Profr. Santos Noé Rodríguez Garza

Como todos los años concurrimos a los panteones, para visitar las tumbas, donde están sepultadas las personas que formaron parte importante de nuestra vida; nos llenó de alegría poder saludar a familiares y amigos, que solamente en estas fechas se encuentran con nosotros. Fluyeron las anécdotas y los recuerdos, y todos vivimos pasajes importantes de nuestro ayer; se llenaba la cara de alegría y el rostro se sonrojaba, al recordar algún pasaje de la convivencia con los amigos en el recorrido de las calles del pueblo; añorando con dolor del corazón la arboleda tan hermosa que llenaba el Barrio del Aguacate, todos decían al mismo tiempo ¿Te acuerdas de la fruta que recogíamos de la calle? Sabrosos aguacates que íbamos a devorar al río, después de un gran chapuzón en sus aguas frescas y cristalinas ¿Te acuerdas de las peras, duraznos y naranjas? Que sustraíamos de la huerta de Don Manuel Flores, de la corretiza que nos daban los perros y de los gritos que imponían miedo, del trabajador que cuidaba la propiedad; carcajada más, carcajada menos y lágrimas de satisfacción, de haber vivido la infancia más hermosa que un humano pueda desear.

Muchos recuerdos afloraron de nuestro paso por los corredores y patios de la bien ponderada Esc. Manuel M. García, se escuchó en nuestros recuerdos el silbato del Maestro Panchito, el rechinar de la ola, el vuelo maravilloso prendidos de las cadenas de los volantines y la exclamación asombrada, al ver que el amigo tomaba una altura desmedida al mecerse en los columpios; se llenó nuestra boca de agua al saborear en la imaginación las charamuscas y gusanitos de leche de ¡Aca Doña Juanita! Zumbaron los trompos recién comprados, las canicas y las ágatas de mil colores; eso y mucho más, pasó en un rato de conversación con los amigos de la infancia.

Vimos llegar al panteón a mucha gente conocida, algunos llevaban grandes atados de gladiolos y flores maravillosas, otros brillantes y amarillas flores de cempasúchil, también portaban hermosos arreglos de flores artificiales que lucen mucho y duran más; en algunas tumbas se escuchaban rezos y en otras sentidas plegarias en memoria de los seres queridos.

Contrastante celebración en el mundo conflictivo que vivimos, hermosa tradición de un pueblo creyente, que sigue pensando que lo más hermoso de la vida, está en el más allá.

Prof. Santos Noé Rodríguez Garza
Cronista de la Ciudad
Miembro de la Asociación de Escritores de Sabinas Hidalgo



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