Profr. y Lic. Héctor Mario Treviño VillarrealLa noche del 31 de julio de 1816, el vecino José de Jesús García salió de su casa a ver a Juan María Ramón, en las afueras del pueblo. Sin prisa alguna paso a paso se alejó del caserío, la oscuridad de la noche dificultó seguir la vereda, sin embargo, no desanimó en su empeño, pues estaba seguro que al llegar, sería compensado por unos buenos tragos de vino y toda una noche de diversión, ya que su amigo prometió invitar a varias “doncellas”.

Gran parte del camino su mente se mantuvo ocupada en esos pensamientos, a medida que avanzó su corazón pareció latir más fuerte y su sangre se agolpó en su pecho con gran intensidad.

Después de media hora de andar, llegó a su destino, le extrañó ver sin vida la vivienda, se acercó cautelosamente, golpeó la puerta varias veces, después de un rato, Juan se asomó inmediatamente lo hizo pasar, en el interior se dio cuenta que tres indios rebeldes, no insurgentes, con armas en mano, los amenazaban. En ese momento no captó la gravedad de la situación, pero después de una severa golpiza que le propinaron los intrusos, comprendió el peligro que afrontaban.

Dos de los aborígenes apenas se comunicaron, prácticamente no hablaban español, a base de señas expresaron sus deseos, a diferencia, el tercero, al parecer el cabecilla, identificado posteriormente como el indio Mauricio, con palabras claras pidió dinero valores y provisiones.

Una vez que terminó el saqueo, de nueva cuenta fueron vapuleados hasta dejarlos tirados, pasado un segundo, el líder lanzó amenazas sobre tres personas: Pedro de la Garza, hijo; Francisco Lazarte, autoridad de Vallecillo y contra el subdelegado de la Punta de Lampazos, afirmó “que no descansaría hasta degollarlos con sus propias manos, (...)que en tres días atacaría el Real, con más de cien guerreros, para luego tomar ganado, caballada y mujeres como botín.”i

José de Jesús y Juan María, invadidos por el miedo, esperaron lo peor, sobre todo cuando uno de ellos intentó cortarles una oreja.

En ese preciso instante se abrió la puerta, los agresores se sorprendieron grandemente al ver a dos mujeres en el umbral, se abalanzaron sobre ellas, la confusión fue bien aprovechada, con movimientos felinos y tirando golpes por doquier, Juan y José salieron corriendo “como alma que lleva el diablo”,minutos más tarde, se encontraban a salvo frente a la iglesia.

Pasada ya la media noche, informaron los hechos a Francisco Lazarte, quien a su vez, dio aviso a los individuos que mencionó el indio en su amago. Enseguida fueron en busca de las damas que quedaron a expensas de los salvajes, no las encontraron, por lo que se supuso fueron raptadas.

Por la mañana se redactó un oficio dirigido al Gobernador Político y Capitán Brigadier Francisco Bruno Barrera, para notificar los acontecimientos, así mismo, se tomaron medidas a fin de prevenir cualquier contingencia, iniciándose además, la búsqueda de las plagiadas.

iArchivo General del Estado de Nuevo León. Correspondencia de Alcaldes Primeros de Vallecillo. 1816.

Mario Treviño Villarreal
CIHR-UANL



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