José Castellanos MaldonadoTradicionalmente, en nuestro medio deportivo se utiliza la frase donde se afirma que lo importante no es ganar sino competir, lo que suena a excusa o a un intento de curarse en salud.

Al respecto, desde antes que la delegación mexicana partiera a Beijing para su participación en los Juegos Olímpicos, los comentaristas y gentes del medio deportivo, e incluso los mismísimos dirigentes del deporte nacional, externaron sus dudas en cuanto al éxito de nuestros deportistas, a quienes les concedieron mínimas posibilidades de figurar entre los medallistas olímpicos.

Los vaticinios de estas gentes tienen como base los tiempos y marcas logradas por los deportistas mexicanos en diversas pruebas en comparación con los alcanzados por los de otros países.

Hablando de triunfos y derrotas, parece increíble pero hay quienes se duelen y hasta se avergüenzan de una victoria.

En este sentido, me refiero a los ciudadanos que contribuyen con su voto al triunfo de un candidato a Alcalde, por ejemplo, y que posteriormente se arrepienten, aunque demasiado tarde, de haber sufragado a su favor.

Los lamentos y el arrepentimiento llegan luego de observar el desempeño del funcionario, que de inmediato olvida sus promesas de campaña, entre las que generalmente figuran el ofrecimiento de una gestión transparente, honesta y de puertas abiertas.

En cambio, opta por la opacidad y se vuelve ojo de hormiga, con lo que se toma difícil poder verlo personalmente, amén de caer en prácticas comunes para meterle mano al erario, como pueden ser inflar costos de obras y el cobro de comisiones, así como favorecer a negocios de familiares y amistades con adquisiciones y consumos.

Lo dicho, algunas victorias nos producen alegría y orgullo; otras, desearíamos que nunca se hubieran alcanzado.


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