Profr. Benito López ValadezEntre los años de 1964 y 1967, los pescadores Dr. Néstor Javier Montemayor Martínez y Benito López Valadez, (ambos empleados del IMSS local), y por el horario que tenían, por las tardes de cuando en vez, solían ir a probar suerte a “Las Canoas” en Monte Grande. (Una presita o estanque de agua), en donde abundaban los robalos, que se capturaban con señuelo o con carnadas vivas. (Sardinas).

Había un poco de vegetación alrededor de la presita y unos enormes encinos y el agua no era muy profunda que digamos. (como quien dijera, todo al alcance de su mano y cerquita a diez kilómetros del terruño). Se llegaba por la Carretera Nacional (los vados de un carril se construyeron de 2 carriles y así lucen actualmente desde esos años), y había que recorrer un pequeño tramo hacia la izquierda y de terracería para estar en el paradisíaco lugar. Por ese mismo rumbo estaba la presa de “Lito” González, muy visitada por cierto, por los pescadores amantes del róbalo por peleador y de conducta impredecible.

Todo transcurría normalmente, estaba uno de otro como a nos tres metros de distancia, tirando y cobrando la línea, de repente el Dr. Néstor divisó al levantar la vista un enorme panal de avispas coloradas. (La avispa es un insecto himenóptero, provisto de un aguijón y sus picaduras son muy dolorosas).

De inmediato y como movido por un resorte, el Dr. Néstor, cobró la línea y que empieza a “torearlas” moviendo el panal con la punta de la vara del carrete.

Hasta estos inesperados e inusuales instantes, Benito no se percataba de la situación imperante. (No agarraba la “onda”, como dijeran o dijesen los “chavos” años después).

Al mismo tiempo que seguía moviéndoles el mentado panal, ya Benito alcanzaba a observar, ver o mirar atónito, que el Dr. Néstor, les ponía el cuello por ¡Aquí, aquí me pueden picar!

A los pocos instantes a Benito lo empezaron a atacar también, (lo traían al mal “traer” en el lenguaje de la chaviza que ya empezaba a aparecer). Y no hubo más remedio que Benito se lanzó al agua, se sumergió y sólo salía a respirar para sobrevivir, de cuando en vez, para evitar la picadura de las avispas. (Súmete, que te quedó jabón, decía alguien a otro cuando se andaban bañando en el río).

Ya cuando todo volvió a la normalidad a Benito se le ocurrió preguntarle al Dr. Néstor:

- ¿Qué pasó doctor porqué toreó a las avispas?

- No me hacen el más leve daño, no soy alérgico a su picadura, -no temas, no me pasó nada.

Dijo con una gran educación y respeto, que ya quisieran los mejores estudiantes de la Sorbona de París.

El azorado, era Benito, que no alcanzaba a digerir lo que había sucedido.

Todavía muchos años después, algunos incrédulos, creen que es mentira lo que aquella memorable tarde aconteciese y para muestra se narró en forma escrita, porque las palabras, se las lleva el viento.


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