Antonio Machado dijo sabiamente alguna vez: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar...”

No se si haya sido la lluvia, el otoño nostálgico ya presente, o las palabras expresadas por Pablo Ortega el domingo 24 de septiembre en el parque “Gilberto Garza”, lo que me hizo relacionarlo con un bonito poema.

“Yo soy beisbolista porque mi abuelo Gilberto Salinas Guzmán y mi padre lo fueron”, sencillas palabras con un reconocimiento de por medio para sus ancestros que predicaron con el ejemplo en su formación.

Pablo Ortega con Ricardo Cárdenas
Pablo Ortega con su amigo Ricardo Cárdenas Perales.

Y no sólo como pelotero profesional, sino como ser humano dueño de muchos valores, iniciando como todos los grandes por su modestia y culminando con su sentido de responsabilidad.

Él asistió acompañado de su padre, el Sr. Pablo Ortega Barreda, a cumplir un compromiso con la Liga Municipal de Beisbol presidida por el Profr. Abraham Villarreal Cervantes, a pesar de la lluvia y del poco tiempo disponible para su familia integrada por su esposa Claudia González y sus hijas Paola de 6 años y Alyaha de casi dos.

De hecho, ni los equipos se presentaron al parque a sabiendas de que no era posible hacer nada al respecto, y sólo sus amigos que aparecen en la foto lo recibieron, llegando posteriormente el alcalde, Profr. Otoniel Arrambide Villarreal, a poner en marcha un torneo más de beisbol, consciente de las inclemencias del tiempo y sólo para cumplir con la agenda.

Pablo Ortega, además de recorrer más de 130 kilómetros en condiciones no muy favorables para complacer a sus amigos, y especialmente a Ricardo Cárdenas Perales, prometió regresar cuando termine su compromiso con los Venados de Mazatlán en la Liga Mexicana de invierno y participar como primera base o jardinero derecho, o sea, como se inició en la Liga Oriente de Nuevo Laredo, Tamaulipas, de donde es originario.



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