Para la fundación del tecnológico de Monterrey y la apertura de sus cursos en 1943 se requerían maestros y vaya que los trajeron de distintas partes. Fue cuando llegaron hombres y mujeres ilustres que hicieron grande a una institución como ésta que ahora nos congrega alrededor de don Eugenio del Hoyo: una pléyade de humanistas como Pablo Herrera Carrillo, Luis Astey, Federico Uribe, Agustín Basave (padre e hijo), Andrés Estrada Jasso, Emilio Amores, Alfonso Rubio y Rubio, Isidro Vizcaya Canales entre otros muchos más. Don Eugenio Garza Sada pensó en un gran plantel con jardines y una inmensa biblioteca, como centros de lecturas, de reflexión y descanso. Una institución en la que la técnica, la ciencia y la cultura dieran rumbo a las tareas de docencia, investigación y extensión. Entonces se consiguieron las grandes colecciones alrededor de un acervo especializado en torno al autor del Quijote, don Miguel de Cervantes Saavedra. Y a ésta biblioteca le llamaron Cervantina.

Eran tiempos en que la rivalidad de la entonces Universidad de Nuevo León se hacía evidente en una sana competencia. Si don Manuel L. Barragán hacía gestiones para adquirir los fondos de Emeterio Valverde y Téllez y la colección de Alfonso Reyes para establecer la Capilla Alfonsina entre otros fondos bibliográficos; la familia Prieto de la fundidora donaba sus colecciones del Quijote y gracias al apoyo de empresarios regiomontanos se compraron los fondos Pedro Robredo y la colección de los hermanos Méndez Plancarte tan solo por citar algunos.

Desde aquí la academia se fortaleció. Los maestros no solo enseñaban, difundían y ampliaban el conocimiento, preferentemente el de la región a la cual se insertaron todos ellos. Comenzaron a escribir y conocer los archivos parroquiales, consiguieron las colecciones de fotografías como las de Jesús Sandoval y Desiderio Lagrange. Ingenieros, médicos, abogados y ex seminaristas dando clases de humanidades como la historia, las letras, el arte y la filosofía. Uno de ellos fue don Eugenio del Hoyo Cabrera, quien nació en Jerez, Zacatecas el 29 de junio de 1914. En 1950 con todo y familia se hicieron parte de Monterrey. Quien por cierto llegó a ser director de la biblioteca Cervantina. Ellos se adelantaron a la obra de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sacando copias en microfilm en donde estuvieron trabajando historiadores como Tomás Mendirichaga, Gerardo de León y Fernando Garza Quirós. Para difundir los trabajos de los maestros y las investigaciones realizadas, crearon la serie de Historia de Tecnológico, libros hechos a la usanza antigua por el impresor Arturo Benavides Luna. Ediciones raras y ahora coleccionables y clásicas, que ahora vale la pena rescatar y difundir pues son esenciales para la historia regional que fueron la contraparte cultural y editorial del anuario Humanitas de la Universidad de Nuevo León.

Don Eugenio del Hoyo ya tenía dos publicaciones en su haber: “Jérez el de López Velarde” en 1949 y el “Índice del ramo de Causas Criminales del Archivo Municipal de Monterrey” en 1962. Siguió investigando para escribir su obra cumbre. En 1972 el Tecnológico auspició una edición de tan solo 500 ejemplares, en dos tomos que abarcaban la historia del Nuevo Reino de León entre 1577 y 1723, con ocho capítulos, 662 páginas y una imprescindible sección con notas bibliográficas.

Un trabajo que le costó años, desvelos y tiempo que le quitó seguramente a su familia, su trabajo y a sus alumnos, pero sin restarle importancia a los mismos. Por cierto, una vez concluido acudió a una empresa regiomontana para pedirle apoyo para su publicación. No se concretó la ayuda y entonces acudió a una editorial a la ciudad de México y tampoco lo imprimieron. La casa en la cual se dedicaba a la docencia y cuidaba su biblioteca, convencida de la importancia e impacto de su investigación decidió publicarlo en el número 13 de la Sección de Historia del ITESM. El libro abarca desde tiempos de Alberto del Canto, Luis Carvajal y de la Cueva, Diego de Montemayor, Martín de Zavala hasta fray Margil de Jesús y Francisco de Barbadillo y Victoria.

