Dr. Antonio Guerrero AguilarMás que una frontera que divide a dos países, el emblemático y legenadario río Bravo, a decir de Carlos Fuentes, es una herida que aun no ha terminado de sanar. Es el lugar que divide al mundo católico de mentalidad hispánica con el mundo protestantes de mentalidad anglosajana. Es el punto donde se define la patria grande llamada Latinoamérica y se reinventa la mexicanidad. Es donde surge el concepto de alteridad y en donde se conjugan muchos factores de índole económico y cultural que para muchos estudiosos, están gestando la formación de un nuevo país que se va a llamar Mexamérica y cuya capital será Los Angeles.

Es raro que un río además de representar la entrada al sueño americano, en tiempos de la guerra fría y de cuestiones geopolíticas mundiales, sirviera para diferenciar el primer del tercer mundo y en tiempos posmodernos, las relaciones de un norte formado por pocos países ricos con las del sur formado por muchos países necesitados.

Por ambos puntos de la frontera se han formado ciudades y pueblos gemelos que dan vida a la frontera más dinámica del mundo: El Paso-Juárez, Presidio-Ojinaga, Del Río-Acuña, Eagle Pass-Piedras Negras, Laredo con Colombia y Nuevo Laredo, Roma-Miguel Alemán, Río Grande-Camargo, Hidalgo y Pharr con Reynosa y Brownsville-Matamoros. Incluso dos de las formas a las que se le llaman a los mexicanos que cruzan como indocumentados, ya sea mojados o espaldas mojadas se debe al ejercicio diario de pasar ilegalmente por el río.

El río Bravo también conocido como Grande del Norte, nace en las montañas San Juan ubicadas en el estado de Colorado, fluye hacia el sur cruzando territorio de Nuevo México y arriba a El Paso, Texas y Ciudad Juárez en Chihuahua, de donde toma su corriente hacia el sureste transcurriendo lentamente al mar. Desde su nacimiento hasta su desembocadura recorre 3,034 kilómetros. Los antiguos indios Pueblo de Nuevo México lo llamaron Posoge. Ya para fines geopolíticos, en nuestro país se le conoce como el alto río Bravo y el bajo río Bravo.

De acuerdo a estudios científicos el río Bravo se formó hace 12 millones de años. Se tienen referencias de que fue utilizado por las culturas nómadas que llegaron hasta Mesoamérica para establecerse, así como también de aquellos cazadores recolectores nombrados chichimecas, pues en sus márgenes se han localizado desde restos óseos, líticos y petrograbados, cuya antigüedad oscila desde hace 12 mil años antes de Cristo hasta el siglo XIX. Y por tradición oral se sabe que dependían mucho de la pesca y de la cacería de aves y animales y de la recolección de plantas y frutas silvestres que crecían en las riberas del río.

El río Bravo fue testigo de las empresas de colonización y pacificación de aquellos conquistadores ibéricos que buscaban ampliar sus dominios o sus sueños de encontrar las riquezas que las leyendas les decían. Es probable que se conociera desde 1519, pues se encontró una piedra en su desembocadura con la leyenda siguiente: “Aquí Alvarez de Pineda, 1519 con 270 hombres y cuatro barcos”. También lo conoció Alvar Núñez Cabeza de Vaca que lo recorrió desde Texas hasta adentrarse a territorio de la Nueva España entre 1535 y 1536.

Se cree que el explorador Juan de Oñate lo nombró río Grande en 1598 en su famoso descubrimiento del Paso del Norte. También sabemos que en 1643, don Martín de Zavala, gobernador del Nuevo Reino de León, pidió a Alonso de León, organizara una expedición rumbo a la costa del Seno Mexicano. Para ello recorrieron el río San Juan hasta llegar a su desembocadura y ahí vieron por vez primera al río que llaman precisamente Grande.

