Dr. Antonio Guerrero AguilarRecientemente le decía a Jesús Salvador Esparza, de la Fama, Nuevo León, si no se le hacía raro que en éste 2010, tres sacerdotes hayan partido a la casa del Padre Eterno, precisamente en el año en el que conmemoramos el bicentenario de la construcción del templo parroquial. Me dice don Chuy, que no hay algo simbólico, sino una coincidencia y un camino el cual ellos lo recorrieron primero.

Regularmente pretendo encontrar el sentido y significados en cosas y situaciones que vivimos. Una vieja práctica actualmente en desuso, a la cual se le considera carente precisamente de sentido y utilidad. Yo no lo veo así. En primer lugar porque relaciono las vidas tan parecidas y paralelas de dos presbíteros que coincidieron en la parroquia de Santa Catarina en la década de los ochenta. Me refiero al padre Miguel Alanía Cantú y a Felipe Rodríguez Vértiz.

Miguel Alanís Cantú sucedió al padre Héctor Valenzuela, cuando éste se fue de formador al Seminario de Monterrey. El padre Miguelón como familiarmente llamábamos, nació en Monterrey el 5 de julio de 1924. Hijo de Juan Alanís Guzmán y de Guadalupe Cantú. Estudió la carrera sacerdotal en el Seminario de Monterrey, todavía en tiempos en que el padre Cervantes era maestro de la más antigua y por consiguiente cuna de la educación profesional en el noreste mexicano. El padre Miguel se ordenó sacerdote en 1950. Por su clara inclinación a los estudios, fue enviado a la Ciudad Eterna en donde alcanzó la licenciatura en Teología en la Universidad Gregoriana de Roma.

Seguramente influenciado por su maestro el padre Pablo Cervantes, se dedicó a los estudios sociales y a los temas del Magisterio Social de la Iglesia, por lo que hizo estudios especiales de sociología en Chile. Un verdadero intelectual orgánico, que supo conjuntar la teoría con la pastoral. Fue vicario en el templo parroquial del Sagrado Corazón de Montemorelos, párroco en el templo de San Pedro en Villaldama entre 1953 y 1957 y primer párroco del templo de Nuestra Señora del Carmen en la antigua comunidad de San Jerónimo entre 1962 y 1965, en donde reconstruyó el templo parroquial.

Director fundador del Secretariado Social Arquidiocesano y gran promotor de la Escuela de Trabajo Social Cervantes. Sabíamos del padre Miguel, era una persona con un fuerte sentido social, por su cercanía a los grupos más vulnerables, a su promoción de la Doctrina Social de la Iglesia y su simpatía por la teología de la liberación, a través de la asistencia y apoyo que daba a las Comunidades Eclesiales de Base. Seguramente por ello, el entonces Arzobispo José de Jesús Tirado y Pedraza, lo nombró párroco del templo de Santa Catarina Mártir de 1983 a 1988. Cuando llegó a la arquidiócesis don Adolfo Suárez Rivera, lo confirmó en su cargo, pues se decía que ambos eran muy amigos pues se conocían desde que fueron condiscípulos en Chile. En mi parroquia apoyó a las Comunidades de Base y la formación de cooperativas de consumo. Además organizó un proyecto de pastoral integral que buscaba la liberación del hijo de Dios en la tierra.

Tuvo que batallar con el derrumbe del templo parroquial el 18 de julio de 1983. Para ello nos enseñó primero que nosotros en realidad éramos el templo por ser la casa del Espíritu Santo y el luego el lugar físico. En sí tenía experiencia en construir templos, pues desde tiempo atrás, tanto en Montemorelos, como en San Jerónimo y Villaldama, se había preocupado en la reconstrucción y en la adecuación de los espacios de acuerdo a los lineamientos del Concilio Vaticano II. Y en efecto, para agosto de 1985, ya teníamos otra vez el templo levantado.

Serio, callado, hombre de oración y de acción a la vez, guía de buenos profesionistas y sacerdotes como el padre Cosme Carlos Ríos, Paco Gómez, Luis Eduardo Villarreal y Juan Héctor Garza. A veces imponía con su mirada y con su voz. Una vez vi una fotografía de joven y se me hizo muy parecido al actor Enrique Lizalde. Dicen que era muy fuerte, pues una ocasión, de vacaciones en Anáhuac, Nuevo León, en donde vivía un hermano suyo, todo un personaje y prócer del pueblo llamado César E. Alanís Cantú, levantó con su espalda una mesa de billar.

A veces le veíamos con respeto y temor. Siempre andaba son sobriedad, excepto cuando visitaba a su amigo don Angel Rodríguez, con quien tomaba un café y se fumaban un cigarro antes de oficiar la misa. Miguel Alanís se fue después de las lluvias torrenciales del Gilberto. Recuerdo con nostalgia como en septiembre de 1988, la parroquia se convirtió en un verdadero centro de distribución y asistencia a los damnificados, a tal grado que se decía que la gente de una lideresa quería entrar a quitarnos las cosas que dábamos a los más necesitados y perjudicados del Gilberto.

A los pocos días se fue Miguelón a la Curia, en donde también se hacía cargo de la Pastoral Social de la Arquidiócesis y después sirvió como Coordinador General del Sínodo Arquidiocesano y Vicario Espiscopal de Pastoral Social. Es autor de una buena cantidad de artículos y estudios relacionados a la Doctrina Social de la Iglesia y dirigió un periódico llamado Pastoral Social y luego Pastoral Siglo XXI en el cual se presentaban aspectos ya sea litúrgicos, catequéticos y sociales. El padre Miguel, entregó su cuerpo al Creador el 28 de diciembre del 2007.

Antonio Guerrero Aguilar
Cronista de la Ciudad de Santa Catarina


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