El libro se agotó y la editorial Al Voleo del añorado padre Aureliano Tapia Méndez, contando con el permiso correspondiente del autor como de la institución, hicieron una nueva edición de mil ejemplares impresos y entregados a partir del 30 de mayo de 1979 por la Editorial Libros de México. Don Eugenio del Hoyo describe a su libro en la primera edición como “una colección de ensayos históricos ordenados cronológicamente”, con la intención de “señalar temas y caminos a los futuros investigadores y facilitarles la tarea registrando todos los datos que se pudieran obtener”.

Don Eugenio del Hoyo siguió aportando con sus investigaciones a la historia colonial del Nuevo Reino de León y de su natal estado de Zacatecas. El falleció el 6 de junio de 1989 y es cuando la dimensión de su obra y legado se hizo patente. En especial la de la historia del Nuevo Reino de León. Pero también de aspectos que tienen que ver con la historia y la cultura del estado al que se considera la Madre del Norte. Una vez escribió Ricardo Elizondo: “En el noreste pocos estudios han tenido influencia tan profunda como el presente. Gracias a la obra de Eugenio del Hoyo, se pudo rectificar, justificar y profundizar en la historia de nuestra región” que ya tiene 435 años.

Para quienes tuvimos la oportunidad de tratar a don Eugenio del Hoyo, sabemos de su honestidad, congruencia, firmeza y de su cortesía. De su pasión por la exactitud. De su amor por la docencia y la verdadera enseñanza que dejó en quienes fueron sus alumnos. Acucioso, crítico, dedicado. No muy dado a sacar petardos y publicaciones cíclicas. Esperaba con paciencia para hacer público su trabajo. Consciente del arduo trabajo, crítico consigo mismo y exigente basado en manuscritos. Excelente paleógrafo.

A través de la Cervantina trazó vidas y caminos. Como se advierte en su prólogo: “este trabajo está dedicado a los investigadores que vendrán después de nosotros, solo en ellos pensamos”. Ahí está en forma implícita su aspiración a la trascendencia, pues lo escribió no solo para el público de su tiempo, pero más en aquellos que vendrían. Y no se equivocó pues éste libro es uno de los clásicos de la historia regional como la obra de Alonso de León, Juan Bautista Chapa, Fernando Sánchez de Zamora, José Eleuterio González, Rafael Garza Cantú, David Alberto Cossío, Israel Cavazos Garza, Isidro Vizcaya Canales, los hermanos Mendirichaga y por supuesto don Eugenio del Hoyo. Por eso el Tecnológico de Monterrey y el Fondo Editorial Nuevo León, hicieron la tercera edición de la Historia del Nuevo Reino de León (1577-1723) por Eugenio del Hoyo en el año del 2005 con 675 páginas.

Entonces estamos aquí por varios motivos; rendimos un homenaje para reconocer la presencia a través de la obra, de su familia y su trabajo de don Eugenio del Hoyo. Conmemoramos el centenario de su natalicio, 25 aniversario de su partida material, 35 de la segunda edición de su obra Historia del Nuevo Reino de León y para también ser partícipes de las labores del tecnológico en materia de promoción y difusión de nuestra cultura regional a través de la Biblioteca Cervantina la cual está conformada en sus colecciones especiales de libros, fotos y objetos significativos para nuestra historia.

(Palabras alusivas que el autor leyó en el homenaje que la familia del Hoyo Briones, la Biblioteca del ITESM y del Fondo Editorial Nuevo León hicieron para conmemorar el centenario del natalicio, el 35 aniversario de la aparición de su obra cumbre y de 25 años de su deceso)

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de Santa Catarina


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