Al mediar el siglo XVIII, don José de Escandón promovió el establecimiento de las llamadas villas del Norte en su margen, como puntos de avanzada pertenecientes al Nuevo Santander. Así surgieron Reynosa, Camargo, Mier, Revilla y Laredo, que fue la única que se instaló del otro lado del río. Todas esas villas y la provincia limitaban al norte con el río Nueces.

La expedición de la Comisión de Límtes encabezada por Manuel Mier y Terán cruzó el río Bravo el 1 de febrero de 1828. Cuando llegaron a Laredo, situado sobre su margen izquierda, escribieron en su diario de viaje que continuamente recorrían los alrededores los comanches, lipanes, garza y carrizos. Decían que éste pueblo era floresciente cuando el río Bravo del Norte sea frecuentado, refiríendose al hecho de que había intenciones de convertirlo en una vía de navegación fluvial. Ya se quejaban de que cada año las corrientes del río se llevaban las cosechas, debido a que los labradores no podían sembrar en llanos secos y áridos, por ello buscaban lugares cercanos al río.

Para quienes integraban la Comisión de Límites: “El Río Grande o Río del Norte, uno de los más grandes de la República por la extensión de terreno que recorre, nace en las montañas de Nuevo México. Recibe en su larga travesía multitud de pequeños ríos y de los cuales sus respectivas cabeceras están tan poco conocidas como las del Río Grande, acaso porque viene de ese rumbo o porque pasa por un presidio que llaman del Norte, pero después de haber aumentado considerablemente, le han llamado Río Grande.

Este río, cuyas orillas carecen de fertilidad, está dividido por una isla frente a Laredo en dos partes desiguales, de las cuales la más considerable la que pasa junto a la margen izquierda. Su caja en este punto es muy ancha. La corriente cuando las aguas están bajas, es débil: en el mes de febrero, frente a Laredo. En este mismo parage el río está muy encajonado, sus orillas son escarpadas, las aguas del río son turbias, acarrean continuamente arena, su caja está formada enteramente de ella y por ésta razón el fondo es muy variable. Los derrumbamientos de sus costados son muy frecuentes. Cuando las aguas están bajas, quedan en seco algunos islotes y la mayor parte de la caja frente a Laredo. El sabor de las aguas no es desagradable”.

Añadieron un dato muy interesante para considerar. “Frecuentemente el río Grande se sale de Madre: en Laredo, como sus orillas son muy elevadas, no hace muchos daños, pero en Camargo y sobre todo el camino de esta villa, alimenta con sus inundaciones todos sus esteros que están a sus orillas, además de los muchos terrenos que anega. A pesar de todos los perjuicios que puede producir este río, a él debemos la fundación de Matamoros, una de las primera villas fundadas después de la independencia”.

A decir de Manuel Payno poco antes de 1840: “El Bravo tiene su nacimiento en la Sierra de las Grullas, en el departamento de Nuevo México. Se le reúnen el río Conchos, el Salado, el de Sabinas y el de San Juan y después de correr por más de 500 leguas, desemboca al mar engrosado prodigiosamente con las aguas de éstos ríos y de otra multitud de otros arroyos”.

Tanto Coahuila como el Nuevo Santander llegaban hasta el Nueces y de ahí hasta el norte pertenecía a Texas. Y cuando ellos se separaron de México en 1836 para convertirse en república, demandaron la ampliación de sus territorios hasta el río Bravo. Y al ser admitidos como estado norteamericano en 1845, trajo en consecuencia la guerra entre México y los Estados Unidos que dio un periodo de invasión y ocupación entre 1846 y 1848. Cuando fueron firmados los tratado de paz conocidos como de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848, señalaron como lindero el curso del río Bravo o Grande del Norte desde El Paso Texas hasta su desembocadura en el Golfo de México.

Las aguas del Bravo desde entonces se comparten con los Estados Unidos. Mientras que los afluentes con muchos problemas dan el suministro a los habitantes de los estados de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. De aquí que mi amigo Clemente Rendón de la Garza, cronista de Matamoros, Tamaulipas, diga que en su ciudad se toma el agua de diversos lugares y regiones.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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