Dr. Antonio Guerrero AguilarAlgunos de los ríos que son tributarios del Bravo, hicieron posible que se establecieran poblaciones sobre sus márgenes a mediados del siglo XVIII. Por ejemplo en la desembocadura del San Juan fundaron Camargo, en el río Alamo, sobre el paso del Cántaro, Mier y el río Salado hizo que se estableciera el 10 de octubre de 1750 un pueblo con el nombre de Revilla, en honor al entonces virrey de la Nueva España, el conde de Revilla Gigedo; las tres conocidas como las villas del norte que formaban junto con Reynosa y Laredo. Todas ellas se establecieron de éste lado, excepto la de Laredo que quedó como parte de Texas cuando se fijaron los límites entre las dos naciones.

Se dice que en el pueblo de San Fernando, se apersonó el coahuilense Vicente Guerra ante don José de Escandón, conde de la Sierra Gorda y promotor de la colonización del Nuevo Santander en el llamado Seno Mexicano, para solicitarle permiso para establecer una población en terrenos que el mismo Guerra mantenía como suyos y usaba para la ganadería tanto mayor como menor. A cambio de ofrecer sus tierras y promover la entrada de familias procedentes de Nuevo León, Guerra pedía el reconocimiento de poblador, fundador y capitán de la nueva población.

El sitio elegido para establecer la Revilla, fue un lugar conocido como rancho los Moros, pero un año después se cambió 45 kilómetros río abajo en donde está la desembocadura del Salado con el río Bravo o Grande del Norte. Vicente Guerra falleció en 1753 y al año siguiente, cuando Escandón visitó Revilla, encontró un lugar que daba cabida a cerca de 350 habitantes que vivían de la ganadería y del pastoreo y de la agricultura en menor escala; aunque se decía que el mejor maíz y frijol de la región se cosechaba en Revilla. El lugar además sirvió como punto de enlace entre las llamadas villas de Laredo y Mier, así como puesto de avanzada para proteger la franja de tierra que está entre el río Nueces al norte y el Bravo al sur. Guerrero desde su establecimiento estuvo expuesta a los albazos y ataques de los llamados indios bárbaros, que se recrudecieron cuando los texanos expulsaron a los comanches y lipanes de su suelo, haciendo que aumentaran sus correrías en las villas del norte.

Una vez alcanzada la independencia, la antigua Revilla cambió su nombre en honor a don Vicente Guerrero y hasta la legislatura de Tamaulipas le otorgó la categoría de ciudad. La cabecera municipal está a menos de 100 metros sobre el nivel del mar y colinda al norte con el río Bravo, al oeste con Nuevo Laredo, al este con Mier y al sur con Parás, Nuevo León. Todas las villas del norte tenían territorio en la franja del Nueces, por ello, cuando se firmaron los Tratados de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848, la porción territorial de Guerrero se redujo a poco más de la mitad de su extensión.

Ciudad Guerrero pronto cobró fama de ser una de las poblaciones fronterizas más importantes, pues por decisión del presidente Porfirio Díaz con fecha del 2 de marzo de 1876, se creó la aduana fronteriza que hizo posible en 1877 la construcción de un puente internacional que lo hermanaba con Zapata, Texas y que fue inaugurado en 1881. Desde un año antes contaba con electricidad y en 1882 se quiso hacer una vía de ferrocarril que lo uniría con Nuevo Laredo, Mier y los Aldamas, Nuevo León. El auge ganadero, comercial y agrícola, hizo que Guerrero sumara 12 mil habitantes al iniciar el siglo XX. Pueblo patriota que festejó en 1906 el centenario del natalicio de Benito Juárez con pompa y orgullo.

En Guerrero nacieron los insurgentes José Antonio y Bernardo Gutiérrez de Lara y del rebelde federalista y separatista que en 1840 provocó la creación de una supuesta república del Río Grande. Pero la construcción de la carretera nacional que unía directamente a Monterrey con Nuevo Laredo, frenó su crecimiento poblacional y económico frente a otros puntos de la frontera.

Cuentan los antiguos que en la desembocadura del Salado se formaba una pequeña cascada que se conocía como “El Salto”, a la cual asistían los vecinos tanto de Nuevo Laredo como de Mier, de Parás, Nuevo León y Zapata, Texas. Ahí se iban de día de campo o también a un paraje conocido como “Paseo de las Brisas” en el cual abundaban sabinos de buen tamaño.

Gracias a la monografía de Guerrero titulada “La Antigua Revilla en la leyenda de los tiempos” que escribió don Lorenzo de la Garza en 1952, sabemos que el Salado se salió de su cauce en algunas ocasiones, provocando graves inundaciones entre el 2 de junio y 2 de julio de 1801; a tal grado de que el chalán que ayudaba a cruzar a la gente por el río Bravo, quedó en la entrada del templo de Nuestra Señora del Refugio. El río volvió amenazante en 1865 y también la inundación de 1909 les pegó duro, pues se cuenta de que era tanta la fuerza que bajaba del Salado que empujaba a las aguas del Bravo hasta más allá de su margen en territorio texano. La gente se preparaba siempre para fines de agosto de cada año, en que de nueva cuenta el Salado subía su nivel poniendo en riesgo a los ranchos situados en las cercanías de sus márgenes. El 4 de septiembre de 1936 las aguas del Salado y del Bravo ocultaron los arcos del puente internacional. Pero también estaba expuesta a otro tipo de fenómenos naturales como las heladas que se dieron entre el 12 y 14 de febrero de 1899.

