Las creencias religiosas son ideas que la gente considera representaciones de una realidad mística, las cuales son concebidas como verdades de fe. Cuando se articulan en el pensamiento colectivo en forma narrativa se convierten en mitos y en representaciones de historias ejemplares y sagradas que confieren significado y valor a la existencia de las sociedades. Por lo general, los mitos están relacionados con ritos y costumbres que determinan creencias, mitos o conceptos sobre algo.

Lo anterior forma parte de lo que conocemos como religiosidad popular, a la cual se accede a través de símbolos, signos o representaciones culturales que buscan re-encontrar el sentido de su significado, por lo general, a veces oculto en prácticas que tienen que ver con el curanderismo, brujería, pastorelas, amuletos, imágenes y demás festividades de orden litúrgico.

Por ejemplo, a las festividades de San Francisco de Asís en Real de Catorce el 4 de octubre, la Virgen del Chorrito en Hidalgo, Tamaulipas con fiestas el 18 de marzo o el 12 de diciembre, el Santo Niño de Atocha en Plateros, Zacatecas, la Virgen de San Juan de los Lagos de Jalisco y la de Guadalupe en el Tepeyac, a las cuales se les llevan ofrendas, peregrinaciones, pago de promesas, testimonios de fe y en las cuales surgen leyendas sobre sucesos extraordinarios donde participan activamente la imagen como el demandante.

En Nuevo León podemos encontrar fiestas patronales en donde se ponen en práctica todo lo anterior: procesiones, cantos, misas, danzas, juegos pirotécnicos y las llamadas kermesses o verbenas populares. Los santos más socorridos son por ejemplo San Juan Bautista en Lampazos, García y Cadereyta. A San Pedro se le rinde culto en San Pedro, Allende, Villaldama e Iturbide. Al padre adoptivo de Jesús, San José cuenta con sus parroquias en Ramones y Sabinas y el templo de General Treviño. La Virgen de Guadalupe es venereda en Mina, Hidalgo, El Carmen, Abasolo, Salinas Victoria, Higueras, Anáhuac, Villaldama, Guadalupe y Monterrey. El Apóstol Santiago le da nombre y sentido religioso a ciudades como Santiago, Saltillo, Monclova, Sabinas Hidalgo y San Pablo en Galeana, entre otras más. Si nos fijamos bien, en la zona metropolitana existen nombres de antiguas poblaciones relacionados con nombres de santos de la época de la patrística: Santa Catarina, San Jerónimo y San Agustín.

En cuanto a los elementos que intervienen en todo éste proceso cultural, diremos que la religión tiene un carácter universal en donde el ser humano pretende ligarse a “algo” desconocido o sobrenatural al que trata con temor. La mayoría de los cultos primariamente estaban vinculados con la naturaleza a la que relacionaron con lo cultural. En ese proceso, los ritos son expresiones físicas a ese culto y que posteriormente se van a relacionar con situaciones vitales del ser humano como la salud, la muerte, el nacimiento y el desarrollo de la vida.

En Nuevo León como en otras partes, prevalecen las funciones de pastorelas, las piñatas, los matachines, las mandas, las ofrendas, el culto a los muertos, la milagrería, las postraciones, las entradas de rodillas, el trato comercial con Dios, la creencia de la sobrevivencia del alma, los coloquios, la quema de Judas, veladoras, milagritos, limosnas, la sumisión ante lo inexplicable, penitencia ante las desgracias, agradecimiento en los buenos tiempos, súplicas ante las carestías, entre otras cosas que representan la fe del creyente.

En ellas vemos características del creyente que tiene mucho que ver con el entorno y el medio ambiente: por eso la religiosidad del nuevoleonés es directa, práctica, religiosamente frío, no protocolario, breves y sencillos. Se dice que “a Dios rogando y con el mazo dando” o “primero la obligación y luego la devoción”. El nuevoleonés expresa el culto a la muerte con el luto, el llanto y dolor. Utiliza la cera de las veladoras que enciende en beneficio o en honor a algo y permite que poco a poco se vaya consumiendo nuestra ofrenda que me exige cierta disciplina y que la veladora se presenta por mí.

La gente de Nuevo León es muy dada a las procesiones. En dichas caminatas indica la condición de peregrinantes que nos llevan a un lugar sagrado para pedir perdón. En el tránsito se le pide a la virgen o a los santos intercedan por nuestros pecados.

En las ceremonias litúrgicas se usa el incienso, que es un elemento utilizado desde la remota antigüedad como rito sagrado para ofrecer a la divinidad algún aroma agradable. El incienso se ha mirado siempre como un símbolo de honor y expresión de respeto, aún en medio de las supersticiones del paganismo o bien a Dios como un homenaje o símbolo de nuestros deseos, del buen olor de nuestras oraciones y del buen ejemplo que debemos dar a nuestros semejantes. También se dice que se le echa a algo incienso para alejar la acción demoniaca o para simbolizar la gloria de Dios que está en el cielo.

Los sacerdotes cuando bautizan, confirman o llevan la extremaunción, utilizan el aceite sagrado. Es símbolo de gracia, consuelo, alegría del alma, expresión de la abundancia de los dones y beneficios del cielo. En los ritos se utiliza para consagrar o bendecir. También tiene utilización para el alumbrado de los templos o aplicación para la cura de las llagas o de otras enfermedades.

También se hacen ofrendas prometidas por voto a algún santuario o imagen por medio de ex votos o milagros. Pueden ser metales preciosos con forma de ojos, piernas, manos que se depositan para agradecer la salud de alguien. Tienen la forma de algún miembro del cuerpo porque se piensa que se le da simbólicamente a Dios para que lo utilice para su beneficio.

Si hay problemas de salud, físicos o económicos, somos muy dados a las entradas de rodillas a los templos, como un rito penitencial suplicatorio o como señal de agradecimiento utilizando la mortificación personal. Y obviamente, que en los miércoles de ceniza, al inicio de la cuaresma, vamos a recibirla como señal de penitencia y recuerdo de nuestra presencia temporal en la tierra.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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