Profr. y Lic. Héctor Jaime Treviño VillarrealUno de los hombres más destacados que ha dado el terruño nuevoleonés, es sin duda alguna Fray Servando Teresa de Mier, su trayectoria como precursor de la guerra por la independencia de México, la participación en ella, su labor en los trabajos del Congreso Constituyente de 1824, son méritos suficientes para rendirle pleitesía. Sin embargo, no podemos dejar a un lado su carrera de escritor, orador y líder social.

Pero, ¿cómo era Fray Servando?, ¿Cuáles eran los rasgos de su personalidad? Enrique Olavarría nos dice de Fray Servando: "Se hizo notable por su carácter rudo a la par que entusiasta, su genio mordaz, audacia, de talento y dotes oratorias, llegó a conquistar fama de elocuente predicador, hombre apasionado, gustaba de la originalidad".

El Gral. José María Tornel y Mendivil, insurgente que ocupara diversos puestos en la Secretaría de Guerra y Marina, escribió: "Mier por su patriotismo indomable, merece un lugar señalado en la historia, sus talentos eran sobresalientes y había logrado perfeccionar su educación. En las discusiones se animaba con facilidad y sorprendían algunas veces, elocuentes rasgos que vertía con voz encantadora y que sonaba como la plata. Sus costumbres eran buenas y aunque solía explicarse en términos ofensivos, dañar a algunos, jamás fue su intención".

Fray Domingo de Gandarias, Prior del Convento Santo Domingo, asentó: "El Padre lector Mier es mozo de talento, estudioso y expedito, pero acompaña estas dotes con los vicios de locuaz, intrépido, presumido de su saber y elocuencia, sedicioso y armador de chismes, popular y acompañado de la gente de menor clase y edad en la religión, con quienes tiene su partido y es escuchado como oráculo".

Continúa, "No me admira que haya sido denunciado de sedicioso y amotinador, pues además tiene granjeados muchos enemigos, su audacia, intrepidez, facilidad de producirse, verbosidad y descaro y su desahogado y despreciador modo con que trata principalmente a los religiosos".

El juicio de la no muy Santa Inquisición sobre el inquieto fraile dominico fue el siguiente: "Fray Servando es el hombre más perjudicial y temible en este Reino de cuantos se han conocido. Es de carácter altivo, soberbio y presuntuoso. Posee una instrucción muy basta en la mala literatura. Es de genio duro, vivo y audaz. Su talento no común, logra además una gran facilidad para producirse. Su corazón está tan corrompido que lejos de haber manifestado en el tiempo de su prisión alguna variación de ideas, no hemos recibido sino pruebas constantes de una lastimosa obstinación".

Mier se defiende en su Apología: "Llaman soberbia al pundonor de un alma bien nacida, que no son capaces de sentir, ni conocer... ¿Cómo he de ser soberbio, si nunca he conocido ni la ambición, ni la envidia, compañeras inseparables del orgullo? Lo que tengo a pesar de mi vileza aparente, es un candor inmenso frente a las desgracias de la vida, y con él, me parece que todo lo que es bueno, justo y verdadero, se puede decir, defender y ejecutar".

Las versiones sobre el carácter de Fray Servando, dan una idea de su personalidad, que contribuyen, además, a engrosar la fantasía, leyenda y anecdótica vida de este genial hombre; a casi dos siglos de su muerte, se cultiva más esta faceta de su vida, en lugar de analizar su obra como escritor, sobre todo, su pensamiento político.

Las inquietudes del Padre Mier en lo concerniente a la problemática social de la época, quedaron de manifiesto en el mitin y tumulto que organizaron los tabaqueros, trabajadores de la fábrica de puros y cigarros de la capital, cansados de los manejos indebidos del administrador.

Fray Servando tenía en la fábrica un buen número de ahijados y al enterarse de las continuas vejaciones de que eran objeto y las intimidaciones de que eran víctimas, les aconsejó que fueran en masa a protestar ante el Virrey el segundo Conde de Revillagigedo.

El 13 de enero de 1794, los tabaqueros bajo el influjo de las prédicas del dominico, se lanzaron a las calles e hicieron una ruidosa protesta pública contra el administrador. Acción considerada por el Virrey como un acto de sedición y así fue tratada en los tribunales.

Las averiguaciones no se hicieron esperar, se tuvo noticia que el Padre Mier había sido el autor intelectual y fue acusado ante Revillagigedo por un individuo llamado Eustaquio Camarena y Verdad, que dijo del regiomontano: "es un fraile enredador que tiene revuelta a su comunidad, en la que no hay individuo que no lo mire con abominación por alborotador y sedicioso".

Las autoridades civiles y eclesiásticas sentían escozor cuando se enteraban de los hechos o palabras de Fray Servando; la preocupación aumentaba cuando sus intervenciones eran en el campo de las reivindicaciones sociales, porque su carisma y facilidad de palabra convencían con rapidez y el pueblo se sentía apoyado por el pregón del religioso. Sin embargo, en el proceso de los tabaqueros y en otro tumulto en la Alameda, donde nuestro paisano dijo palabras en contra de España, no le pudieron comprobar nada.

Con respecto al famoso sermón guadalupano, por cuya causa Mier sufrió destierro por 27 años, es interesante consultar el libro de Ángel Camiro Gutiérrez Zamora titulado "La violación a los derechos humanos en la vida de Fray Servando Teresa de Mier", publicado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos en 1992.

Políticos y gobernantes de la actualidad debieran leer los escritos del Padre Mier y aplicarlos a su praxis; famoso por sus frases lapidarias, aquí transcribimos tres de ellas: "El (rey) no sabía ni lo que pasaba en su palacio, como tampoco el ministro lo que pasaba en su reino. Este firmaba ciegamente cuanto le presentaban los oficiales de las secretarías, que llamaban covachuelos, hombres en general viciosos y venalísimos, pero árbitros de los destinos de la nación".

"La Constitución está manifiestamente violada en su parte esencial que es la libertad individual. Y como enérgicamente ha dicho un pasquín mexicano, este es el último año de despotismo y primero de lo mismo".

"Todo papel que contiene alguna verdad contra el gobierno se considera subversivo, y lo es de la tiranía que quisiera reinar impune sobre el silencio de los pueblos amordazados, como la muerte sobre el de los sepulcros; o se califica de libelo, como si el objeto principal de la libertad de imprenta no fuese poner un freno al poder, revelando al público sus arbitrariedades". ¡Está para pensarse, estimado lector!, ¿o no?

Héctor Jaime Treviño Villarreal



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