Dr. Antonio Guerrero Aguilar

El 13 de marzo de 1915, Francisco Villa arribó en tren a la Estación del Golfo de Monterrey, con una tropa compuesta por más de mil 500 hombres, al mando del general José Rodríguez. Inmediatamente comenzó la rivalidad estratégica entre Ángeles y Villa. El primero quería que toda la División del Norte se mantuviera unida en la lucha, mientras que Villa pretendía mantener la revolución en distintos puntos.

Dr. Antonio Guerrero AguilarEl 13 de marzo de 1915, Francisco Villa arribó en tren a la Estación del Golfo de Monterrey, con una tropa compuesta por más de mil 500 hombres, al mando del general José Rodríguez. Inmediatamente comenzó la rivalidad estratégica entre Ángeles y Villa. El primero quería que toda la División del Norte se mantuviera unida en la lucha, mientras que Villa pretendía mantener la revolución en distintos puntos.

Villa dispuso que se hiciera una campaña por el noreste, para de una vez por todas quitarle el control a los carrancistas. Una fuerza marchó sobre Monclova para mantener vigilado el norte de Coahuila y el de Nuevo León y la zona fronteriza de Tamaulipas. Otra se apostaría entre Nuevo Laredo y Reynosa, otra más controlaría el ferrocarril a Matamoros y el mismo Villa marcharía con rumbo a Los Herreras y Los Aldamas.

Inmediatamente algunos generales que estaban a las órdenes de Ángeles le informaron a Villa de que éste se había hecho muy amigo de los industriales y de grupos simpatizantes con Carranza y con Huerta. Por lo que llamó a Ángeles para reclamarle el trato que les estaba dando a los regiomontanos. Ahí le hizo saber que estaba en contra de su estrategia militar, a lo que Villa le propuso que se fuera con rumbo a Tampico para tomar la plaza.

Villa tomó rumbo al noroeste para encontrar a los carrancistas y allá por el rumbo de Los Herreras y de Los Ramones se enfrentó a ellos hasta derrotarlos. Sin tomar descanso se regresó a Monterrey.

Se sabe que los villistas se aprovecharon de una finca propiedad de don Francisco Sada. Además de llevarse la pastura y el rastrojo, destruyeron las parcelas, a lo que administrador de apellido Gómez Dupeyron hizo su reclamación directamente al Centauro del Norte. Ahí Villa lo regañó y los acusó de reyista, que pretendía cobrar de más algo que no era tanto, por lo que pidió se le hiciera juicio a Gómez Dupeyron acusándolo de ladrón y en consecuencia mandarlo a fusilar.

El grupo más allegado a Felipe Ángeles, formado por Carlos Navarro, Raúl Madero y Jesús Aguilar lograron convencer a Villa de que le respetara la vida a Gómez Dupeyron, quien era cuñado de Carlos Garza Cantú, presidente de la Cámara de Comercio. Inmediatamente mandaron a Carlos Navarro para que diera la orden de cancelar el fusilamiento, pero llegó tarde al paredón que se hallaba allá por el rumbo de la cervecería. La muerte de Gómez Dupeyron caló hondo en el sentir popular de Monterrey, que vio en aquel juicio una ola de problemas que difícilmente se podrían detener.

Villa frente a los empresarios

Inmediatamente Villa acusó a los banqueros, industriales y comerciantes de malos mexicanos. Por lo que citó a lo más representativo de ese sector en el Salón Verde del Palacio de Gobierno, para conferenciar con ellos y exigirles un millón de pesos.

Villa acompañado de sus generales, con un sombrero texano, vestido con un sweater y pantalón de montar, entró dando zancadas muy fuertes al Palacio de Gobierno y se dirigió a los presentes, solicitando que los empresarios mexicanos se pusieran de un lado y los extranjeros en otro. Luego los acusó de ladrones y sinvergüenzas, que en lugar de apoyar a la Revolución solo estaban valiéndose del pueblo.

Ahí Carlos Garza Cantú tomó la palabra y se presentó ante él. Le dijo que estaban haciendo todo lo posible por mantener a la tropa y de dotar de alimentos a la ciudad. Villa lo interrumpió y le dijo que no le creía y de nueva cuenta solicitó a Carlos Navarro que lo aprehendiera para fusilarlo. Navarro lo tomó del brazo y lo llevó hasta donde estaba Ángeles y Raúl Madero.

Luego un extranjero de apellido Rosenblueth solicitó la palabra con la intención de tranquilizar las cosas, pero también fue callado por Villa. Todos los empresarios y público reunido comenzaron a temer lo peor, hasta que Jesús Ferrara, hijo de don Vicente Ferrara de la Fundidora de Monterrey, tratando de mediar las cosas, le solicitó a Villa de una manera muy ceremoniosa y diplomática que esperaba Villa de ellos, a lo que Villa gritó: “Quiero inmediatamente un millón de pesos”.

De nueva cuenta Ferrara se dirigió a él para pedirle tiempo pues en ese momento no estaban posibilitados de reunir esa suma, a lo que pidió ocho días para juntarle el millón de pesos. Villa aceptó y en ese momento estalló una formidable ovación.

De acuerdo con lo anterior, la Cámara de Comercio hizo una lista formada por 150 contribuyentes, encabezada por los cuatro bancos: el Nacional de México, el de Londres y México, el Mercantil y el de Nuevo León. Los tres primeros son 100 mil pesos y el último con 10 mil, pero que al fin de cuentas se apuntó con 50 mil pesos. Le seguía la cervecería y otros grupos mercantiles. A La Fama de Nuevo León le tocó aportar 10 mil pesos. Finalmente se colectaron 350 mil pesos en bilimbiques y billetes emitidos por la División del Norte, lo cual convertido a oro nacional sumaban apenas 30 mil pesos.

En esa semana las cosas se pusieron muy tensas, cuando Villa pidió a su hermano Hipólito de que se llevara a todos los empresarios extranjeros con rumbo a los Estados Unidos, para que sus países de origen se dieran cuenta de que habían sido expulsados por ladrones y sinvergüenzas.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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