El Profr. Salvador Garza Inocencio entrega un ejemplar de su libro a Ramón Ábrego Vázquez
El Profr. Salvador Garza Inocencio entrega un ejemplar de su libro a Ramón Ábrego Vázquez.

Nació, creció, estudió, se casó, se reprodujo, dijo, logró, venció y fue olvidado.

Así se van los días, semanas, meses, años y todo queda o quedaría en nada si no existieran los cronistas.

Los fotógrafos del presente, los que detienen el tiempo con su pluma o los historiadores, investigadores del pasado.

Esos seres en sectores incomprendidos, en otros cuestionados y al final, por propios y extraños, reconocidos.

Ellos saben que toda actividad tiene sus inconvenientes, como los alpinistas, toda proporción guardada, en ocasiones sienten desfallecer, sin embargo, se detienen, corrigen el rumbo, ponen en orden sus pensamientos y no claudican: la cumbre es el objetivo.

La cima puede ser una loma o un folleto, los escaladores mencionan 3 mil metros, los escritores: primer tomo o volumen, en pocas palabras, no hay conformismos, siempre hay nuevos retos.

La primera cumbre literaria del Profr. Salvador Garza Inocencio la logró en diciembre de 2006, y al menos en lo personal, lo disfruté y celebré.

Porque mi amigo, jamás estará en el anonimato, ni los personajes de su obra.

El primer tomo lo dedica a sus padres, Salvador Garza Garza y Francisca Inocencio de Garza, con admiración y respeto; a su esposa Maricruz Flores Serna por su gran apoyo y dedicación; y con gran cariño a sus hijos Adriana Mónica, Karina Maricruz, Salvador, Rodrigo y Mibzar Garza Flores.

El Profr. Salvador Garza Inocencio dedica el libro entregado a Ramón Ábrego
El Profr. Salvador Garza Inocencio dedica el libro entregado a Ramón Ábrego.
Su trabajo impreso lo compartió el viernes 19 de enero con mi familia, Ábrego Hernández, y por mi conducto le agradecemos y le deseamos lo mejor al amigo, vecino de la infancia, al extraordinario ser humano, al escritor Profr. Salvador Garza  Inocencio que ya hizo realidad el viejo adagio mencionado en el prólogo por el Profr. Santos Noé Rodríguez Garza, el cual todo ser humano, para ser recordado debe tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro.

Felicidades maestro, misión cumplida.


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