Nuestra posición orográfica y geográfica en cierta forma favorece unas temperaturas extremosas. Dicen que en Monterrey el clima es “estable”: siempre está de la fregada. Hasta Alfonso Reyes lo escribió en un verso: “Monterrey de las montañas, tú que sufres a descompás, lluvia, calor y frío”.

La manera de sacar el promedio de temperatura en la región es algo ingenua y burda: se suma la temperatura más alta con la menor y se divide entre dos. Si la temperatura llega en el verano a los 40 grados y en el invierno a 0, entonces dicen que la temperatura promedio corresponde a 20 grados. Pero a decir verdad siempre hay heladas y/o nevadas en las zonas altas; que no nos demos cuenta es otra cosa. Cada año la gente sube a Chipinque, tenemos dos montañas nevadas, una en Galeana y otra entre Aramberri y Zaragoza llamada precisamente San Antonio de la Peña Nevada. Estos fenómenos siempre se ven en Arteaga, Ramos Arizpe y Saltillo y de una u otra forma también influyen en la Sierra Madre correspondiente a Santa Catarina. Regularmente este fenómeno ocurre en diciembre y enero, de la etapa invernal.

Debemos diferenciar entre la caída de granizo, aguanieve, una helada y de las nevadas. El granizo puede caer de pronto y no le importa si hace calor o frío. Las otras tres si deben esperar temperaturas al punto de congelamiento. Los antiguos denominaban con diversos nombres a las diversas precipitaciones de nieve y aguanieve. Antes decían "está grageando” para referirse a la gragea, minúsculas gotas de agua congelada similares a las grageas de dulce. “Está candelillando" para designar a la candelilla formada por moléculas de agua que se congelan en las plantas y por la acción del viento forman pequeños carámbanos de hielo y la plumilla a la nieve muy fina barrida por el viento y de poca duración. Para que caiga la nieve se requiere de la lluvia, porque si es llovizna no se forman los copos por lo que solo se acumula el hielo en la superficie. Cuando tenemos una temperatura entre los 3 y 1 grados, con esas condiciones de lluvia se forma el "aguanieve" pues no hay condiciones de frío y humedad en la altura.

Nuevo León propiamente está en “La Rosa de los Vientos”. Nos llegan vientos húmedos procedentes del Golfo de México, vientos frescos y húmedos de la Sierra Madre, vientos secos y cálidos de la Mesa del Norte. En Santa Catarina es donde coinciden las direcciones del viento. Y precisamente se conocen a los crudos inviernos como “Nortes”. Este nos llega por la Mesa del Norte, preferentemente por Saltillo y los sabios ancestros tenían un dicho: “cuando el aíre venga del poniente, agarra tu yunta y vente” para protegerse de los bruscos cambios de temperatura.

Contrario al registro de lluvias torrenciales y sus consecuentes inundaciones, tenemos pocas referencias respecto a las heladas y nevadas en Nuevo León. Alonso de León señala en sus crónicas a mediados del siglo XVII, respecto a la calidad del clima y temperamento de la región: “tiene invierno y verano, y éstos con tanto extremo, que el uno es demasiado de frío, y el otro en extremo caliente. Hiela por noviembre, bien; febrero y marzo, mejor. Nieva por diciembre y enero, a veces tanto, que quedan un día entero los campos colgados de los árboles; y en las sierras dura por más de dos meses, en algunas partes, las fuerzas de las aguas”. Continúa: “los aires más ordinarios que corren son dos: en el invierno, norte muy frío; de marzo a octubre, sur, y corre desde medio día hasta la madrugada”. El maestro Isidro Vizcaya Canales durante muchos años maestro en el Tec de Monterrey también realizó una tabla en la que muestra la recurrencia de las nevadas y temperaturas al punto del congelamiento a lo largo de 32 años (1920-1952) en un libro publicado en 1953 por el Instituto de Estudios Sociales de Monterrey, A.C. llamado “Agricultura en Nuevo León”.

Se tienen registros de nevadas ocurridas a partir de fines del siglo XIX: en 1894 Nuevo León resiente supuestamente “la peor nevada de su historia” con una capa de nieve de 80 centímetros de altura dejando incomunicado a toda la entidad. El siglo XX trajo nevadas memorables para la población. El 28 de diciembre de 1925 cayó una nevada general con 5 grados bajo cero. El 20 de diciembre de 1927, una nevada ligera con 5 grados bajo cero. Las del 8 y 9 de febrero de 1933 con menos de 4 grados bajo cero. El 30 de enero de 1949 se tuvo una temperatura de 7 grados cero, creando problemas en la comunicación terrestre y daños a la agricultura con 3 centímetros de nieve. Las del 31 de diciembre de 1950 y el 31 de enero de 1951 que destruyó muchísimos árboles preferentemente de cítricos lo cual trajo una plaga conocida como de “la mosca prieta” afectando toda la producción naranjera de municipios como Linares, Hualahuises, Montemorelos, General Terán, Allende, Cadereyta Jiménez y Santiago. El 9 de enero de 1967 muchos municipios amanecieron con una capa de nieve de casi medio metro de alto, dejando incomunicado a Monterrey. En diciembre de 1983 tuvimos temperaturas de hasta 10 grados bajo cero que se dejaron sentir en algunas regiones de Nuevo León durante la Nochebuena. La helada duró 72 horas con un saldo de 50 muertos y muchos afectados.

El 5 de febrero de 1989 llegó a Nuevo León el llamado “Expreso de Alaska”, con temperaturas de hasta 4 grados bajo cero. La onda gélida dejó un saldo de por lo menos 20 muertos y muchos damnificados por las bajas temperaturas. Esas heladas dejaron muchas tuberías y medidores de agua rotos a tal grado que parecían fuentes congeladas. Los motores y ventanas de los vehículos se dañaron. Desde entonces la gente tomó la costumbre de taparlos, incluyendo a los medidores de gas. Muchos árboles se secaron por completo pero nos dio por sembrar ficus por todos lados. La presión del gas disminuyó considerablemente debido a la gran demanda y apenas salía una llamita en los calentadores. El 11 y 12 de diciembre de 1997 también bajó la temperatura. Luego en enero del 2004, el 23 de diciembre de 2005 y recientemente las heladas en el 2011 que destruyeron los ficus existentes.

Dicen que nuestro planeta sufre los problemas del sobrecalentamiento global. Para otros es todo lo contrario. En realidad vamos a una era glacial y por ello los climas más extremos se presentan. Sequías en el verano y lluvias y heladas entre el otoño y el invierno. La Tierra indudablemente nos está cobrando las facturas, pues evidentemente hace unos 20 años pasaban décadas para que se presentaran lluvias o nevadas y ahora cada año las tenemos. Cuidemos nuestro medio ambiente, no se nos vaya a regresar el daño que estamos cometiendo con la naturaleza.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de Santa Catarina



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