Profr. Benito López ValadezAllá por el año de 1974, la quinteta formada por César y Glafiro Guadiana Jasso, Héctor Gandhi Montemayor Ayala,, Leonel Arturo Ruiz Reséndez (Conde del Alamo de Sabinas) y Oziel Ruiz García (Embajador de Parás en Sabinas desde 1955). Salieron en una excursión de pesca, Rancho de Don Agustín González por el sendero a Lampazos, N. L.

Gandhi en uno de los tiros que hizo con sardina viva con el carrete, decidió recoger la sardina y empezó con toda normalidad a cobrar la línea, observó también que algo se movía detrás de la citada sardina, como siempre suele suceder no le dio la menor importancia (como dijera Arturo de Córdoba) y al sacar la sardina del agua, la dejó colgando y arrastrando como unos dos metros

Lo que él viera que se movía tras la sardina, era nada más y nada menos, que una víbora negra que se seguía moviendo tras la sardina que llevaba arrastrando.

Siguió caminando y se dirigió al bordo de la presa, lugar donde estaban sus compañeros. Los que se percataron de la inusitada acción y empezaron a tirarle al reptil, con lo que tenían en la mano, logrando ahuyentarla. Gandhi, era el único ignorante de la situación y al rato le explicaron con todo lujo de detalles de tal suceso.

Ya de noche, regresaban contentos a casa y a cada rato, comentaban que la víbora negra venía siguiendo la sardina atrás de Gandhi. Venían como solía usarse, también de cacería y se ayudaban con la luz de la camioneta. (Chevy azul apache 1957 de Glafiro) y con un candil.

Mataron una víbora de cascabel como de 1.50 metros, que impresionaba con solamente verla. Estaban sobre el sendero y la camioneta tenía las puertas abiertas, cuando de improviso se movió el aire con cierta fuerza, que en un periódico que estaba en el piso, voló e hizo un ruido, que Gandhi lo relacionó con el de otra víbora de cascabel, y más pronto que un rayo, de un descomunal brinco, cayó sentado en el cofre de la camioneta, (no debe ignorar el caro lector, que Gandhi fue un alumno practicante del salto de altura en el internado de Tamatán, Tamps., cuando estudiara para Profesor de Instrucción Primaria). Y todavía movía las piernas como espantando a la supuesta víbora. (El que se quema con lecha hasta el jocoque le sopla).

Ni que decir, que sus compañeros se reían y por el resto del camino, seguían mofándose de ambos acontecimientos inesperados. No sin recomendarle que le entrara al salto de altura en los próximos eventos atléticos.


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