Dr. Antonio Guerrero Aguilar

Las posadas son fiestas populares que en México se celebran del 16 al 24 de diciembre durante los nueve días antes de Navidad. Estas fiestas nos recuerdan el viaje de María y José desde su salida de Nazareth hasta Belén, que duró precisamente nueve días y una vez que arribaron, buscaron afanosamente un refugio para alojarse y esperar el nacimiento del niño Jesús. En cierta forma, el novenario también nos recuerdan los nueve meses que duró el embarazo de la Virgen María.

Dr. Antonio Guerrero AguilarLas posadas son fiestas populares que en México se celebran del 16 al 24 de diciembre durante los nueve días antes de Navidad. Estas fiestas nos recuerdan el viaje de María y José desde su salida de Nazareth hasta Belén, que duró precisamente nueve días y una vez que arribaron, buscaron afanosamente un refugio para alojarse y esperar el nacimiento del niño Jesús. En cierta forma, el novenario también nos recuerdan los nueve meses que duró el embarazo de la Virgen María.

En el evangelio según San Lucas se nos dice que en tiempos del emperador César Augusto, salió un edicto para que todos acudieran a su lugar de origen para empadronarse. Por lo que José tuvo que trasladarse hacia Belén junto con su esposa María quien se hallaba encinta. Belén era el lugar de origen de la estirpe de David a la cual pertenecía José. Aparentemente llegaron al anochecer, por lo que tuvo que apurarse para conseguir alojamiento pues María ya venía con dolores del parto y al no conseguir posada, ocurrió el nacimiento de su hijo varón en un pesebre, tal y como lo habían dicho los profetas.

En el siglo XIII, San Francisco de Asís inició las fiestas navideñas para recordar la venida del Salvador, recreando la Natividad de Jesús en el bosque de Greccio, en la región Toscana de Italia, así como también la de acompañar esas fiestas con los villancicos, llamados así por que eran cantados por habitantes de las villas, gente humilde que vivían del campo y del trabajo rudo, contrario a los habitantes de los burgos o ciudades en donde residían personas con más recursos.

Mientras tanto, los antiguos mexicanos celebraban el nacimiento del dios guerrero Huitzilopochtli, el colibrí zurdo, durante la época invernal también conocida como Panquetzaliztli que iniciaba el 17 de diciembre y concluía el 26 de diciembre. Ciertamente que los franciscanos al arribar a México, vieron la coincidencia de la fiesta prehispánica con la cristiana de la Natividad del Señor. La fiesta del Panquetzaliztli fue cambiando gradualmente, una vez que el pueblo fue evangelizado y la imagen del dios guerrero fue substituida por la de Jesús. Y fueron precisamente los franciscanos, quienes crearon un sincretismo religioso para favorecer la conversión de los indígenas y su asistencia a las posadas navideñas.

Las posadas tienen un fin catequético, pues reaniman el espíritu religioso de los participantes, en ellas las oraciones son representadas, amenizadas por cánticos o villancicos y están llenos de emoción, alegría y amistad que siempre se respira durante éste tiempo del año. Las posadas tradicionales tienen ligeras variantes de acuerdo al lugar en donde se celebran y han ido cambiando con el tiempo. Pero lo que no cambia, es la forma cantada para pedir posada comenzando con el clásico estribillo: “En el nombre del cielo, os pido posada, pues no puede andar, mi esposa amada”.

Hay lugares en donde todo el barrio se organiza, adornando las fachadas de las casas con hilos de paixtle y faroles. En otros sitios, en lugar de llevar a los peregrinos en figuras de barro, se representan con una alguien que personifica a San José, una joven a la Virgen María y si el clima lo permite, hasta un niño de verdad.

A la hora de pedir posada, la tradición nos dice que José y María tuvieron que ir de puerta en puerta pidiendo un lugar en donde pasar la noche, ya que María estaba embarazada y a punto de dar a luz y que batallaron para conseguir un alojamiento, por lo que tuvieron que quedarse en una gruta en donde había un pesebre el cual compartieron con el buey, el burro, la vaca y las aves de corral.

Por ello los peregrinos acompañados por un grupo de invitados salen de la casa y entonando villancicos piden posada de puerta en puerta. Las personas que se quedaron en el interior de la casa deben negar la posada obligando a los peregrinos a pedir posada en otra parte, hasta que por fin les dan cabida y los reciben cantando: “Entren santos peregrinos, reciban éste rincón, que aunque pobre la morada, se las doy de corazón”.

Luego se pasa al rezo del Rosario, con la intención de demostrarle a María todo nuestro amor. Entre misterio y misterio a veces se hacen reflexiones cortas. Una vez que se concluyen los cinco misterios y las letanías, se adora al Niño Dios y es cuando se recibe el aguinaldo o el premio que regularmente consiste en una bolsita con una naranja, los cacahuates y algunos dulces como recompensa de participar en todo éste evento.

Después se pasa al jolgorio y a la diversión para romper la piñata, que debe ser de siete picos pues representan a los siete pecados capitales, que debemos vencer con las tres virtudes teólogales que son la fe, la esperanza y la caridad: la virtud es el palo, la fe la venda en los ojos, la esperanza de que del cielo nos llegarán los frutos y la caridad de repartirlos entre los asistentes. Para concluir con la posada, se pasa a la cena en donde no pueden faltar los tamales, el ponche y los frijoles charros.

En la tradición popular mexicana, el periodo previo a las posadas exigía todo un proceso de preparación, que prácticamente iniciaba con la elección de la madrina del Niño Dios, quien se comprometía a llevarlo al templo para bendecirlo, vestirlo, cuidarlo y colaborar con la propietaria de la imagen en los preparativos de las posadas. Con ello se estrechaban más los lazos entre las dos mujeres, llevando consigo la relación de dos o más familias que se involucraban en la organización de las posadas.

Desde comprar naranjas, dulces y cacahuates para hacer las bolsitas, levantarse muy temprano para llevar el maíz al molino y quedara listo para la elaboración de los tamales, mientras eso ocurría, lo mismo cantaban, rezaban o contaban chistes y chismes. Otras elegían los cantos y guiaban el rezo del Rosario, buscaban quien comprara y colocara la piñata; las velas y las luces de bengala y no faltaba quien compraba los cuetes y las palomas para quemarlos y cometer travesuras.

Hoy en día las posadas son fiestas de comida, baile, bebida y relajo. Los tamales se mandan comprar o se prepara otro tipo de alimentos para la cena. Ya casi no se reza el Rosario por que no hay quien lo rece o se considere que su oración es aburrida y pasada de moda. Las familias tienden a dividirse de acuerdo a las invitaciones y exigencias existentes.

Las posadas son fiestas tradicionales de México y tienen la finalidad de prepararnos más para recibir la Natividad del Señor. Durante esos nueve días, se reúnen las personas que siguen un itinerario y un rito que lo mismo integra oración, alegría y convivencia. Esto nos debe llevar a reflexionar acerca de nuestra preparación para recibir al Niño Jesús y abrirles las puertas de nuestro corazón al Salvador.

Ciertamente que cuando vamos caminando y rezando, vamos recordando nuestra condición de peregrinos en éste tierra y que vale la pena evangelizarnos en familia y en comunidad pues en ellos está la verdadera salvación. Las comidas y lo dulces que se nos ofrecen hablan del gusto por compartir los bienes de la tierra y ofrendarlos a Dios, para decirle que estamos esperando la segunda venida del Salvador tal y como él nos lo prometió.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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