Pablo Garza GarzaNunca supe cuando llegó, ni de dónde vino. Yo abría mi puerta por las mañanas cuando ella apareció. Iba y venía, de vez en cuando llevando algo en sus manos, iba y venía.

Empecé a observarla detenidamente pero no podía ubicarla. De vez en cuando platicaba con algunos transeúntes, pero yo no podía escuchar su voz, ni lo que decía.

Pablo Garza GarzaA finales de los años 60 empezó a correr el rumor en el pueblo que se iba a instalar una estación de radio. Se escuchaban los comentarios por las calles y en la plaza, y así fue.

Pablo Garza GarzaCaminaron por ese camino que lleva a la ermita una mañana nublada, bajo el techo de nubes grises. Con caminar silencioso y sereno, una peregrinación acompañaba al que iba ser crucificado.

Los rezos eran murmullos que se escuchaban. A los costados del camino, el monte era seco y moribundo. Se dejaba escuchar en el silencio la letanía de una tórtola, mientras el condenado cargaba el madero donde sería crucificado.

Pablo Garza GarzaEn la plaza principal, dónde tantas veces se escribió la historia, espacio de almas y de seres, de árboles, de pájaros, de sombras, de campanadas de templo. Estancia pública, de bancas, de silencios y de ruidos.

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