Profr. Santos Noé Rodríguez GarzaAcostumbraba salir a pasear por las tardes cuando ya los rayos del sol no pegaban tan directo, cuando las aves cruzaban el cielo buscando su refugio en las faldas de la sierra, caminaba por entre los surcos de la siembra que se veían un tanto marchitos, por las inclemencias del tiempo, pues hacia ya muchos días que no llovía; acostumbraba pensar en los tiempos idos, cuando de mozo montaba los caballos broncos y los sometía a su voluntad, haciéndolos caminar lentamente y con garbo, frente a las muchachas del barrio que lo veían pasar, admiraban su porte y su varonil presencia suspirando entusiasmadas.

Anhelaba aquellos bailes que se organizaban en los patios de las casas, donde se lucía zapateando la música que arrancaban de sus instrumentos unos jóvenes, que aprovechaban la ocasión para dar a conocer sus adelantos en sus estudios musicales.

El tiempo lo había sometido a su tiranía y sentía que ya no tenía las facultades físicas de las que había hecho alarde, por ello se refugiaba en sus recuerdos; cuando por casualidad se encontraba entre la maleza un nido con conejitos recién nacidos, los tomaba entre sus manos y acariciaba su suave pelaje, añorando la piel fina y tersa de una joven a quien quiso y nunca pudo lograr sus favores, los dejaba de nuevo pensando que tenían derecho a crecer y corretear por el campo viviendo su hermosa libertad.

Las ilusiones de su juventud habían muerto, ahora se conformaba con que los dolores reumáticos fueran pasajeros y que el clima volviese a los tiempos en que eran muy exactas las etapas en que estaba dividido: tiempo de lluvias, tiempo de ventarrones, tiempo de calorones, tiempo de siembra y de cosecha, tiempo de abundancia y tiempo de frío; sabía que era casi imposible volver a lo de antes, pues con tanto adelanto científico y tanto experimento atmosférico habían trastornado la naturaleza y era casi imposible tener la certeza de poder decir mañana lloverá; en ocasiones regresaba de sus paseos vespertinos alegre y optimista y en otras cabizbajo y apesadumbrado, pero todo ello no importaba cuando se tenía la convicción firme de que la vida es una y hay que vivirla intensamente.

SANTOS NOÉ
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo



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