Dr. Antonio Guerrero Aguilar

En la canción El Vendedor de Mocedades, hay una estrofa que dice: “tu eres el que ha pasado, el que ha llegado o el que vendrá”, haciendo alusión al hecho de que existe una secuencia de vida que se trasmite a través de factores genéticos, culturales e históricos. Nuestro mapa genético se integra de distintos rasgos de otros que nos precedieron.

Dr. Antonio Guerrero AguilarEn la canción El Vendedor de Mocedades, hay una estrofa que dice: “tu eres el que ha pasado, el que ha llegado o el que vendrá”, haciendo alusión al hecho de que existe una secuencia de vida que se trasmite a través de factores genéticos, culturales e históricos. Nuestro mapa genético se integra de distintos rasgos de otros que nos precedieron.

Nosotros como seres humanos, aun seguimos generando o actuando patrones de conducta de otros que nos antecedieron y ello se conoce como arquetipos. A decir de Jung, son huellas ancestrales que se reflejan en el inconsciente colectivo. Son eternos modelos de vida según Platón. Tal vez por ello Arthur C. Clark en 2001, la Odisea del Espacio, sentenció que de cada hombre hay tres mil fantasmas, al referirse de que somos producto de la conjunción de diversos genes que se han interactuado a través de nuestros ancestros.

Dicen que el origen de la humanidad está en África y que el antepasado común era de piel obscura y que ésta fue cambiando a partir del ajuste y de la interacción con el medio ambiente al que se enfrentaron los grupos nómadas, dando origen a las llamadas razas.

El concepto raza se usa para designar a los grupos biológicos que comparten rasgos físicos y elementos culturales y tradiciones comunes. Una raza es el grupo humano dentro del cual, sus miembros se crían entre sí y comparten ciertos rasgos o patrones de conducta similares, convirtiéndose entre sí en una población distinta a las demás, pues también comparten una serie de rasgos físicos heredados. Entendemos por raza a la casta o cualidad del origen o linaje. También es cada uno de los grupos en que se subdividen algunas especies biológicas y cuyos caracteres diferenciales se perpetúan por herencia.

Las razas se clasifican en tres categorías diferentes de acuerdo a su tamaño y referencia espacial:

a) La raza geográfica que se refiere al conjunto de poblaciones separadas de otros conjuntos, ya sea por grandes obstáculos geográficos, como lo son las cadenas montañosas o los océanos.

b) La raza local, que es un grupo que mantiene sus diferencias debido a los obstáculos naturales o sociales.

c) La micro raza, que es una población altamente localizada que aunque no está geográficamente separada, tiende a desarrollarse sin interferencias, permaneciendo de ésta manera como grupo distinto.

Ciertamente no debemos considerar o confundir a una raza con una población unida por un idioma común o una religión o cualquier característica común. Ni mucho menos entender que la raza influye en la aptitud mental o física. Tampoco pensar de que existen mejores razas o grupos étnicos que otros. Debido a las constantes migraciones e interacción de los grupos étnicos a través de la historia de la humanidad, no existen razas puras. Ya que los movimientos migracionales se han dado en forma masiva, provocando que las razas se mezclen e interactúen, de tal manera que se van conformando nuevos grupos de tipos físicos.

Existen culturas que han sostenido la creencia de que aun existe una raza pura. El mito de la raza pura tiene su origen en los pueblos arios que habitaban la Europa central, alrededor del Mar Caspio. Ellos vivían de la caza y de la ganadería. Algunos de esos grupos emigraron hacia la India, en donde derrotaron a los grupos locales, imponiendo sus tradiciones y costumbres y todo un sistema de castas que sostenían las estructuras sociales de los pueblos de la India. Especialmente en la religión brahamánica que tiene toda una red de prohibiciones y separa tanto étnica como socialmente a sus habitantes.

Con el correr del tiempo, supuestos grupos de origen ario, pregonaron la grandeza de la raza aria que se reflejaba en su capacidad física como mental y culparon a los habitantes de origen hebreo de contaminar la pureza de las razas.

Los pueblos iberoamericanos tenemos un “Día de la Raza”, mismo que se festeja cada 12 de octubre, en que se recuerda el encuentro de los dos mundos, el viejo continente europeo con el nuevo continente americano. Es el día del descubrimiento que hizo Cristóbal Colón y que en algunos países se llama "El Día de Colón". Pero también los diversos grupos étnicos naturales recuerdan la llegada de los europeos como 500 años de opresión y esclavitud, por eso van y tiran huevos y tomates a las esculturas del almirante genovés.

El “Día de la Raza” comenzó a festejarse en 1918, cuando Antonio Caso propuso que el 12 de octubre era una oportunidad para alabar a "la raza mestiza mexicana". La raza, una rica mezcla de cultura indígena y española que nos caracteriza como mexicanos. Fue Antonio Caso el que, quizá por primera vez, acuñó este término, "la raza", adoptado ahora por los latinos en todo nuestro continente. Después en 1928, el Congreso declaró el "Día de la Raza" oficialmente como fiesta nacional. Pero ellos omitieron la tercera raíz fundante de la raza mestiza, la raza de origen africano.

José Vasconcelos sostenía que el mexicano estaba llamado a ser la raza cósmica, pues en la estructura genética del mexicanos convergen las principales razas del mundo: la ibérica, la indígena y la africana. Pues los ibéricos son fruto de la mezcolanza étnica de celtas, ibéricos, godos, romanos, griegos, fenicios, hebreos y de pueblos islámicos procedentes del norte de Africa. Nuestros antiguos mexicanos a su vez llegaron de Asia y en el siglo XVI arribaron a nuestras tierras esclavos africanos procedentes de la Guinea Ecuatorial.

Todos ellos dan origen al ser y al quehacer de mexicano y del iberoamericano, con el que compartimos una raza, una lengua, una tradición cultural y una historia común. Por eso el lema de la Máxima Casa de Estudios, la Universidad Nacional Autónoma de México, pregona con orgullo: “Por mi raza hablará el espíritu”.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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