáticos y utilitarios: mantener el centro del Golfo de México desde la desmbocadura del Bravo hasta la Florida, al oeste la posibilidad de participar en la gran ruta comercial entre Santa Fe en Nuevo México y San Luis, Missouri; el norte se delimitó gracias a las rutas ganaderas y al sur, el río Grande tenía aguas de buena profundidad que lo hacía navegable. Efectivamente, ya en posesión del río, ajustaban perfectamente la ruta comercial a Santa Fe, conectarla con la ruta ganadera al norte y comunicar ambas con el exterior a través del Golfo de México. Con el río podían controlar una ruta fluvial de 3,000 kilómetros y su respectiva cuenca hidrológica, con la que podrían conectar comercialmente a Texas con el mundo.

De hecho, los Austin proyectaron en un principio, establecer una colonia comercial entre los ríos Bravo o Grande del Norte y el Nueces. Incluso hasta un primo de ellos llamado Henry Austin, operó un barco de vapor en el Bravo. Pero los trenes de carretas, arrieros y muleros mexicanos se quejaron ante el gobierno de Tamaulipas de que podían perder sus ganancias ante la desventaja de los barcos de vapor. Los muleros y arrieros mexicanos lograron su objetivo de impedir el traslado de mercancías por el río, hasta que los texanos en 1836 declararon que el Bravo les pertenecía y lo hicieron efectivo cuando se firmaron los Tratados de Guadalupe-Hidalgo en 1848.

Un empresario texano sentenció “Este río es capaz de sustentar a muchos millones de habitantes, con una variedad de productos de la que no puede jactarse ningún otro río del continente norte. Este río una vez ocupada por la industriosidad e inteligencia de la raza inglesa, enviará cada año exportaciones que requerirán centenares de vapores que los transporten a su delta, mientras que sus cueros, su lana y sus metales pueden incrementarse en una medida cuya estimación ahora se antojaría quimérica”.

Pero ¿qué había en la llamada franja del Nueces? Un enorme territorio ocupado por bandoleros, comanches y lipanes dispuestos a hacerle la vida imposible a quien osara introducirse en sus tierras. Esta zona originalmente perteneció al Nuevo Reino de León, pero a mediados del siglo XVIII, José de Escandón, Conde de la Sierra Gorda fundó una nueva provincia la que llamó Nuevo Santander.

Inmediatamente se dedicó a poblar al territorio conocido como el “Seno Mexicano” con familias procedentes de Nuevo León y Coahuila. Y promovió poblaciones en la banda izquierda del río Grande: el Refugio o Playas de Bagdad que después se llamó Matamoros, Reynosa, Camargo, Mier, Revilla y Laredo, el único poblado que dejó -no se sabe por qué- al otro lado del Bravo, considerada en ese tiempo, una aldea miserable con unos cuantos edificios de piedra y lodo y algunas chozas en deplorable estado. Pero tenía la ventaja de ser un punto de estratégico para la comunicación de las villas del norte durante las constantes asonadas características de la primera mitad del siglo XIX. Todos esos pueblos tenían demarcación territorial hasta el río Nueces. Por lo que los Tratados de Paz y Límites dejaron a Tamaulipas con una breve franja de tierra que se extiende a lo largo del Río Bravo.

En consecuencia, la nueva frontera internacional confirió al río Grande una importancia comercial estratégica. Las familias mexicanas acaudaladas con ramificaciones en ambas orillas del río se encontraron en una situación privilegiada. Desde Laredo a Brownsville, lo mismo se pasaba algodón que plata y materias de exportación que contrabando. Fue precisamente el río Grande el que sirvió como vínculo de los confederados durante la guerra de secesión norteamericana. Se presume que la República del Río Grande fue promovida por empresarios y comerciantes en 1840, que armaron a filibusteros y bandoleros para dedicarse al contrabando y a controlar la política arancelaria de las dos regiones.

Pero a su vez generaron sentimientos antimexicanos en todo el territorio de Texas y muchos norteamericanos se mostraron dispuestos a aceptar la guerra expansionista contra México. Cuando la franja del Nueces quedó bajo la soberanía de los Estados Unidos, se persiguió a los residentes mexicanos y se les presionó para que abandonaran el territorio. Con el conflicto texano, Coahuila perdió una parte substancial de su territorio al igual que Tamaulipas perdiendo toda su parte comprendida entre el Bravo y el Nueces.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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