Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño VillarrealEn las últimas décadas, ha tenido auge en todo el mundo la llamada historia de las mentalidades, vertiente de la historia que nos da cuenta de la cotidianeidad de los grupos humanos en tiempos pasados; asuntos como religión, festividades pueblerinas, matrimonios, costumbres, brujería, magia, entre otros, son motivo de estudio de esta vertiente de la historia.

En nuestro país se han realizado interesantes investigaciones sobre el tema y aquí en Nuevo León se inician apenas. Dentro de este marco es interesante hurgar lo referente a curanderos, brujas y charlatanes, que de una u otra manera practican curaciones o tratan de sanar a los enfermos mediante procedimientos peculiares.

No deja de estar presente en tales actos el influjo religioso. Así a mediados del siglo XIX, se habló mucho del curandero llamado Pedro Rojas, alias "El Tatita" y en el siglo XX, la figura central en el curanderismo es indudablemente el Niño Fidencio, cuyos seguidores todavía lo veneran en la comunidad de Espinazo, del municipio de Mina, N.L.

En nuestros archivos existe documentación sobre otras personas que practicaban el curanderismo o la también llamada brujería; aunque si profundizamos en el tema, encontramos que las tales brujas o brujos, no eran más que simples curanderos, pero el agravante de prestar sus servicios a personas que deseaban la eliminación de otras de este mundo de los vivos, les daba un halo de terror, provocaban miedo e infundían respeto.

En épocas anteriores, el asunto de la brujería tenía repercusiones económicas porque al perjudicar a vaqueros y labriegos el amo perdía a colaboradores que además se iban de este mundo debiéndole dinero como el comentado caso sucedido en la Hacienda San Pedro del hoy municipio de Gral. Zuazua, N.L., donde una mujer sabinense Mónica Ríos decidió terminar con la vida de su esposo el también sabinense José María Jasso, valiéndose de un insecto que molido en la masa para las tortillas, provocó su deceso.

Estas prácticas brujeriles estaban relacionadas con las conocidas brujas de la Hacienda de Santa Elena, hoy Gral. Zuazua, N.L. y constituían una red que a mediados del siglo XIX, se extendía por Agua Fría, pequeño poblado del hoy municipio de Apodaca y con ramificaciones en Monterrey.

Precisamente el 3 de junio de 1845, se presentó al juzgado municipal del pueblo de San Francisco, hoy Apodaca, N.L., ante el Alcalde don José María Flores, el señor Alejandro Treviñovecino de Agua Fría para denunciar a la bruja Petra Almaraz por el delito de maleficio. Resulta que la hija de Treviño, de nombre Casimira, había presentado desde el 15 de abril de ese año, actitudes raras y anormales "como un furioso arresto de desesperación, haciendo hechos que aterrorizan", según expresa el documento oficial levantado al respecto, muy ajenos a su natural juicio, más que una persona loca, vertiendo blasfemias y quejas a su marido

En sus arrebatos, Casimira acusaba a Petra Almaraz de haberla ofendido o maliciado por venganzas provenidas, acaso por amistad ilícita que su marido tenía o había tenido con la mencionada Almaraz. El trasfondo del asunto era de índole pasional, pues cuando el amor rebasa los límites que imponen la razón y la cordura, se desborda incontenible en celos o dolor profundo.

Casimira estaba casada con Rafael de la Garza, quien antes había tenido estado ilícito con la Almaraz. El galán terminó su relación amorosa con la bruja a raíz de su matrimonio, pero Petra no se resignó a perderlo y continuamente lo buscaba e incluso fue a la labor de Rafael, donde lo amenazó que le pesaría haber dado ese paso. Los chismes y habladurías en Agua Fría estuvieron a la orden del día y se supo que Casimira antes de casarse estuvo con la bruja para solicitarle consejo y pedirle que hablara con Rafael para que no la dejara, en fin, un intrincado nudo de pasiones y sentimientos propios de las actuales telenovelas.

El estado de salud de Casimira Treviñoempeoró, máxime que estaba embarazada, su padre solicitó se careara a la enferma con la bruja y el marido, lo cual se hizo y ambas mujeres se dijeron un buen número de insultos, ante el estupor del cónyuge, preocupado por responder con buenas razones ante el suegro.

En el suceso, no podría faltar la presencia de una sirvienta, en la persona de Juana Rodríguez, muchacha de 25 años, vecina también de Agua Fría; ella declaró ser testigo de que la bruja de la Almaraz le había dado a su patrona una tortilla de horno de lo que le había venido el mal; también confesó haber solicitado a la bruja, la cura de su patrona, para lo cual la curandera la envió con la bruja Simona de Monterrey, por recomendación de la bruja Encarnación de la Hacienda Santa Elena.

Simona dio el remedio a la sirvienta que consistía en obtener un huevo de gallina de primera postura, sacándole lo de adentro y rellenándolo con orines de la enferma y de su marido, echando en ello una punta de cabello que la bruja le proporcionó, luego debería sacar sola a la enferma al campo, hacer un hoyo y enterrar el huevo, con eso se aliviaría.

La sirvienta trató de poner en práctica el remedio, pero observada por algunos vecinos, desistió del plan. El padre de la enferma desesperado pidió a la eminencia médica del siglo pasado, el sabio Dr. José Eleuterio González "Gonzalitos", le hiciera un examen a su hija, y el diagnóstico fue el siguiente: "Certifico que reconocí a Casimira Treviño, la que tiene una locura que parece simpática del embarazo, siendo notar la extrema pequeñez de la cabeza de la enferma, que la predispone mucho a esta clase de enfermedades", tampoco Gonzalitos estuvo muy acertado en su diagnóstico.

Casimira murió al poco tiempo y el juicio por maleficio contra Petra Almaraz continuó, pero fue exonerada por falta de pruebas; las brujas de Agua Fría -las Almaraz- junto con Simona de Monterrey y Encarnación de la hoy villa de Gral. Zuazua, siguieron haciendo de las suyas, mientras Gonzalitos tomó nota del incidente e inició una lucha frontal contra curanderos, brujas y charlatanes.

Hoy en pleno siglo XXI, en todo el país, se siguen haciendo prácticas brujeriles, como barridas, curaciones de mal de ojo, pócimas y recetas para conseguir novio o retener al marido, algunas van más allá y atentan contra la salud de las personas, la charlatanería sigue proliferando y las autoridades de la Secretaría de Salubridad y Asistencia no se dan por enterados del asunto. 

Héctor Jaime Treviño Villarreal



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