Sabinas pueblo industrioso y ágil, que emplea su ingenio y su imaginación en crear nuevas fuentes de trabajo, en los últimos tiempos se ha visto reconocido y se le recuerda por un producto, ya no de la naturaleza, que el hombre le arranca con su trabajo, sino con algo tradicional en el norte del país; se dice que es una adecuación de un alimento que traían los conquistadores y que fue modificado para que su duración fuera mayor: la tortilla de harina.

La llevaban los caminantes y sabían que al detener la caravana para pernoctar en algún punto del camino, con sólo poner una pequeña lumbre y calentarla se paladeaba sabrosamente; y si por alguna razón no había posibilidades de hacer lumbre, se la comían fría, masticándola con un trozo de tasajo que previamente habían puesto en sus vituallas.

La tortilla de harina no conoce clases sociales, ya que se sirve en los mejores restaurantes y en las fondas más sencillas, la sirven en las casas de los poderosos y en las viviendas de los humildes, se combina con todo tipo de alimentos, pues se acostumbra como lonche con: frijoles, con huevo, con chorizo, con machacado, con aguacate, con nopalitos, con carne seca, con picadillo, con barbacoa, etcétera.

Es tal la popularidad de este alimento que hay un dicho que encierra toda la filosofía de su aceptación: "Si son de harina, ni me las calientes".

En Sabinas hay varias empresas que en los últimos años se han dedicado a comercializar este producto a gran escala, y lo hacen tan bien hecho y de tan buen sabor, que fácilmente compiten con las grandes fábricas panaderas del país.

Los que tenemos familiares fuera sabemos que cuando solicitan algo del pueblo, piden tortillas de harina en primer lugar, queso, chorizo y aguacates, etcétera.

Agreguemos un galardón más a los emprendedores del pueblo, y aunque Sabinas no sólo fabrica vestidos, sino que también exporta las sabrosas tortillas de harina.



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