El 19 de julio de 1953, salieron todos los guerrerenses, repletos de recuerdo y nostalgias, para asentarse en la nueva Ciudad Guerrero, pues su municipio se vio inundado con las aguas de la presa Falcón, debido a la intención del gobierno federal de formar colonias agrícolas en sitios que originalmente fueron destinados para el pastoreo del ganado mayor y menor. Pero ese proyecto tenía una fuerte limitante, pues en los Tratados de Guadalupe Hidalgo en 1848, se dispuso que los Estados Unidos tenían mayores derechos sobre el río Bravo debido a que su nacimiento está en las montañas de San Juan en Colorado.

El gobierno mexicano realizó acercamientos diplomáticos para fijar una postura más justa y equitativa en cuanto al aprovechamiento de los ríos Bravo y Colorado. Para ello se conformó una Comisión Internacional de Límites y Aguas en 1889, para ver los beneficios que México podía tener con las aguas del río Bravo, pues muchos afluentes del mismo nacían en el territorio norestense. En 1906 se logró que los Estados Unidos admitieran los derechos de usufructo de las aguas del río Bravo, especialmente para uso agrícola.

En 1927 se creó la Comisión Internacional de Aguas entre México y los Estados Unidos, que finalmente benefició la agricultura en el valle de Texas y en la frontera de Tamaulipas. De ahí surgió la necesidad de construir presas en sitios donde se aseguraba el suministro de agua, que a su vez permitiera que las regiones agrícolas de Texas no perdieran su capacidad de riego. Una de las soluciones fue la de construir presas de carácter internacional, en las que se almacenaran las aguas y repartirlas equitativamente entre las dos naciones.

Ya se tenían referencias del fracaso del sistema hidráulico de la presa don Martín y de su intención de convertir a Anáhuac en un centro algodonero y agrícola similar al de la Laguna. Entonces la frontera de Tamaulipas se convirtió en el foco de atención de las autoridades federales, al permitir la construcción de una presa llamada El Retamal en 1935, luego la del Azúcar en Camargo, oficialmente conocida como la Marte R. Gómez la cual captaba las aguas del río San Juan que viene desde Nuevo León.

En 1944 se dispuso la construcción de una presa internacional en la desembocadura del río Salado, conocida popularmente como Falcón y a decir del Ing. Clemente Rendón de la Garza, cronista de Matamoros, su verdadero nombre es Miguel de la Garza Falcón, en honor a uno de los pobladores de la región, con la finalidad de promover la agricultura, generar electricidad e impedir las continuas inundaciones que provocaba. Este proyecto hizo que se realizara una entrevista entre los presidente Adolfo Ruiz Cortines y Dwight D. Eisenhower. Por lo que se dispuso sacar a los habitantes de Guerrero y formar un nuevo centro poblacional río abajo, en terrenos pertenecientes a Mier, para lo cual se modificaron los límites entre ambas municipalidades.

Pero ni siquiera los beneficios llegaron a Mier, pero si a una congregación suya de nombre San Pedro de Roma que desde 1928 ya contaba con un puente internacional que la comunicaba con Roma, Texas. La agricultura y la aduana fronteriza, hicieron que San Pedro creciera más que la cabecera y en consecuencia, logró constituirse en municipio el 10 de octubre de 1950, con el nombre del entonces presidente, Miguel Alemán.

Perdieron Guerrero y Mier. El primero porque su traza urbana fue inundada por las aguas de la presa Falcón. Solo unas cuantas casas y el panteón se salvaron. Un lugar con un arquitectura digna de preservarse pues aun posee construcciones propias del siglo XVIII y XIX. Ya están en ruinas y por ello, cuando las sequías ocasionaron que las aguas retrocedieran en 1996, hizo que Guerrero Viejo surgiera digna y altiva como lo fue en su tiempo y que fuera considerada como zona de resguardo patrimonial de carácter binacional tanto por el Instituto Nacional de Antropología e Historia como de las autoridades de los Estados Unidos.

Con la proporción guardada, caminar entre las calles de Guerrero Viejo, es similar a cuando se recorren las ruinas de Pompeya y Herculano en las inmediaciones de Nápoles, Italia. Pero otra vez quedó sepultada por las aguas. Y Mier se rezagó del crecimiento que otros puntos de la frontera chica de Tamaulipas si ha conseguido. Pueblo enigmático, mágico, legendario e histórico. Si existe la reencarnación, seguramente en mi otra vida viví en Guerrero o en Mier. Pues cuando los conocí me sentí como parte de ellos y ellos como parte esencial mía.

Y no entendimos la lección que las aguas de nuestros ríos nos dan y por ello, la frontera tamaulipeca sufre ya ni siquiera por las lluvias, sino por las crecidas del Bravo y del Salado.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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