Sombra es una palabra compuesta cuya etimología es latina. Viene de “sub umbra”, la cual significa literalmente “debajo de una sombra”. El verbo asombrar está relacionado con sombra. Tiene el prefijo “a” el cual denota una aproximación. Originalmente asombro tenía que ver con sacar a alguien de lo obscuro, exponerlo a la luz o sorprenderlo. Por eso también se relaciona con asustar, espantar o admirar. Asombrar entonces sería dejar a alguien bajo su sombra o protección. Lo contrario a asombro es aclarar, iluminar o alumbrar. De sombra vienen otros substantivos como sombrero y sombrilla. Si una persona influye en otra o está bajo su tutela se dice “hacer sombra”. Cuando hace resolana buscamos una sombra para protegernos de la radiación solar. En la penumbra es fácil ver sombras que deambulan por las habitaciones de nuestra casa. Se dice que una persona no es “ni siquiera la sombra de lo que fue” para referimos a tiempos pasados de gloria. A Javier Solís se le conoció como el “Señor de las Sombras” debido al tango argentino de “Sombras nada más”. Un boxeador cuando hace golpes al aire se dice que está boxeando con su sombra. Y es más, un consejo popular sostiene: “No dependas de nadie en éste mundo, porque hasta tu sombra te abandona cuando estás en la obscuridad”.

La sombra es obscura debido al bloqueo de una luz. Sin luz no hay sombras. Esta se forma detrás de un cuerpo opaco, sin luz pero refleja un ambiente obscuro que le da algo de enigmático y a la vez de temor. Dicen que los objetos acaparan a la luz y por eso no vemos las cosas definidas en su forma y esencia. Pero los seres humanos si emiten luz a través de lo que conocemos como un halo, aura o el nimbo de los santos. Entre la luz y la sombra se forma la penumbra. En el mito de la caverna de Platón, la sombra es el reflejo de la realidad que no podemos ver. Hay dos tipos de sombras: las sombras propias que se forman en el propio objeto y las sombras arrojadas que el objeto produce. Para que haya sombra tiene que haber tres cosas: un objeto de considerable tamaño que arroje la sombra, un lugar donde proyectarse y la luz indispensable para que la sombra exista de forma distinta.

En arte el claroscuro estudia la degradación y difusión de la luz con las sombras y corresponde a las áreas intermedias entre la zona iluminada y las zonas más oscuras, que se denominan zonas de penumbra y sus valores de medios tonos o medias tintas con grados cambiantes, que nunca deben alcanzar la intensidad de la luz ni la intensidad de la sombra. Se dice que la pintura surgió cuando se pretendió reproducir la sombra de un objeto o de un ser vivo. Un eclipse lunar es una sombra proyectada por la Tierra sobre la Luna. Pero cuando una sombra es proyectada por la Luna sobre la Tierra es un eclipse lunar. Gracias a las sombras, Tales de Mileto pudo calcular la altura de las pirámides.

El cine en blanco y negro comenzó gracias a los juegos de luces y sombras en movimiento proyectadas. Dicen que una persona mala o con una actitud negativa tiene la sombra muy pesada. Precisamente la magia negra y las maldades se hacen en la sombra y en la penumbra. De acuerdo a la creencia popular, las sombras que vemos con forma de silueta humana son almas en pena que no pudieron entrar a la gloria ni al infierno. El Ying Yang es un juego de luces y sombras. De plenitud y vacío en armonía. Para los estudiosos de la metafísica, la sombra es una sustancia en la que pueden existir todos los universos posibles en los cuales se puede viajar a ellos.

Para el psicólogo Carl Jung, la sombra es uno de los arquetipos principales del inconsciente colectivo. Designa al aspecto inconsciente de la personalidad caracterizado por rasgos y actitudes que el “Yo” no reconoce como propios. Y todo porque el ser no se ilumina imaginándose figuras de luz, sino tomando la obscuridad consciente. La sombra representa nuestros impulsos más primitivos, nuestra faceta instintiva animal como sumatorio de todo nuestro pasado evolutivo, las dificultades vitales encontradas en cada una de las personas. Por eso la psicología analítica pretende retomar la sana virtud de volver al punto medio entre dos extremos, en este caso, el devenir consciente de la sombra.

La sombra personifica todo lo que el sujeto no reconoce; sin embargo una y otra vez las busca. La sombra es una personalidad oculta, reprimida, casi siempre de valor inferior y culpable que extiende sus últimas ramificaciones hasta el reino de los presentimientos animales. Ahora, una sombra no sólo consiste en tendencias moralmente desechables, también a una serie de cualidades buenas relacionadas con instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad y hasta los impulsos creadores. La sombra humana es la fuente de todo mal, por eso se le representa con la serpiente, el dragón, los monstruos y demonios. El bien es la luz y el mal es la sombra.

En las sagradas escrituras, la sombra se presenta como noche o como nube. El hombre quiere la plena luz y también busca la sombra; Dios es luz y fuego pero también es la sombra protectora en el desierto y los momentos difíciles. La sombra es un mensaje de lo pasajero que es la vida y lo próximo que está su muerte. Yahvé es el Padre de las Luces; no hay variación ni sombras de cambio. (Sab 1, 17). La sombra profunda es la sombra de muerte. La sombra no es sencillamente un fenómeno que cambia y huye; es un vacío, una nada, esa oscuridad tenebrosa por la que suspira Job en su infortunio (Job 3, 1-6). A veces la muerte se nos presenta como un reino de tinieblas y de sombras. Pero Dios es el dueño de la sombra. Esta esperanza se hizo realidad desde que se cumplió en Cristo la profecía de Isaías: para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte (Is 9, 1). Durante el Éxodo, Dios se presentaba como un manto protector de una sombra que los cuidaba en el desierto. El árbol de la vida es una entidad divina pues simboliza el poder protector. Por ejemplo, el apóstol Pedro curaba a los enfermos con su sombra (Hch 5, 15). Para algunos, las sombras vistas y temidas por la noche son simples alucinaciones que afectan al globo ocular. Pero la sombra es un espectro, un ser sin rostro. Para los islámicos, la sombra llamada Zill corresponde al mundo en cuanto la sombra de lo Absoluto. Lo contrario es el mundo el cual es la sombra de Alá.

Sombras nada más entre tu vida y la mía, entre tu amor y mi amor…

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina



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