José Castellanos MaldonadoAunque actualmente la situación puede ser más crítica, prácticamente desde que tengo uso de razón, casi en todos los municipios de la entidad ha sido común que al término de cada trienio los medios den cuenta de los lamentos de las autoridades entrantes debido al estado en que encuentran la administración en general.

Equipo y vehículos chatarra o desaparecidos, documentación oficial en total desorden y arcas vacías, son sólo algunas de las anomalísa más comunes que dejan de herencia quienes concluyen su gestión.

De unos años para acá también se ha vuelto una mala costumbre dejar deudas a granel, con una larga lista de proveedores y prestadores de servicios trinando de coraje por lo que les quedaron a deber a pesar de las múltiples vueltas que, en su momento, les hicieron dar en vano.

Ello no es privativo de algún municipio en particular, pues, con las excepciones de rigor, dicha situación se ha ido generalizando sin importar el tamaño de éstos.

Al respecto, únicamente los protagonistas conocen a ciencia cierta las causas exactas de dicha tendencia, aunque si se les pregunta no es seguro que deseen ventilarlas, y si “sueltan” algo seguramente sería de manera muy superficial.

Por eso, a los simples mortales sólo nos queda especular sobre el tema, incluso aceptando que en algunos casos se justifique contraer deuda, siempre y cuando sean montos manejables y con el debido soporte.

Pero cuando la deuda se dispara y no se refleja en la misma proporción en obras y servicios de beneficio colectivo, y, de pilón dejan una cauda de cuentas por pagar, empiezan los asegunes tratando de adivinar el destino final de los recursos así obtenidos.

¿Ineptitud administrativa? ¿Mala leche? ¿Funcionarios manirrotos? ¿Corrupción? Vaya usted a saber.

Castellanos
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo


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