Lic. Antonio Guerrero Aguilar

La forma de representar a nuestra bandera mexicana, tiene su origen en el símbolo que  representó a Hernán Cortés en su entrada a la Ciudad de México-Tenochtitlan, quien portaba un estandarte que tenía la Virgen María pintada sobre un damasco rojo, cuya  estampa ceñía sobre su cabeza una corona de oro, rodeada de doce estrellas y rayos. Precisamente traída desde el Santuario de Guadalupe en Extremadura, España.

Lic. Antonio Guerrero AguilarLa forma de representar a nuestra bandera mexicana, tiene su origen en el símbolo que representó a Hernán Cortés en su entrada a la Ciudad de México-Tenochtitlan, quien portaba un estandarte que tenía la Virgen María pintada sobre un damasco rojo, cuya estampa ceñía sobre su cabeza una corona de oro, rodeada de doce estrellas y rayos. Precisamente traída desde el Santuario de Guadalupe en Extremadura, España.

Ya en la colonia, los jesuitas fueron los primeros en rescatar los símbolos que representaban la leyenda que guió a los mexicas para asentarse en el Lago de Texcoco. De hecho, los elementos que conforman al águila devorando a la serpiente y parada en un nopal con tunas que a su vez están encima de un peñasco que emerge del agua.

Muchos estudiosos han llegado a la conclusión que el águila representa al sol, la serpiente a la tierra y a lo que fecunda la tierra, el nopal es el árbol de los sacrificios, las tunas a los corazones que inmolaban a favor del Dios del Sol Tonatiuh que se suponía se alimentaba de sangre humana y que tanto la piedra como el agua significan la dualidad tierra-agua. Luego los franciscanos utilizaron éstos elementos para decorar las puertas de algunos de sus templos.

Cuando inició la insurgencia, Hidalgo tomó un estandarte de la Virgen de Guadalupe que estaba en el templo parroquial de Atotonilco, Guanajuato, colocándola en la punta de una lanza. Posteriormente Morelos adoptó una bandera en forma de cuadrilongo en seda blanca al centro, con una franja color azul pálido en la orilla y un águila coronada con las alas algo caídas e instaladas en un nopal. Todo éste signo estaba sobre un acueducto con tres arcadas y en cada una de ellas iniciales V.V.M.: (Viva la Virgen María). Morelos también utilizó como sello la figura de un águila durante los trabajos constitucionales en Apatzingán.

Entre los años de 1819 y 1820, la marina mercante a favor de la insurgencia, enarboló una bandera de franjas verticales, con los colores blanco, azul y rojo, que correspondían a los colores de los mosaicos del palacio de Moctezuma, el último emperador mexica. Por cierto, en Nueva Orleans fue salutada con una salva de 19 cañonazos. En 1821, dejó de ondear en el balcón central del palacio virreinal la bandera que representaba al poder colonial. Esta bandera tenía una forma cuadrada en seda y de color pardo leonado, con el escudo de la Ciudad de México consistente en dos leones coronados partiendo al centro de la gran cruz de San Andrés, en color morado.

Agustín de Iturbide eligió una bandera que representara a las tres facciones políticas existentes y a la vez, sintetizara los principios de las tres garantías: el blanco la religión, el verde el grupo insurgente y el rojo la unión con los españoles. En ese orden: Dios, Patria y Libertad. Esa bandera conocida como de las tres garantías tenía los colores blanco, verde y rojo con franjas diagonales de ese color, con una estrella dorada en cada una de las franjas, que representaban al rito masónico escocés. Esa bandera fue confeccionada en Iguala, Guerrero por José Magdaleno Ocampo.

Cuando Iturbide fue emperador, alteró el orden de los colores: primero el verde, luego el blanco y en tercer lugar el rojo. También modificó las franjas para que éstas fueran verticales. En el centro una águila coronada sin en el nopal y la serpiente. Para 1823, el padre Mier, solicitó ante el Congreso de la Unión, que se le quitara la corona al águila. En su lugar propuso un cuadrilongo dividido en 16 cuadros con cuatro blancos al centro, el resto alternándose en blanco y azul. Propuso al águila sin la serpiente, sobre el nopal y encima de un peñón emergiendo del agua. Algunos diputados opinaron que los colores debían permanecer igual, ya que el pueblo se había acostumbrado a ellos y que se pusiera mejor una águila mexica de perfil, con la serpiente, el nopal y el peñón. Joaquín Herrera propuso que se le añadiera la orla de encino y laurel, formando así el escudo de las armas nacional y el Oficial de México.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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