José Castellanos MaldonadoSituaciones de diversa índole que se van presentando, un día sí y otro también, nos reconfirman que el cambio del que tanto se habló, y que se daba como un hecho a partir de la victoria de Vicente Fox en julio del 2000, quedó sólo en promesas.

Basta recordar que, tal y como venía ocurriendo desde muchos años antes, en el sexenio anterior, siguieron decretándose los micro incrementos al salario mínimo, y, al igual que antes, con suma facilidad continuaron aprobándose aumentos de precios en productos y servicios, como la gasolina, el gas y la luz, cuyo costo se fue a las nubes durante el sexenio foxista.

Para no ser menos, dicha tendencia continúa en el Gobierno de Felipe Calderón, y este mes de enero, al igual que en los sexenios priístas, entró en vigor el ridículo incremento al salario mínimo, y, en contra partida, se ha venido una cascada de aumentos de precios que nos tiene con el Jesús en la boca.

En medio de este torbellino, la semana pasada se publicó que el Presidente Felipe Calderón frenó una iniciativa de la Secretaría de Salud que permitiría importar medicamentos y acabar con los monopolios farmacéuticos en México, lo cual redundaría en beneficio de la población, pues con la competencia era de esperarse que bajaría el costo de los medicamentos, que en los últimos años se ha incrementado de manera escandalosa.

Así las cosas, queda de manifiesto que, sin importar siglas o colores partidistas, a millones de mexicanos se les siguen suministrando aspirinas para remediar sus males y carencias, mientras que unos cuantos cientos siguen acumulando poder y riquezas gracias a los apoyos y políticas implementadas desde el Gobierno.


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